miércoles, 21 de agosto de 2013


ENCUENTROS

 

Itinerario. Mi entrada al siglo XX. Un nuevo hijo bastardo

La antigua escuela de positivistas ha sostenido siempre que el comportamiento intrasubjetivo está alejado de cualquier forma de comportamiento social. Sin embargo éste parece todavía el mayor pecado, incluso de los más recientes enfoques de la disciplina. Es quizá particularmente sorprendente que en la escuela de los Annales hiciera esto...ya que están claramente preocupados por enfatizar los roles de los participantes no estatales por desenfatizar el estado... Si tuviéramos que pensar en términos de paradigmas en el sentido más estricto de la palabra, en relación con la historia, entonces estos paradigmas estarían relacionados con el análisis del comportamiento social en general. Un paradigma debe tener su interpretación en cualquiera de las disciplinas de las ciencias sociales y ser evidentemente el mismo. Este no es el caso de los llamados paradigmas que actualmente se nos ofrecen en las tradiciones historiográficas. Boris Berenzon Gorn [i]

Mi decisión de conocer el siglo XX dominicano a través de la investigación era definitiva. Ya tenía 17 años reflexionando sobre el siglo XIX. Quería leer otras cosas y conocer la realidad dominicana más cercana. La oportunidad me llegó en 1997, cuando Eduardo Latorre, amigo y a la sazón Canciller de la República, me pidió que hiciera un trabajo sobre la historia de la política exterior en base a los archivos de la Cancillería. Por supuesto que le dije que sí.

Cuando me dispuse, junto a las dos personas a quienes solicité colaboració, Neicy Zeller y Walter Cordero, que fuéramos a ver lo que había, nos espantamos. La palabra "archivo" le quedaba grande a lo que existía.  Eran depósitos húmedos, mal olientes, donde los documentos estaban mal guarecidos en cajas de cartón, sin criterio alguno y algunos incluso destruidos. Tomé la decisión no solo de escribir un texto, sino de rescatar la mayor cantidad de documentos, y de transcribirlos para que no se perdieran.  Todavía recuerdo cómo encontramos "el archivo" de la Feria de la Paz. Una gotera había hecho de las suyas y prácticamente los documentos estaban destruidos por una gota de agua que los golpeaba sin cesar en el mismo medio.  Solo pudimos rescatar algunos.

El proceso de organización y rescate fue arduo.  Pero el de digitalización fue peor. Contratamos a una legión de jóvenes para transcribir los documentos.  La labor de revisión estuvo a cargo de José Chez Checo, quien hizo una labor tit ánica en ese orden. El resultado fue el siguiente:  La Política Exterior Dominicana” (1844-1961).  tres tomos.

Tomo I-Caminos transitados. Un panorama histórico, 1844-1861.

Tomo II-La política exterior del dictador Trujillo (1930-1961),

Tomo III-Disposiciones legales en política exterior (1900-1930).

El libro se puso a circular en el nuevo salón de la Cancillería en junio del 2000.  El ex Presidente Leonel Fernández presidió el acto, y Rosario Espinal fue la responsable de hacer la presentación y ponderó muy bien la obra.  Este libro obtuvo el premio de Historia de la Secretaría de Educación en el año 2001.

 

Tomando en cuenta el resultado, Eduardo Latorre volvió a solicitarme ver si se podía hacer algo similar hasta 1974.  Había poco tiempo para hacer un trabajo con profundidad, pero mi deseo de rescatar más documentos del ostracismo, me llevaron a decir que sí. En agosto 2000 le entregué un primer borrador, pero no hubo tiempo de publicarlo. El nuevo incumbente, Hugo Tolentino Dipp, apoyó tímidamente el proyecto, al ofrecer su respaldo para que el Banco de Reservas lo publicara, tal y como había hecho con la primera versión. Salió a la luz en el 2002 bajo los auspicios de la Cancillería y el Banco de Reservas. bajo el título: La Política Exterior Dominicana” (1961 - 1974). Dos tomos. Tomo I- “13 años de Política Exterior. Apuntes para un nuevo enfoque. Y tomo II- “La política exterior dominicana: Del caos al abandono (1961- 1974)”.

Este primer acercamiento a la historia dominicana del siglo XX, y sobre todo en materia de relaciones exteriores y política exterior, me llevaron por caminos nuevos en el conocimiento de la política internacional. Tuve que leer sobre teoría, sobre la guerra fría, la política norteamericana, los conflictos internacionales, las guerras mundiales y las competencias inter imperiales entre el occidente y el mundo socialista. Tener que leer sobre estos aspectos abrieron mis perspectivas.

Hoy en la distancia puedo sentarme a evaluar. Creo que logramos rescatar documentos claves de un trozo importante de nuestra historia. Sin embargo, los trabajos son muy desiguales.  Los primeros tres tomos, que abarcan desde 1844 hasta 1961, tienen mayor análisis y profundización, debido, entre otras cosas, a que tuve más tiempo de reflexionar.  Los segundos dos tomos, aunque rescatan importantes documentos, especialmente el tomo 1, es inacabado. La prisa y la rapidez se impusieron. Es mi segundo hijo bastardo. Que a pesar de sus deficiencias, lo amo, porque forma parte de mi propia historia. Pero nunca, ni entonces, ni ahora, estuve conforme con el resultado. A veces fui muy dura conmigo mismo. Pero son de las decisiones que tomamos en la vida, que después nos arrepentimos.

Esa primera entrada al siglo XX me permitió abrir horizontes intelectuales. Me adentré más en la teoría política, tanto, que algunos amigos bromeaban diciéndome que me había vuelto politóloga antes que historiadora.  Comencé a leer sobre teoría política. Coincidió con mis funciones administrativas en la universidad, pues entonces dirigía el Proyecto para el Apoyo a las Iniciativas Democráticas -PID, que apoyaba, defendía y fomentaba a las organizaciones de la sociedad civil.  Esta coincidencia hizo que leyera también sobre los conceptos de democracia y sociedad civil, obligándome a releer a los clásicos como Locke, Rousseau y a los teóricos del tema como Salvador Giner, Malem Seña, Jean L. Cohen, Andrew Rato y Alejandro Nieto, entre otros. 

 

mu-kiensang@pucmm.edu.do

sangbemukien@gmail.com

@MuKienAdriana

 



[i] Boris Berenzon Gorn, "La historia cultural, pasos y traspasos de un paradigma", en Historia crítica del siglo XX, México, Universidad Autónoma de México, 2004, p.186

Nuevos libros en el siglo XX


ENCUENTROS

Itinerario.  El siglo XX parió nuevos libros

"La Historia es el testigo de los tiempos, la antorcha de la verdad, la vida de la memoria, el maestro de la vida, el mensajero de la antigüedad." Cicerón

"La Historia ofrece el medio mejor de preparación para los que han de tomar parte en los asuntos públicos."  Polibio

"La Historia sólo puede escribirse bien en un país libre. " Voltaire

"La historia de los grandes acontecimientos de este mundo apenas es algo más que la historia de crímenes" Voltaire

"Cuanta charlatanera se ha puesto en la Historia, sea asombrando al lector con prodigios, zahiriendo la malignidad humana o adulando a las familias de los tiranos con alabanzas infames!" Voltaire

"Los pueblos y los gobiernos nunca han aprendido nada en la Historia ni han actuado de acuerdo con principios deducibles de ella." Hegel

"La Historia, al mostrarnos la vida de las naciones, no tiene nada que consignar salvo guerras y revoluciones: los años pacficos aparecen tan sólo como breves pausas diseminadas aquí y allá." Schopenhauer

"Todo el mundo puede hacer Historia. Sólo un gran hombre puede escribirla." Oscar Wilde

"Es natural que el hombre ame a su país y a sus amigos y odie a los enemigos de ambos. Pero al escribir la Historia debe prescindir de tales sentimientos y estar dispuesto a alabar a los enemigos que lo merezcan y a censurar a los amigos más queridos y más íntimos." Polibio

"La primera ley es que el historiador no debe atreverse nunca a consignar lo que es falso; la segunda, que nunca se atreverá a ocultar la verdad; la tercera, que no haya en su obra la menor sospecha de favoritismo o de perjuicio." Cicerón

 

Los libros se sucedieron uno tras otro, casi sin descanso. A veces me pregunto cómo lo hice. Participé en dos proyectos colectivos junto a otros colegas y amigos. En el 2000, bajo la coordinación de José Rafael Lantigua, fui coautora del Siglo XX dominicano, un gran libro auspiciado por CODETEL.  Frank Moya Pons escribió el balance económico; Juan Daniel Balcácer hizo el itinerario intelectual del siglo; Soledad Álvarez trabajó la literatura y a mí me tocó trabajar el balance político.  El libro tuvo gran éxito, incluso se hizo una versión popular. Este ensayo me permitió hacer una reflexión global sobre la historia política dominicana durante los 100 años del siglo XX, ver no solo los sucesos aislados, sino el proceso y sus tendencias.  Pude pensar en la larga duración, como lo llamaba la Escuela de los Anales.  Quedé conforme con el trabajo, y me sentí orgullosa de poder participar con ese grupo selecto de intelectuales. El otro libro colectivo fue un pequeño trabajo propiciado por el periódico El Siglo. Hice un artículo sobre Trujillo que titulé El gladiador vencido.  Hice algunos artículos publicados en revistas nacionales y algunas extranjeras, así como libros colectivos que fueron publicados a lo largo de los primeros diez años del siglo XXI.

Junto al amigo José Chez Checo hice mi primera incursión en la historia económica con el libro Historia General del Tabaco, en tres tomos. Tomo 1. Botánica. Usos y Comercio. De la sociedad Taína a 1900.  Tomo II Renacimiento y Expansión, 1901-1961; y el Tomo III Consolidación y crisis.  Finalizamos la investigación en el 2005, pero fue publicada en 2008, por el Grupo León Jiménez, luego de un acuerdo que se hizo con la Academia Dominicana de la Historia. La obra ganó el premio de historia en 2009.

Confieso que cuando el amigo me propuso que trabajáramos juntos tenía temor.  Nunca había trabajado historia económica, ni había leído sobre el tema del tabaco. Acepté la propuesta como un reto. Me dispuse a trabajar los archivos y lecturas e investigaciones diversas sobre estudios históricos de productos específicos. Hicimos estadísticas, tantas, que fueron publicadas en un CD porque tenían tantas páginas que sería el Tomo IV.  La experiencia me gustó mucho. Este fue el inicio de una trayectoria de trabajo con el hermano colega.  

Junto a José Chez Checo he trabajado en otras obras. Hicimos juntos el libro "El Senado de la República, Historia y porvenir", en el que también participó Francisco Cueto. El libro fue publicado en 2006 por el Senado.  Lástima que su puesta en circulación fue en la transición de cambio del gobierno, por lo que no tuvo el impacto esperado a nivel de la opinión pública.  El libro fue distribuido entre los legisladores. En esta obra incursionamos en la historia oral, al entrevistar a diversos senadores que nos explicaron en detalle su participación en el mundo del Congreso.  El libro es un aporte, porque evidencia cómo el Congreso ha estado preso de los intereses políticos, no solo de los presidentes de turno, sino de las luchas internas de los partidos.  Legislar es sólo una tarea más. Lo importante para muchos legisladores ha sido la participación en la vida política de su grupo o facción, no necesariamente de su organización política. El trabajo evidencia también que el Poder Legislativo no ha sido un contrapeso del Poder Ejecutivo.

Este libro motivó al nuevo Presidente de la Cámara de Diputados, el entonces diputado Julio César Valentín, quien nos solicitó, a José Chez y a mí,  que hiciéramos lo mismo con la Cámara de Diputados.  Por razones de salud, yo no pude terminar mi parte, que debía abarcar hasta el 2000. Decidimos publicar un primer tomo que fue titulado "Historia de la Cámara de Diputados. Tomo I, 1844-1978."  Tenía el compromiso de completar el trabajo, y así lo hice.  A mediados de 2012 fue puesta a circular mi obra "Historia de la Cámara de Diputados. Tomo II, 1978-2000".  Un elemento importante es que para el segundo trabajo utilicé como fuente las actas de las reuniones, lo cual aportó una visión diferente al tomo I y a la historia del Senado, cuya fuente principal fueron las referencias de la prensa escrita nacional.

La vida te lleva por caminos inesperados. He tenido la oportunidad de analizar la historia del siglo XX desde diferentes perspectivas: la política general, la institucional y la económica a través de un producto. Este siglo fue rico y todavía no ha sido analizado en todas sus vertientes. En sus cien años de vida, hay muchos elementos políticos que no han sido abordados. Hace falta, por ejemplo, hacer una historia profunda del pensamiento político, social y económico dominicano. Nos queda mucho por aprender y mucho por investigar.

mu-kiensang@pucmm.edu.do

sangbemukien@gmail.com

@MuKienAdriana

 

 

Mi otra escritura


ENCUENTROS

 

Itinerario. Mi otra escritura. Un camino inexplorado y apasionante

 

Dicen que soy una heroína. Otros afirman que mis hermanas Patria y María Teresa, lo hicieron por acompañarme. ¡Qué injusticia tan grande! Ellas fueron valientes, tan valientes como yo… He escuchado que soy un símbolo de la patria amada, que soy una mujer –mito que ha trascendido en el tiempo y en el espacio.  Acepto ser mito si con ello ayudo a la juventud a forjar sus utopías. Asumo la responsabilidad de que mi nombre permanezca en la memoria colectiva si con esto volvemos a la búsqueda del bienestar social, de la verdadera libertad y la pureza de los sueños. Acepto el reto de ser una eterna mariposa, si de esta forma podemos volar con nuevos bríos por caminos de una verdadera transformación social y de una verdadera democracia. Recibo con humildad y con orgullo todos esos calificativos, olvidando la mujer que fui, llena de virtudes, defectos, angustias, dudas, certezas y temores, si sirve de emblema, símbolo e inspiración para seguir luchando…

Valió la pena morir, hemos ganado libertad.

Valió la pena el sacrificio, a pesar de los tropiezos, el mundo sigue su curso, se ha transformado, necesita sin embargo de nuevos cambios, y de justicia, mucha justicia.

Valió la pena llorar, muchos encontraron la alegría. Pero las lágrimas no se han detenido en el mundo.

Creo que sí, que valió la pena. Tal vez debieron dejarnos más tiempo para luchar.  ¿Valió la pena? ¿Valió la pena morir para convertirnos en mito? ¿Valió la pena?, Fragmenteo del monólogo ¡Yo soy Minerva!

 

Quizás porque mi doble origen, en el que oriente y occidente entremezclan e interponen de manera activa, me coloca en una situación de especial sensibilidad. Tal vez porque mis ocho hermanos y yo, vimos y sufrimos con él,  el gran esfuerzo de nuestros padres por abrirse espacio en una sociedad tan cerrada y difícil, como era, y es, Santiago.  Nací un año en que la Oveja del 1955 iba por la mitad de su trayecto, un día 8 de septiembre, en el corazón de Virgo, el mismo día en que nació mi hermano Ping Jan cuatro años  antes.  Soy oveja y virgo, expresiones simbólicas del horóscopo oriental y del occidental. Esa mezcla de oveja  y virgo, diferentes en esencia, se evidencia la composición de mi doble y complementaria identidad.

Soy hija de emigrantes pobres que salieron por el mundo en búsqueda de mejores vida. Esta condición especial me ha convertido en una persona des especial sensibilidad con respeto a las peripecias y dramas que viven y padecen los hombres y mujeres que cruzan mares, llanos y montañas; parten, llegan y tratan de integrarse en tierras desconocidas que  a fuerza de lágrimas y sufrimientos luchan por convertirlas en sus hogares. ¡Lo he dicho tantas veces! La humanidad se ha conformado con las rutas de los seres que van a todas partes y llegan a cualquier parte. La búsqueda de mejor vida es el norte de los seres que se sumergen en la aventura de emigrar, de reiniciar el camino de sus vidas para mejorar y lograr un mejor futuro. De Donde vengo, fragmento

 

Escribir, como decía José Luis Sampedro en un hermoso y desgarrador libro, Escribir es vivir,  pues, decía, que era necesario considerar la escritura como el arte de vivir cada día. "Y si trato de vivir de un modo tan estrechamente vinculado a la creación es porque en mi caso escribir ha sido y sigue siendo una necesidad vital. Cuando digo que la vida y la obra están entremezcladas es porque hacer y hacerse son las dos caras de una misma moneda..." (José Luis Sampedro, entrevista del Taller de literatura de Caja Madrid)

 

Porque escribir es vivir, decidí dar riendas sueltas a la escritura no científica, no histórica. La oportunidad me llegó cuando el buen y querido amigo, Rafael Ovalles, me solicitó que escribiera un monólogo para teatro sobre Minerva Mirabal. Me sorprendió el pedido, pero asumí la solicitud como un reto. Investigué sobre la vida de la heroína, hice entrevistas, elí todo lo que se había escrito y nació el Monólogo "¡Yo Soy Minerva! Confesiones más allá de la vida y la muerte".  Antes de publicarlo quise, por respeto a la familia, que Minou y Dedé conocieran la obra. Me dieron su bendición. La obra fue puesta en escena en el año 2002, obteniendo en el 2003, el premio Casandra como Mejor Obra de Teatro y Edilí obtuvo el de Mejor Actriz. Paralelamente publiqué el libro que contenía todo el proceso de investigación y el monólogo literario in extenso. Más de una década después la obra y el libro todavía tienen vigencia. Diversos colegios del país han montado la pieza teatral, o han tomado el libro como lectura obligada para sus alumnos. Ha sido llevada a Cleveland, Philadelfia y New York, y todavía se presenta en el país.  El libro lleva más de 6 ediciones y todavía me siguen pidiendo ejemplares. Minerva me dio la oportunidad de abrir mi horizonte como escritora. Tanto es así que todavía quiero seguir escribiendo monólogos para teatro. Pero lo más interesante ha sido que los jóvenes han visto que la historia no tiene porqué ser aburrida, pero especialmente que la historia es parte de nuestras vidas.

En febrero de 2007 presenté en el Barrio Chino el libro "De donde vengo" que es una autobiografía existencia, un testimonio de una mujer dominicana producto de dos culturas. La presentación fue sui géneris. Se hizo en plena Avenida Duarte, en el corazón del Barrio Chino. Solicité a los que me acompañaran que se vistieran de rojo, o que utilizaran una vestimenta china.  Fue hermoso ver ese mar rojo que hicieron los amigos y familiares que acogieron el llamado.  Escogí la fecha en la celebración del año nuevo del calendario lunar. Se adornó la tarima con globos rojos y dragones. Antes de iniciar el acto,  los tambores anunciaron el baile de dragones y leones que anunciaban con sus movimientos la llegada del año del cerdo.  El grupo Editorial Norma publicó la obra y Andrés L. Mateo me hizo el honor de escribir un hermoso prólogo.

Estos libros abrieron las compuertas de mi tránsito hacia otra dimensión:  la escritura de lo que siento.  Sin abandonar mi condición de historiadora, porque es parte de mi ser, escribir desde los laberintos extraños e impredecibles del corazón, ha sido una de las más gratas experiencias.  El abrir esa compuerta supuso sorpresas. Algunos lectores, y amigos también, no lo han entendido. Pienso que esta nuevo camino emprendido ha sido el fruto de mi crecimiento y madurez como mujer. Ha sido parte del aprendizaje de que la vida es algo más que conocimientos, y que la sabiduría no es información, sino saber vivir. Completa, a mi juicio, dos facetas de la existencia, razón y corazón. Nos vemos en la próxima.

 

mu-kiensang@pucmm.edu.do

sangbemukien@gmail.com

@MuKienAdriana

 

 

martes, 30 de julio de 2013

Martí: Aprender haciendo


TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE

Pensamiento caribeño en el siglo XIX.  Martí: Aprender haciendo

Por: Mu-Kien Adriana Sang

sangbenmukien@gmail.com


@MuKienAdriana

Nuestras tierras feracísimas, ricas en todo género de cultivos, dan poco fruto y menos de lo que debían por los sistemas rutinarios y añejos de arar, sembrar y recoger que aún privan en nuestros países y por el uso de instrumentos ruines.

Surge de esto una necesidad inmediata: hay que introducir en nuestras tierras los instrumentos nuevos; hay que enseñar a nuestros agricultores los métodos probados con que en los mismos frutos logran los de otros pueblos resultados pasmosos….

Pues así como se manda a los niños de Hispanoamérica a aprender lo que en sus tierras, por elementales que sean, aprenderían mejor, con riesgo de perder aquel aroma de la tierra propia que da perpetuo encanto y natural y saludable atmósfera a la vida; así como se sirve en oficinas de comercio, a adquirir tras largos años un puñado de prácticas vulgares que caben en una cáscara de nuez, y que se aprenden de igual modo en la casa propia, sin perder lo que se pierde, siempre en la ajena, así sin tanto riesgo y con mayor provecho, deben enviar los Gobiernos a agricultores ya entendidos; y los padres, a los hijos, a quienes quieran hacer beneficio verdadero con enseñarles en el cultivo de la tierra la única fuente absolutamente honrada de riqueza; y los hacendados, a hombres capaces de llevar luego a sus haciendas las mejoras que en las de acá vean, a estudiar la agricultura nueva en los cultivos prósperos, a vivir durante la época de una a varias cosechas en las haciendas donde se siguen los sistemas recientes, a adquirir en todos sus detalles, sin lo que no es fructífero, el conocimiento personal y directo de las ventajas de los métodos e instrumentos modernos.

Urge cultivar nuestras tierras del modo que cultivan las suyas nuestros rivales.

Estos modos de cultivo no viajan.

Hay que venir a aprenderlos, puesto el ancho sombrero y la blusa holgada del labrador, al pie de las labranzas.

Es acaso el único medio fácil, fecundo y perfecto de importar en nuestros países las nuevas prácticas agrícolas.

Se mandan aprendices a los talleres de maquinaria, en lo que se hace bien: mándense, en lo que se hará mejor, aprendices a las haciendas.

 José Martí, "A aprender en las haciendas". La América, Nueva York, agosto de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo 8. Páginas 275-277

 

 

José Martí fue un maestro. No tenía que estar encerrado en las cuatro paredes del aula de una escuela para educar.  Toda su labor literaria tenía como fin la educación del pueblo.  Sus obras teatrales y sus cuentos, especialmente los publicados en La Edad de Oro, tenían como fin la educar a los más jóvenes, especialmente a los niños.  Decía que la ignorancia del pueblo era de los peores males que tenía la sociedad y sobre todo, porque decía que la justicia debía estar del lado de los desposeídos, y la ignorancia constituía la peor de las injusticias sociales.  Como el propio Martí lo expresaba en la explicación el por qué  dedicó tiempo y esfuerzo para escribir y publicar cuentos para niños:

 

“Para que los niños americanos sepan cómo se vivía y cómo hoy en América y en las demás tierras; y cómo se hacen las cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor y los puentes colgantes y la luz eléctrica; para que cuando un niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra…Para los niños trabajamos porque son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo” (A los niños que lean La Edad de Oro)

 

José Martí no conocía, no podía conocerla ni tenía la forma de conocerla,  la corriente pedagógica que defiende que la mejor fórmula  maestra para el verdadero aprendizaje es “aprender haciendo”.  Porque sin la práctica, la teoría queda incompleta, se circunscribe al  mero conocimiento y el estudiante no es capaz de llevarla a la vida práctica, a su vida cotidiana.  No conocía esta corriente, sin embargo, fue capaz, en el siglo XIX, cuando estaba de moda el positivismo educativo, proponer una educación combinada de práctica y teoría. 

En el texto que engalana este artículo, que tuve que cortar por razones de espacio, Martí promueve la educación práctica en el campo, porque estaba más que convencido que si se desarrollaba la agricultura, los países de América Latina podrían mejorar sus condiciones de vida. Le llamaba la atención el cambio que se había producido en Argentina y la gran  movilidad del Puerto de Buenos Aires. En sus palabras:

Buenos Aires sabe de esto, Buenos Aires que está sacando cada mes de estos puertos cuatro o seis buques cargados de instrumentos de agricultura. Mas ni todos nuestros pueblos gozan de la misma próspera condición que el de la Plata, ni en todos es posible la introducción cuantiosa de los nuevos y, por el tiempo y labor que ahorran, generosos aperos de labrar; ni la mera introducción de ellos en tierras no preparadas para recibirlos y hacerlos útiles, basta a cambiar como por magia, el estado rudimentario de nuestros cultivos.

Ni se tienen en todas partes los capitales importantes que la compra de nuevos aprestos de cultivo necesitan; ni es suficiente que se entren por las tierras los instrumentos si no entra con ellos quien los maneje y acondicione el suelo para aprovecharlos; ni aun con los especiales halagos que las Exposiciones brindan, se atreven siempre los fabricantes de ellos a enviar sus productos a pueblos donde temen que la venta no compense los costos del envío. José Martí, "A aprender en las haciendas". José Martí, "A aprender en las haciendas".

Le llamaba poderosamente la atención cómo había cambiado la realidad argentina, después que se había producido el boom económico gracias a su desarrollo agrícola. Se preguntaba si Argentina había podido ¿Por qué no hacían lo mismo las otras naciones del continente?  El progreso económico en el siglo XIX estaba relacionado, necesariamente, al desarrollo agropecuario. La agricultura y la ganadería constituían los renglones básicos de las economías de las jóvenes naciones.  Por esta razón, Martí abogaba por la educación agrícola.  El camino más seguro para el progreso. En la próxima seguiremos con Martí y la educación.

lunes, 29 de julio de 2013

Martí: Autnomismo e independencia


Pensamiento caribeño en el siglo XIX.  Martí: autonomismo e independencia

Por: Mu-Kien Adriana Sang

sangbenmukien@gmail.com


@MuKienAdriana

 

Por la confusión de los términos se confundes los hombres.

No hay que estar a las palabras, sino a lo que está debajo de ellas.

La autonomía seria una palabra grata al cubano y al puertorriqueño, puesto que autonomía solo quiere decir gobierno propio, si el autonomismo no hubiese descompuesto los elementos necesarios para el gobierno propio.

La independencia seria más temible que deseable si con el nombre de ella se levantase a ahogarla una nueva tiranía.

Los autonomistas, con su derecho pleno de cubanos, pueden, cambiando totalmente de espíritu y de métodos, entrar en la obre que perdura, cuando la suya se viene abajo….

No es la caja solo lo que hay que defender, ni es la patria una cuenta corriente, ni componer en paz el débito y el crédito, o con capitanear de palaciegos… se acalla el ansia de conquistar un régimen de dignidad y de justicia… La independencia no ha de ser… El desconocimiento del derecho de una entidad cualquiera de la familia del país, nueva o histórica: hemos sido azotados, y el primero en verdad seria el que hubiese recibido más azotes si no estuviese antes que él el que se alzó contra ellos. Por poder de erguirse se mide a los hombres. Las columnas son sustentos más seguros de un pueblo que los lomos. Los lomos se han de enderezar. Las columnas se rompen pero no se doblan….

Y el día que pudiese volver a surgir aunque hemos de sangrar y bregar porque no surja… el conflicto entre el espíritu confuso y grandioso de la guerra, sublime y viable a pesar de su desorden. … no estará con los que en un pueblo probado por el heroísmo brillante de la campaña y el heroísmo silencioso del destierro, quiera continuar la vida arrogante o recelosa de la esclavitud, con sus miras poblanas y sus hábitos canijos; no estará con los enemigos de la independencia. Y solo los enemigos de la independencia pueden estar con los que no la traigan en su corazón.

José Martí, Autonomismo e Independencia, publicado el  26 de marzo de 1892.

 

 

Ya lo hemos dicho, ya lo han dicho otros: José Martí fue un hombre brillante, visionario, agudo y sólido intelectualmente.  Por razones de espacio, no podía citar el texto completo de autonomismo e independencia; sin embargo, una lectura a los textos elegidos, nos muestra su agudeza política e intelectual.

 

Martí entiende que el autonomismo propugna por un gobierno propio, pero la patria quedaría siempre bajo la tutela imperial.  La autodeterminación, plantea Martí, sólo se logra con la independencia; y si para lograrlo debe irse a la guerra e inmolarse, se hace; porque los que aman, desde lo profundo de su corazón, pueden luchar por el verdadero camino de la libertad.  El binomio independencia pura y simple o morir, era su bandera de lucha. Como lo fue para nuestro Juan Pablo Duarte.

 

No hay dudas, Martí se adelantó a su tiempo. En el siglo XX se acuñó el término de  reconocimiento y aplicación del Derecho de Autodeterminación, recogido en los pactos internacionales.  Muchos teóricos del derecho internacional y politólogos han analizado este proceso, y  se han encontrado con escollos, porque todavía hoy, hay resistencia de muchos estados, porque, ellos mismos están plagados de grupos que abogan por la autonomía; pero no bajo los preceptos del concepto martiano, sino la separación de absoluta del Estado que los cobija: Por eso, como nos recuerda Obieta, a pesar del carácter meramente democrático del principio que informa el derecho a la autodeterminación de los pueblos, desde que el Presidente Wilson lo popularizase tras la primera guerra mundial, su aplicación práctica ha tropezado con todos los obstáculos imaginables. En aquella coyuntura, las potencias vencedores consideraron oportuna su aplicación en el ámbito de los estados vencidos pero, naturalmente, consideraron inaceptable su pertinencia en el seno de los estados vencedores...[i]

 

Al buscar explicaciones y contextualizar el texto martiano, confirmo, es más, me convenzo, que el nacionalismo, el independentismo y el autonomismo siguen temas y problemas vigentes, desde la emergencia del capitalismo en el lejano siglo XVIII, que se consolida en las luchas libertarias del siglo XIX, y en el siglo XX ha sido objeto de grandes enigmas, discusiones y problemas, al revivirse los nacionalismos en la antigua Unión Soviética, por un lado, y por el otro, el permanente forcejeo de los autonomistas radicales en España.

 

La realidad ha dado al traste con algunas teorías.  A mediados de los 70 del siglo XX, se planteaba que el nacionalismo decimonónico, como movimiento político, era el resultado de la expansión capitalista y sobre todo, la necesidad de la burguesía de crear su propio espacio de poder.  Sin embargo, avanzado en el siglo XX, y todavía en el siglo XXI, en el momento de capitalismo imperial y dominante, han surgido y en otros casos, se han fortalecido, movimientos políticos que abogan, como en el siglo XIX, por la autodeterminación y la independencia. ¿Qué explicación tienen? No tengo la respuesta.

 

En la época de José Martí, la dicotomía estaba muy clara.  Los pueblos de América Latina luchaban por la creación de sus naciones en contra de dos imperios decadentes: España y Portugal.  En el caso de la patria de Martí, el proceso fue tardío y zigzagueante. Mientras Martí abogaba por una Cuba independiente, libre y soberana; el capitalismo no solo había emergido, sino que ya se iniciaban los pasos para la aplicación de la política imperial norteamericana.  Sorteados los obstáculos (guerra de secesión, conquista del oeste…), Estados Unidos se proponía a cruzar sus fronteras para aplicar la Doctrina de Monroe: América para los americanos. 

 

Mientras más profundizo, pienso, leo, escribo y analizo, me convenzo que los procesos históricos no son, no puede ser, trazos lineales, porque la realidad es más compleja que las teorías, las aspiraciones y las creencias.

 

Así pues, hoy día, 121 años después de haber escrito este ensayo, todavía sigue vigente. Han cambiado las percepciones, porque los teóricos de la actualidad asumen el autonomismo como independencia, a diferencia de nuestro José Martí. 

 



[i] Carlos Garaikoetxeahttp://www.gazteabertzaleak.org/fitxategiak/canoerd.pdf
 

Martí. La verdad sobre Estados Unidos


Pensamiento caribeño en el siglo XIX.  Martí: La verdad sobre Estados Unidos

Por: Mu-Kien Adriana Sang

sangbenmukien@gmail.com


@MuKienAdriana

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y formas que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva…. Lo que varía es la consecuencia peculiar de la distinta agrupación histórica: en un pueblo de ingleses y holandeses y alemanes afines, cualesquiera que sean los disturbios, mortales tal vez, que les acarree el divorcio original del señorío y la llaneza que a un tiempo lo fundaron, y la hostilidad inevitable, y en la especie humana indígena, de la codicia y vanidad que crean las aristocracias contra el derecho y la abnegación que se les revelan, no puede producirse la confusión de hábitos políticos y la revuelta hornalla de los pueblos en que la necesidad del conquistador dejó viva la población natural, espantada y diversa, a quien aún cierra el paso con parricida ceguedad la casta privilegiada que engendró en ella el europeo.  Martí, La verdad sobre los Estados Unidos, Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894.

Un elemento interesante de Martí, es que en la época en que realizó su actividad política estaba en boga el positivismo, que defendía, como sabemos, el modelo imperial –el que fuese- como espejos a imitar y, para estimular la productividad y la mejoría de la raza, abogaba por la inmigración de trabajadores de esas metrópolis.  Sin embargo, Martí, se mostró defensor de la mezcla de razas, como pudimos apreciar en el artículo anterior, pero sobre todo defendía la capacidad que tenían los pueblos de América para ser los forjadores de sus propios caminos, los responsables de su destino. Criticó que Estados Unidos habiendo sido colonizado por una de las potencias europeas, se haya convertido en un imperio más, con las mismas ambiciones de poder y dinero:

Una nación de mocetones del Norte, hechos de siglos atrás al mar y a la nieve, y a la hombría favorecida por la perenne defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un gobierno que es como piratería política, la excrecencia famélica de un pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos y rencorosos, que de una espantable esclavitud y una sublime guerra han entrado a la conciudadanía con los que los compraron y los vendieron, y, gracias a los muertos de la guerra sublime, saludan hoy como a igual al que los hacían ayer bailar a latigazos. En lo que se ha de ver si sajones y latinos son distintos, y en lo que únicamente se les puede comparar, es en aquello en que les hayan rodeado condiciones comunes…[i]

Martí establecía una gran diferencia entre las naciones nacidas de la Metrópoli española y la colonia de Inglaterra. Diferenciaba al anglosajón del latino. Llegó tan lejos que incluso establecía diferencias entre la esclavitud en las colonias del continente latinoamericano y la esclavitud en Estados Unidos. Veamos:

Es un hecho que en los Estados del Sur de la Unión Americana, donde hubo esclavos negros, el carácter dominante es tan soberbio, tan perezoso, tan inclemente, tan desvalido, como pudiera ser, en consecuencia de la esclavitud, el de los hijos de Cuba. Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión o una superchería. De las covachas de Dakota, y la nación que por allá va alzándose, bárbara y viril, hay todo un mundo a las ciudades del Este, arrellanadas, privilegiadas, encastadas, sensuales, injustas. [ii]

Martí no deja respiro a la nación norteamericana. No olvidemos que ya se había hecho pública la Doctrina de Monroe, que a pesar de haber sido proclamada en 1823, no pudo materializarse debido a los conflictos internos, y sobre todo, a la Guerra de Secesión. Finalizadas las rencillas, la vocación imperial es retomada, y la frase “América para los americanos” se convirtió en la bandera de lucha y conquista del coloso norteño, obligando a las potencias europeas a replegarse.  La conquista del espacio ocupado por Europa y sus potencias tradicionales (Inglaterra, Francia y España, más tarde se incorpora Alemania) se inició en las islas de El Caribe.  Por esta razón quizás Martí, que soñaba con una Cuba independiente, vio como muy peligroso el derrotero que tomaba la política imperial de los norteamericanos.

Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice. Ni con el deber de hombre cumple, de conocer la verdad y esparcirla; ni con el deber de buen americano, que sólo ve seguras la gloria y paz del continente en el desarrollo franco y libre de sus distintas entidades naturales; ni con su deber de hijo de nuestra América, para que por ignorancia, o deslumbramiento, o impaciencia no caigan los pueblos de casta española al consejo de la toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos desprecio a las pecadoras. [iii]

Estados Unidos representaba para la causa martiana un verdadero peligro.  José Martí rechazó con fuerzas todas las pretensiones del nuevo imperio.  Desde la primera reunión con las nuevas naciones, convocadas años antes, y de la cual hicimos referencia en artículos anteriores, Martí trazó una línea imaginaria entre Estados Unidos y el resto de América Latina. Abogaba, como lo hizo en su trabajo Nuestra América, por la unión de todos los pueblos del continente que correspondían a la América Latina, única forma, decía, de poder contrarrestar los apremios imperiales.

Han perdido juntas todas las repúblicas españolas de América, en la obra naturalmente lenta, y de México a Chile vencedora, de poner a flor del mundo nuevo, sin más empuje que el apostolado retórico de una gloriosa minoría y el instinto popular, los pueblos remotos de núcleos distantes y de razas adversas, donde dejó el mando de España toda la rabia e hipocrecía de la teocracia, y la desidia y el recelo de una prolongada servidumbre. Y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril, mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos e ignorantes o silvestres indios. Y para ayudar al conocimiento de la realidad política de América, y acompañar o corregir, con la fuerza serena del hecho, el encomio inconsulto-y, en lo excesivo, pernicioso-de la vida política y el carácter norteamericanos, Patria inaugura, en el número de hoy, una sección permanente de Apuntes sobre los Estados Unidos…[iv]

Inteligente como era, Martí constató el carácter desigual de los países colonizados y conquistados de América. Ls del sur, estaban en condiciones deprimentes y preocupantes: guerras inter caudillistas, elevada deuda externa, escaso desarrollo productivo y social. Mientras, en el norte, donde nacía el coloso norteño, la realidad era otra, pues a pesar de las guerras esta gran nación pudo salir airosa de sus propias ruinas:

Dos verdades útiles a nuestra América: el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos, y la existencia en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos.[v]

Martí soñó y luchó.  La realidad se impuso a sus deseos.  Estados Unidos creció como imperio y sacó lenta y progresivamente a los imperios tradicionales europeos. Las nuevas naciones latinoamericanas, poco a poco, comenzaron a formar parte del nuevo emporio imperial.

 

 



[i] Martí, La verdad sobre los Estados Unidos, Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894.
[ii] Ibídem
[iii] Ibídem
[iv] Ibídem
[v] Ibídem