viernes, 21 de febrero de 2014


 

 

El pensamiento conservador latinoamericano y los procesos independentistas en América Latina del siglo XIX. REFLEXIONES FINALES y 2

 

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 

El pensamiento conservador fue la expresión social dominante durante la larga historia colonial. El conservadurismo buscó y encontró en la independencia la ocasión propicia para optimizar sus privilegios y asegurarlos. Por su parte, el liberalismo criticó de los conservadores su corporativismo tanto militar como eclesiástico, los privilegios de una sociedad fuertemente jerarquizada y el paternalismo en la conducción política. Al triunfar el movimiento independentista, encabezado por los liberales, la reacción del conservadurismo no se hizo esperar, a fin de mantener o restaurar los elementos centrales del antiguo régimen. Como resultado de estos conflictos, aparecen nuevas expresiones políticas, tales como el liberalismo conservador y el conservadurismo liberal. En consecuencia, el criterio diferenciador entre unos y otros, se encuentra más bien en sus actitudes prácticas, ya sea en su apertura hacia la modernidad y el progreso, por un lado, o en la conservación de tradiciones y situaciones procedentes del mundo colonial, por el otro. De igual forma, con la Independencia surge una nueva clase dominante, integrada por liberales y conservadores, quienes compartían y alternaban en el poder, como resultados[2] Mario Pozas

 

 

Muy bueno el trabajo de Mario Pozas, del cual citamos un fragmento. Este autor en el ensayo hace un análisis comparativo de cómo  “convivieron”, para decirlo de alguna manera, las teorías políticas del liberalismo y conservadurismo.  

 

Siguiendo la misma tónica del pensamiento, uno de los que más ha trabajado el tema ha sido el historiador venezolano Elías Pino Iturrieta. Plantea que a nivel político la fórmula de los conservadores era simple. Respeto al estado, proponía un gobierno fuerte, pero que negara el centralismo impuesto por España, como él autor mismo lo explica:

 

Jamás discuten los contenidos de una Carta que pretende formar instituciones nuevas en un país dividido entre hombres libres y esclavos, en el cual los derechos ciudadanos son monopolios de los individuos alfabetas dueños de bienes raíces o de negocios remuneradores, detentadores de diploma universitario o con sueldos de elevada cuantía. En función de la cantidad de ingresos  establece  la constitución de sistema de sufragio censitario de dos grados con régimen calificado que legitima y restringe la autoría  del nuevo ensayo de republica. En ningún momento los notables se plantean la mudanza de tales postulados, pues son el eje de una trama de estirpe liberal en que apuntalan su calidad de propietarios.[3]

Por considerar que las posiciones de Elías Pino Iturrieta son vitales para entender un poco  mejor el entramado, sigo con el interesante trabajo del colega venezolano.  Plantea que los conservadores, en el caso de Venezuela, y que quizás podría aplicarse a la región, fueron individuos que accedieron al gobierno a partir de 1830 y permanecieron en él debido a su invariable fidelidad hacia un hombre y un proyecto de modernización. Descendientes unos pocos de la aristocracia colonial, figuras crecidas en la guerra de independencia o en un pacifico exilio, son letrados, burócratas, propietarios grandes y medianos, mercaderes y dueños de esclavitudes que ven en Páez la garantía de una paz estable a través de la cual se puede construir una nación pujante. Están seguros de armonizar sus intereses con cualquier apetito autoritario (…); y su fe en un vínculo de propiedad-progreso-autoridad no lo hace vacilar en su asociación con el controlador de las milicias.[4]

 

La afirmación de Pino Iturrieta nos parece muy representativa de lo que sucedió en la realidad latinoamericana. En un primer momento, como he estado señalando a lo largo de este trabajo, todos los sectores de la sociedad (los dueños de la tierra, los comerciantes, los letrados e  intelectuales), acogieron al llamado de quienes tuvieron la valentía de enfrentarse a la dominación colonial, aceptando, sin entender en toda su dimensión los mandamientos del evangelio liberal. Cada grupo social buscó la instauración de un estado respetuoso de los derechos individuales y de la propiedad privada pero sobre todo intentó adecuarse, según intereses, al impulso y a las exigencias del capitalismo moderno.

 

Como sus adversarios, los llamados liberales, los conservadores propusieron un modelo alternativo de país y también como ellos, miraron hacia afuera. Las sociedades que han alcanzado metas evidentes de progreso y civilización, constituían el espejo, espejismo tal vez, de su norte, de sus objetivos.  

 

Los conservadores consideraban que la realidad era producto del pasado remoto que los latinoamericanos habíamos heredado. Y para enfrentar la negatividades de la herencia,  o dar al traste con esas cadenas, proponían una sociedad dirigida por las elites predestinadas, las únicas que podían gozar de los derechos sociales y ciudadanos. Esta posición es la que explica su rechazo persistente  a ampliar el marco de los derechos de los grupos menos favorecidos. 

 

Ahora bien, ¿qué pasó con los caudillos? ¿Eran conservadores? ¿Eran liberales? Los caudillos regionales desarrollaron siempre la política  sustentada en el elitismo y el privilegio de los dirigentes en la dependencia y burda utilización de sus seguidores. Sin embargo, me parece demasiado categórica la afirmación de Gonzalez de que el pensamiento conservador era la “transposición y expresión ideológica de los intereses de la aristocracia feudal-esclavista y del clero. Y en este sentido, los que mantuvieron una serie de mecanismos (el cobro de diezmos, los mayorazgos, las alcabalas regionales), constituyeron las principales fuerzas que obstaculizaron la cohesión y por ende, la formación del Estado Nacional. El poder conservador-independientemente de la variables-fue antinacional pues retardo el surgimiento de una burguesía nacional y luego alió al capital extranjero’’.[5]

 

Lo más interesante de todo es que la misma autora, en páginas posteriores a esta afirmación, señala la superposición ideológica y política de los liberales y los conservadores, llegando incluso a redefinir que en el proceso se situaron en posiciones similares, denominando en algunos momentos grupos políticos híbridos, como el liberalismo conservador, o el conservadurismo liberal.

 

El trabajo de Enrique Brahm García es muy novedoso.[6] Refiriéndose a la realidad chilena, el historiador afirma  que es necesario un reencuentro entre la realidad historia y la fuente, pero antes reivindica la necesidad de ser críticos con la herencia intelectual recibida. Afirma que en Chile y en la gran mayoría de los países de América Latina existió un conservadurismo liberal y con un conservadurismo positivista, afirmando que Antonio Garcia Reyes (1817-1903) fu el principal representante de la primera corriente y Ramón Soto Mayor (1830-1903) el de la segunda.

 

Cuestiona Brahm García el concepto mismo del conservadurismo. Afirma que aun cuando en Europa esta corriente de pensamiento político tenía raíces monárquicas y feudales, en América Latina, y defiende para eso el caso especial de Chile, las bases son republicanas. Esto explica, según él, porqué las bases del conservadurismo fueron  frágiles y cambiantes de acuerdo a la necesidad de la realidad misma y por qué conservadurismo, positivismo y liberalismo no fueron más que  caras de una misma moneda y fuente y fuentes de nuevos caos.

 

 

Este escenario tan lleno de limitaciones no podía provocar, en tan poco tiempo, el nacionalismo de dos sectores tan antagónicos como afirman algunos estudiosos de la historia. Es cierto que en términos económicos existían posiciones distintas, la de los propietarios y la de los comerciantes, que defendían sus intereses. Pero coincido con los autores [7] que afirma que no parece tan probable que una realidad tan precaria pudieses originar de forma intempestiva la formación de dos grupos diferenciados, cuyos objetivos fueran crear y distribuís riqueza, respondiendo solo a intereses específicos. Como dice Pino Iturrieta ‘’ es más razonable pensar en un esfuerzo común de los propietarios, quienes incursionaban en los dos ramos con el objeto de prosperar sin ocuparse de manera excluyente de una actividad’’.[8]

 

Asumo como una vía  que podría arrojar nuevas luces, que el deslinde entre conservadores y liberales, más que de intereses de clases, tiene que ubicarse en el plano de los intereses políticos. Queriéndose presentar como figuras de mundos antagónicos, los fundadores del estado Nacional, denominados liberales y conservadores, definen y construyen sus propias rutas para alcanzar el poder. Momentos, horarios e itinerarios distintos y peculiares, más no un abismo irreconciliable, fue la manera diferenciada de esos dos  grupos que decidieron emprender el largo viaje al poder. Todas estas explicaciones no hacen más que confirmar algunas de las hipótesis que hemos venido planteados a lo largo de estos largos artículos que casi fueron interminables.

 

 

 

 

                                                                                                  

 



[2] Mario A. Pozas,  El liberalismo hispanoamericano en el siglo XIX,
http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/El%20Liberalismo%20iberoamericano%20en%20el%20siglo%20XIX.pdf
[3]  Elias Pino Iturrieta, op, cit., P.11.
 
[4] Elias Pino Iturrieta, ‘’ Estudio Preliminar’’, en pensamiento conservador del siglo XIX (antología), Caracas, Monte Ávila Editores, Biblioteca del  pensamiento Venezolano
José Antonio Paez, 1991.p.14.
                 
[5] Beatriz González, op, cit.p.52
 
[6]  Enrique Brahm García, op. Cit.
 
[7]  Las obras Enrique Brahm García, Tendencias Criticas del conservadurismo después de portales, Santiago de Chile, Institutos de estudios Generales. Serie de estudios Historicos, 1992; y la obra, ya citada Beatriz González Stephan, constituye sin lugar a dudas dos puntos importantísimos de referencias para entender la complejidad del problema. Conservadurismo genera, liberalismo conservador, son dos simples nociones muy fáciles de nombrar, que reflejan una realidad profundamente compleja donde esas categorías antagónicas  no son realmente tales, sino que se entrecruzan formando un pensamiento híbrido, reflejo de una realidad aun mas difícil de caracterizar.
 
[8] Elias pino Iturrieta, op, cit., P.11.

No hay comentarios:

Publicar un comentario