jueves, 24 de julio de 2014

Octavio Paz y la poesia


ENCUENTROS

Tareas pendientes: OCTAVIO PAZ, el poeta

Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben

La Poesía

Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente…

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

El universo del conocimiento es tan, tan, pero tan amplio que hace un tiempo decidí hacer mi lista de tareas pendientes.  Algunos de estos tópicos tienen años.  La vida laboral, las investigaciones con tiempo de caducidad, los artículos de prensa ¡en fin! la vorágine en la que a veces nos vemos sometidos nos obliga a atender las urgencias, lo inmediato; entonces postergamos para un mañana sin tiempo, las lecturas, las investigaciones de temas que nos atraen, las curiosidades que deseamos satisfacer.

A través de los años he ido alimentando una lista de autores y temas que quisiera conocer mejor, aunque fuese un poco más, las ideas de esos grandes pensadores. Por ejemplo, el pensamiento complejo de Edgar Morin me atrae desde hace años. Lo mismo me ocurre con Octavio Paz, de quien he leído algunas cosas, pero no lo he estudiado.

Intentando completar mi tarea pendiente,  decidí empezar a satisfacer mis curiosidades.  A mi ritmo, y sin la prisa de que seré evaluada mediante un examen general de conocimientos.  Este deber inconcluso es mera curiosidad intelectual, es el fruto de mi voraz apetito de aprender. Aprenderé junto a ustedes, y a medida que busque, compartiré  lo aprendido con ustedes, en el viaje que inicio hoy en estos Encuentros nuestros.

Octavio Paz nació en México, en marzo de 1914. Nieto del escritor Irineo Paz, pudo, desde su más tierna infancia beber de lo mejor de la cultura universal. Su padre se llamaba también Octavio Paz, uno de los militantes activos de la Revolución Mexicana. Esta simbiosis de un abuelo intelectual y un padre revolucionario y comprometido, sembraron la rebeldía en el joven Octavio, por eso no es de extrañar que participara de manera activa en los levantamientos estudiantiles de 1929, que culminaron con autonomía de la Universidad de México.

Comenzó a publicar poesías en plena adolescencia, cuando tenía 17 años y le fue publicado el poema Cabellera. A partir de entonces se hizo un asiduo colaborador de revistas literarias como los Cuadernos del Valle de México. A los 19 años, en 1933 fue publicado su primer poemario Luna Silvestre; y desde entonces no se detuvo publicando poemarios casi toda su vida:  Puerta condenada,  La rama (1947),  A la orilla del mundo (1948), Libertad bajo palabra (1960),  Salamandra (1962), Blanco (1966),  Vuelta (1966), - Poemas (1935-1975),  Árbol adentro (1987),  El fuego de cada día (1989). Solo para señalar algunas de sus múltiples y variadas publicaciones poéticas:

Primavera a la Vista

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío….


Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.


Quise entonces leer sobre lo que decían los especialistas acerca de la poesía de este monstruo del pensamiento y la literatura universal del siglo XX. Carmen Ruiz Barrionuevo en un ensayo titulado "La incesante búsqueda del lenguaje en la poesía de Octavio Paz" [i] señala que para Octavio Paz la "poesía libera al hombre, revela al mundo, lo crea; y el artista es quien produce imágenes valiéndose de la palabra y con ellas intenta saltar en el vacío, acercarnos la realidad…"  Dice la autora que todo poeta lleva en su alma a un ser crítico, y en el caso de Paz, esta condición llega más lejos, "ya que el poeta mexicano reflexiona sin cesar y escribe sin tregua acerca del lenguaje, de sus posibilidades y de la creación poética."

Refiriéndose al poema autobiográfico "Pasado en Claro", publicado en 1975, escrito cuando Paz era ya un hombre maduro, exitoso que hace un balance crítico y nostálgico, Adolfo Castañón en un hermoso ensayo titulado "El poeta como revisor", señala  que este poema es una experiencia lírica "donde el poeta-trovador puede volver sobre el cuerpo roto de su propio pasado e intentar comprenderlo, o dicho en sus propios términos, abrazarlo….Pienso que Pasado en Claro representa limpiamente al Octavio Paz más próximo a la melancolía de Saturno que al ímpetu guerrero del que solo ve las armas del verano a las silvestres y lunares calamidades y milagros, para jugar con sus títulos… sigue siendo un poema habitado por dioses, pero estos son dioses taciturnos, cuando no melancólicos, dioses que vienen de vuelta."  

Coincidencias de la vida,  Pasado en Claro fue escrito entre el 8 de septiembre y 27 de diciembre 1974. ¡Qué coincidencia tan hermosa! Inició el mismo día en que cumplía 19 años y empezaba a leer con fruición adolescente mis primeros poemas. Por razones de espacio seleccioné algunos fragmentos de este largo poema:

 PASADO EN CLARO

Oídos con el alma,
pasos mentales más que sombras,
sombras del pensamiento más que pasos,
por el camino de ecos
que la memoria inventa y borra:
sin caminar caminan
sobre este ahora, puente
tendido entre una letra y otra…

Un charco es mi memoria.
Lodoso espejo: ¿dónde estuve?
Sin piedad y sin cólera mis ojos
me miran a los ojos…

Al sol del altiplano se evaporan los charcos.
Queda un polvo desleal
y unos cuantos vestigios intestados.
¿Dónde estuve?

Yo estoy en donde estuve:
entre los muros indecisos
del mismo patio de palabras….
                                                 
El tiempo es luz filtrada.
Revienta el fruto negro
en encarnada florescencia,
la rota rama escurre savia lechosa y acre.
Metamorfosis de la higuera:
si el otoño la quema, su luz la transfigura.
Por los espacios diáfanos
se eleva descarnada virgen negra….

Yo junté leña con los otros
y lloré con el humo de la pira
del domador de potros;
vagué por la arboleda navegante
que arrastra el Tajo turbiamente verde:
la líquida espesura se encrespaba
tras de la fugitiva Galatea…

Casa grande,
encallada en un tiempo
azolvado. La plaza, los árboles enormes
donde anidaba el sol, la iglesia enana
-su torre les llegaba a las rodillas
pero su doble lengua de metal
a los difuntos despertaba.
Bajo la arcada, en garbas militares,
las cañas, lanzas verdes,
carabinas de azúcar;
en el portal, el tendejón magenta:
frescor de agua en penumbra,
ancestrales petates, luz trenzada,
y sobre el zinc del mostrador,
diminutos planetas desprendidos
del árbol meridiano,
los tejocotes y las mandarinas,
amarillos montones de dulzura.
Giran los años en la plaza,
rueda de Santa Catalina,
y no se mueven.

 Mis palabras,
al hablar de la casa, se agrietan.
Cuartos y cuartos, habitados
sólo por sus fantasmas,
sólo por el rencor de los mayores
habitados. Familias,
criaderos de alacranes:
como a los perros dan con la pitanza
vidrio molido, nos alimentan con sus odios
y la ambición dudosa de ser alguien.
También me dieron pan, me dieron tiempo,
claros en los recodos de los días,
remansos para estar solo conmigo.
Niño entre adultos taciturnos
y sus terribles niñerías,
niño por los pasillos de altas puertas,
habitaciones con retratos,
crepusculares cofradías de los ausentes,
niño sobreviviente
de los espejos sin memoria
y su pueblo de viento:
el tiempo y sus encarnaciones
resuelto en simulacros de reflejos.
En mi casa los muertos eran más que los vivos.
Mi madre, niña de mil años,
madre del mundo, huérfana de mí,
abnegada, feroz, obtusa, providente,
jilguera, perra, hormiga, jabalina,
carta de amor con faltas de lenguaje,
mi madre: pan que yo cortaba
con su propio cuchillo cada día….

Y también secreto vacío, sin nada adentro:
no hay muertos, sólo hay muerte, madre nuestra.
Lo sabía el azteca, lo adivinaba el griego:
el agua es fuego y en su tránsito
nosotros somos sólo llamaradas.
La muerte es madre de las formas…

Salto de un cuento a otro
por un puente colgante de once sílabas.
Un cuerpo vivo aunque intangible el aire,
en todas partes siempre y en ninguna….

¿Hay mensajeros? Sí,
cuerpo tatuado de señales
es el espacio, el aire es invisible
tejido de llamadas y respuestas.
Animales y cosas se hacen lenguas,
a través de nosotros habla consigo mismo
el universo. Somos un fragmento
-pero cabal en su inacabamiento-
de su discurso. Solipsismo
coherente y vacío:
desde el principio del principio
¿qué dice? Dice que nos dice.
Se lo dice a sí mismo.
Oh madness of discourse,
that cause sets up with and against itself!


Estoy en donde estuve:
voy detrás del murmullo,
pasos dentro de mí, oídos con los ojos,
el murmullo es mental, yo soy mis pasos,
oigo las voces que yo pienso,
las voces que me piensan al pensarlas.
Soy la sombra que arrojan mis palabras.

 



[i] Dialnet-laincesanteBusquedaDelLenguajeEnLaPoesiaDeOctavioP-91641

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