lunes, 25 de agosto de 2014

OCTAVIO PAZ: pasado y presente


ENCUENTROS

Tareas pendientes: OCTAVIO PAZ: pasado y presente

Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben

Nuestra época rompe bruscamente con todas estas maneras de pensar. Heredera del tiempo lineal e irreversible del cristianismo, se opone como éste a todas las concepciones cíclicas; asimismo, niega el arquetipo cristiano y afirma otro que es la negación de todas las ideas e imágines que se habían hecho los hombres del tiempo.  La época moderna -este período que se inicia en el siglo XVIII y que quizá llega ahora a su ocaso-  es la primera que exalta al cambio y lo convierte en su fundamento.  Diferencia, separación, heterogeneidad, pluralidad, novedad, evolución, desarrollo, revolución, historia: todos estos nombres se condensan en uno: futuro.  No el pasado ni la eternidad, no el tiempo que es, sino el tiempo que todavía no es y que siempre está a punto de ser… En todas las sociedades las generaciones tejen una tela hecha no solo de repeticiones sino de variaciones; y en todas se produce de una manera u otra, abierta o velada, la querella de los antiguos y los modernos. Hay tantas modernidades como épocas históricas. No obstante, ninguna sociedad ni época alguna se ha llamado a sí misma moderna, salvo la nuestra. Si la modernidad es una simple consecuencia del paso del tiempo, escoger como nombre la palabra moderno es resignarse de antemano a perder pronto su nombre. ¿Cómo se llamará en el futuro la época moderna?  Octavio Paz, La revuelta del futuro.

 

No cabe duda alguna de que Octavio Paz fue un gran pensador, un gran visionario, un gran poeta  y un gran escritor.  El artículo que engalana la entrada de este Encuentro titulado "La revuelta del Futuro" fue escrito en 1958, ¡hace 56 años! y publicado por la Columbia University Press.  Está recogido en el tomo I de las Obras Completas.

La falsa dicotomía entre pasado y futuro que ha existido siempre, me corrijo si ha existido no es falsa, es real, ha preocupado a los intelectuales de todos los tiempos y de todas las épocas.  ¿Qué es la modernidad? ¿Qué es lo atrasado? ¿Quién tiene la razón? ¿Los que se aferran al ayer o los que se dicen del mañana?

El ensayo de Octavio Paz es estremecedor.  Escrito en el corazón de la Guerra Fría, ardiente guerra de exterminio, control e ideológica. Paz afirma que en su presente, pasado nuestro, el futuro se veía, presente nuestro, "para resistir a la erosión que todo lo borra, las otras sociedades decidieron llamarse con el nombre de un dios, una creencia o un destino: Islam, Cristianismo, Imperio del Centro… todos estos nombres aluden a un principio inmutable o, al menos, a ideas e imágenes estables. Cada sociedad se asienta en un nombre, verdadera piedra de fundación; y en cada nombre la sociedad no solo se define sino que se afirma frente a las otras.  El nombre divide al mundo en dos: cristianos-paganos, musulmanes-infieles, civilizados-bárbaros…nosotros-ellos.  Nuestra sociedad también divide al mundo en dos: lo moderno-lo antiguo…"

Pasa entonces Paz a hacer una excelente reflexión sobre la teoría del subdesarrollo. Una concepción impuesta, que ofrece una dicotomía absurda, definida a partir de las categorías establecidas por los vencedores. Porque el patrón inducido, casi obligado, ofrece espejos a imitar, modelos a seguir, valores que defender, ideas  que asimilar. Entonces se pregunta ¿cuál debe ser el futuro? Afirma que la modernidad es un concepto exclusivamente occidental y que no aparece en ninguna otra civilización. La razón es simple: "todas las otras civilizaciones postulan imágenes y arquetipos temporales de los que es imposible deducir, inclusive como negación, nuestra idea del tiempo… Es claro que la idea de modernidad solo podía nacer dentro de esta concepción de un tiempo sucesivo e irreversible; agotado ese tiempo -o como dice el poeta: cuando se cierran las puertas del futuro-, reinará un presente eterno. En el tiempo finito de la historia, en el ahora, el hombre se juega su vida eterna… Todas las sociedades están desgarradas por contradicciones que son simultáneamente de orden material e ideal. Esas contradicciones asumen en general la forma de conflictos intelectuales, religiosos o políticos. Por ellos viven las sociedades y por ellos mueren: son su historia."

Leer este breve ensayo, de apenas cinco páginas es desgarrador, aleccionador e impresionante.  Sin saber que hoy, después de haberse destruido el muro de Berlín, que el capitalismo se hizo presente, de manera directa o indirecta, en todo el mundo; que el comunismo de ayer, cuando existía la muy caliente Guerra Fría, es hoy una supuesta guerra de ideas de vida y religión; sin pensar que seguimos el ritmo interminable de una occidentalización acelerada de toda la sociedad en la cual las culturas de nuestros pueblos, tejidas, escritas con lágrimas y sudor, desaparecen o son solo expresiones culturales de un pasado inexistente que alienta el morbo de los turistas del mundo; sin saber que gracias a los avances tecnológicos la cultura occidental alcanzaría no solo un mayor radio de influencia, sino también una invasión directa en nuestras vidas cotidianas; Octavio Paz pensó en 1958 sobre su pasado y presente, para soñar con un futuro, que desde su punto de vista no era, en modo alguno, nada halagüeño.

El futuro de Octavio Paz es este presente que su generación y la nuestra construimos (?). No me siento orgullosa con el legado que dejamos a los jóvenes. No puedo.  Como entonces, la guerra sigue presente. Las víctimas de entonces, como el sufrido pueblo judío,  convertido hoy en nación aliada a los imperios dominantes, se ha convertido dolorosamente de victimas en  verdugos. El atropello cotidiano al medio ambiente producto de la ambición de unos pocos, los dueños del dinero, es uno de los peores pecados de esta "modernidad" que nos ha tocado vivir.  Las distancias, cada vez más abismales, entre el lujo vergonzoso y la miseria más indigna, golpean algunas conciencias.

No me siento orgullosa, aunque tampoco me siento responsable de este mundo que construimos, que hemos dejado a nuestros  hijos. ¡Qué legado tan indigno! ¡Qué legado tan espantoso! ¡Qué legado tan aberrante! ¿Podemos sentirnos orgullosos de que hemos sido capaces de utilizar la inteligencia para diseñar formas sofisticadas de matar? ¿Podemos sentirnos satisfechos de los zares de la droga que ganan dinero a costa de aniquilar la voluntad de los drogadictos? ¿Podemos decirnos amantes de Dios y de la justicia, cuando somos capaces de ensuciar, matar y mancillar a los que piensan diferentes a nosotros?  No soy responsable, no me siento responsable; he creído siempre en la libertad y la construcción colectiva de la sociedad; pero me avergüenzo de esa cosa que algunos osan en llamar "humanidad"

Gracias Octavio por estas reflexiones tan atinadas, tan certeras, tan provocativas.  Seguimos en la próxima.

sangbenmukien@gmail.com

mu-kiensang@hotmail.com

 

 

 

 

 

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