sábado, 18 de junio de 2016

Amnesia conveniente


ENCUENTROS



Amnesia generalizada, 1



Por: Mu-Kien Adriana Sang



No recuerdo, ¿fui feliz ayer?
No sé nada de tiempos pasados, de experiencias idas
No recuerdo las canciones tristes, ni palabras ciegas sobre pavimentos mojados
¿Cómo se respira de noche?, ¿cómo imaginar una cálida compañía?
Desperdicio vanamente las horas, tratando de recordar mi rostro
Trato desesperadamente de encontrarme en los cajones del placar
No recuerdo, ¿existí ayer?

Hoy desperté y no supe quién era, no supe que era
¿Soy una foto olvidada en algún rincón?, ¿es este el mundo donde solía existir?
Hoy intente levantarme de la cama, mas no supe cómo usar mis piernas
Me quede echado observando la oscura mañana, ¿no había acaso una estrella de día?
Tengo la mente descolorida, sin matices, todo en blanco
Trato trágicamente de recordar mi nombre
No recuerdo, ¿siempre fue de noche?

Mis paredes son transparentes, pero no veo lo que hay afuera
No recuerdo, ¿fui feliz ayer? Carlos Landeo



Cada día me convenzo más de que los pueblos de nuestra amada América Latina padecen de una grave, endémica, crónica y severa enfermedad: amnesia.  Han, hemos perdido la memoria reciente, y no digamos de la memoria histórica. Ahí es cuando los síntomas   se agravan. Somos como los lagartos que se lamen la cola de forma permanente. Así pues, somos expertos en repetir y repetir los errores, hasta el cansancio… los actores políticos se hunden, se levantan, se reivindican, se reinventan…

Uno de los casos más icónicos es el de Alan Gabriel Ludwig García Pérez. Abogado y sociólogo peruano que después de una gran aura en el continente de líder progresista del Partido Aprista de Víctor Raúl Haya de la Torre. Desde su escaño como diputado primero y luego senador logró situarse como la esperanza encarnada, gracias a su verbo incendiario. Alcanzó la presidencia de su Perú natal  en 1985 a 1990.

Después de haber ascendido a la presidencia con un aura, la realidad fue más fuerte: Perú vivió una de las peores crisis económicas en la historia del país. El rasgo esencial fue la sorprendente hiperinflación, sumado a un recrudecimiento del terrorismo que lideraba [] Sendero Luminoso. A esta situación se sumaba la corrupción y las acusaciones de nepotismo y tráfico de influencia. El resultado fue un descontento descomunal. Salió de nuevo del país exiliado y con la popularidad en el suelo.

Con la crisis política provocada por el fin del régimen de su sucesor, Alberto Fujimori, volvió a Perú en el 2001. Participó en las elecciones, pero fue derrotado por Alejandro Toledo. Participó de nuevo en el año 2006 y ganó en segunda vuelta derrotando a Ollanta Humala. Hizo un esfuerzo porque su nuevo período fuese mejor. Intentó importantes reformas económicas, así como la reestructuración de las relaciones diplomáticas. Pero la corrupción volvió a aparecer, provocando que su popularidad descendiese a los más bajos niveles. Su vuelta, su reivindicación en la historia no fue lo que esperaba. Pero el pueblo olvidó el trauma de su primer gobierno, lo volvió a elegir,  pero volvió a equivocarse.

Perú sigue en la palestra. En las recién pasadas elecciones, la hija de Alberto Fujimori, Keiko, emergió como candidata, después fue ganando espacio político y poco a poco fue creciendo hasta ganar el primer lugar de la contienda, aunque no alcanzó el porcentaje necesario, por lo que van a tener que realizar una segunda vuelta.  El resultado no es seguro. 

Es bien cierto que los hijos no son responsables de los pecados de sus padres. Keiko supo enfrentarse a la sociedad peruana, a pesar del historial de su padre: rector, candidato que derrotó a Vargas Llosa, Presidente autoritario que se impuso ante el Congreso, estratega para combatir y derrotar el temible Sendero Luminoso… pero luego su estrella se apagó. Y la moneda presentó su cara: fue acusado de corrupción, tráfico de influencia, nepotismo… Tan grande fue la crisis, que la sociedad civil se lanzó a las calles, Fujimori salió huyendo a Japón, y en Perú una Comisión de Alto Nivel de la OEA, liderada por el ex Canciller Eduardo Latorre. Después fue juzgado y condenado. Ahora lucha para que el Tribunal Constitucional de su país le revoque la sentencia.

Mientras, su hija la candidata Keiko, ha logrado colocarse en las simpatías populares. La población votante olvidó todo lo que significó el período de Fujimori en el que se violaron elementales derechos.  ¿Amnesia colectiva? ¿La reivindicación de su apellido? ¿Ruptura de con la herencia? El tiempo dirá. Si gana la presidencia de la República en la segunda vuelta, 

Algo parecido ocurrió en la República Dominicana. Joaquín Balaguer, primero acólito de Trujillo ocupando importantes cargos desde Secretario de Educación, diplomático y Canciller de la República hasta Presidente títere del tirano, salió huyendo del país en 1961, abandonando el país.  En el exilio dorado, regresó en 1966 convirtiéndose en el primer presidente electo después de la Guerra de Abril de 1965. Durante los 12 años de  combatió enérgicamente a la oposición.  Gobernó el país con garrote, quizás guiado por las circunstancias de la Guerra Fría.  El PRD fue uno de sus principales opositores.  Sus pocos legisladores utilizaron el escenario para combatirlo. Casimiro Castro fue la voz disidente del Senado. Sufrió un atentado que casi le costó la vida. Sin embargo, terminó sus días como funcionario del Dr. Balaguer.  Años más tarde, el PRD y el PLD aprobaron la moción de denominarlo como “Padre de la Democracia Dominicana”. La amnesia hizo su efecto. Hoy Joaquín Balaguer es el padre político de todos los partidos. Reivindicado.

El espacio de esta columna no me permite poner más ejemplos.  Estamos plagados de ejemplos como este.  No me sorprendería ver a políticos que hoy son cuestionados y criticados, volver al escenario político totalmente reivindicados. 

La historiadora recrea los hechos. Pero la ciudadana tiene náuseas, está asqueada. La historiadora tiene la obligación de reconstruir la historia, independientemente de sus sentimientos y preferencias.  La ciudadana sufre permanentemente con esta realidad. La ciudadana se ha cansado de gritar y exigir. Hoy no tiene fuerzas para implorar ni pedir. Hoy, sin embargo, y a pesar de los pesares, sigue creyendo en el futuro, y abriga la esperanza de que algún día todo será diferente. La ciudadana sigue optando por contribuir al futuro a través de la educación, del aula, porque está convencida, como lo hizo Vasconcelos en los primeros años del siglo XX en México, de que los pueblos educados no tendrán oportunidad del olvido.  ¡Gracias historia porque solo tú puedes rescatar del olvido los errores que cometemos en este camino abrupto de la vida!

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