martes, 14 de octubre de 2014

Crisis entre islas. 2


TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE

III Congreso Internacional de Estudios Caribeños: Crisis entre islas. Puerto Rico y Martinica, 1940-1943, 2.

Por: Mu-Kien Adriana Sang

sangbenmukien@gmail.com


@MuKienAdriana

 

La paloma que desciende rompe el aire
Con llamas de incandescente terror,
En las cuales las lenguas declaran
La única disculpa del pecado y el error.
La única esperanza, a cambio de la desesperación
Está en la elección de una hoguera entre hogueras
Para redimirse del fuego por el fuego.

Entonces, ¿quién inventa el tormento? El amor.
Amor es el nombre extraño
Detrás de las manos que agitan
La intolerable camisa de llamas
Que ningún poder humano puede alejar.
Sólo vivimos, sólo suspiramos
Consumidos por uno u otro fuego. Thomas Stearns Elliot, Cuatro Cuartetos.

 

Continuamos presentando, resumiendo más bien, la excelente ponencia del amigo y colega Jorge Rodríguez Beruff, "Puerto Rico y la crisis de Martinica (1940-1943)" que formó parte del programa académico del III Congreso de Estudios Caribeños.

 

Mientras leía el trabajo para, me surgieron algunas inquietudes. Ese periodo de nuestra historia universal es fundamental. La Segunda Guerra Mundial en su climax,  precedida de una Europa golpeada por dos dictaduras sanguinarias y crueles encabezadas por Hitler y Mussolini.  La lucha de poder entre las potencias, que se vieron en la obligación de aliarse para enfrentar el nazismo.

Me pregunté ¿ante ese mundo tan convulso, cómo se reflejaba en El Caribe? Busqué algunas explicaciones. Después de revisar varios trabajos y leer un poco para edificarme, llegué a la conclusión de que aunque América Latina, entiéndase en el sur, centro y las islas del Caribe, no tuvieron una participación activa en la II Guerra Mundial a excepción, de México, Brasil, y Puerto Rico. Estos países aportaron, de manera oficial, tropas al conflicto de manera oficial. 

La situación en Europa provocó que las potencias europeas, debilitadas y desmoralizadas  por el conflicto, abandonaran sus posesiones coloniales de ultramar. Y, aprovechado la situación, Estados Unidos buscaba, con toda la fuerza que le ha caracterizado desde siempre, buscaba ganarse espacio como líder imperial en la zona, principalmente en El Caribe.  El imperio norteño había decidido participar en la guerra cuando se produjo el ataque de Pearl Harbor en 1941.

La participación de estos tres países y por supuesto de los Estados Unidos, hizo que los alemanes miraran hacia América y sobre todo al Mar Caribe, que debían atender esa parte del mundo, para lo cual propusieron destinar una parte de sus submarinos a vigilar en esa lejana parte del Atlántico. Así comenzó la 'Operación Neuland' o Nuevo Territorio, que tenía como propósito enviar lo que algunos historiadores ha llamado "manadas de lobos", es decir submarinos alemanes que tenía como fin interceptar los buques mercantes en el Mar Caribe.  Fue una jugada militar brillante. Se calcula que para fines de 1942 se perdieron cerca del 36% de barcos mercantes. Dio resultado a los alemanes, tomando por sorpresa a la marina norteamericana.

La situación cambió en la primavera de 1943, gracias a nuevas técnicas para detectar los submarinos, los aliados lograron debilitar las operaciones de los submarinos de los alemanes en el mar Caribe.

Y después de seguir con la lectura, pude armar mejor las piezas de mi rompecabezas interno. Jorge Rodríguez nos ofrece su interpretación con respecto a la coyuntura política y militar en El Caribe y la Segunda Guerra Mundial. Se retrotrae unos años antes al hablar del inicio de la guerra en Europa, que data del 3 de septiembre de 1939. Afirma que esta declaración de guerra produjo una urgente reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores en Panamá del 23 septiembre al 3 de octubre de ese año.  

 

En ese momento se decidió, para estar acorde con la posición norteamericana declarar que América sería “zona de neutralidad” de 300 millas alrededor del hemisferio americano, así como medidas de colaboración económica. Lo más relevante para la situación de los territorios coloniales europeos en el Caribe es que ya se preveía el cambio de soberanía sobre los territorios coloniales como una amenaza potencial. En Panamá se aprobó una “Resolución sobre la transferencia de soberanía de regiones geográficas de las Américas controladas por estados no-americanos” que estipulaba que si ocurría un cambio de soberanía en algún territorio europeo se convocaría una reunión de ministros de relaciones exteriores. (JRB)

 

Las cosas se precipitaron, afirma Jorge, cuando se produjo el derrumbe militar de Francia y Gran Bretaña en julio-agosto de 1940. Este hecho cambió radicalmente para la posición de Washington. Se temía que la guerra se desplazara hacia el Atlántico y, por supuesto, al continente americano. Los territorios europeos en el Caribe, se convirtieron, casi de repente, en un asunto de urgente preocupación para los Estados Unidos. En las palabras de Rodríguez Beruff:

 

Además de las numerosas colonias británicas en Centro y Sur América y el Caribe insular, Francia poseía las pequeñas islas de St. Pierre y Miquelon frente a las costas canadienses, así como Martinica, Guadalupe y la Guayana en el Caribe. Holanda ejercía la soberanía sobre las islas de San Martín, San Eustaquio, Saba, Aruba, Curaçao y la Guayana Holandesa. Cuando el gobierno holandés decidió trasladarse a Londres y la Gran Bretaña demostró su capacidad de resistencia luego de la Batalla de Inglaterra, la atención se centró en las posesiones francesas que quedaron bajo la soberanía de un gobierno hostil a sus antiguos aliados británicos y con una postura crecientemente subordinada a Alemania. Además, en Martinica se encontraba una considerable fuerza militar y naval así como grandes recursos financieros en oro.

 

Ante este estado de cosas se adelantó para el 21 de julio en La Habana la reunión prevista de ministros de relaciones exteriores. Allí se aprobó, entre otras resoluciones de colaboración militar y económica, el Acta de La Habana sobre la Administración Provisional de Colonias o Posesiones Europeas en América. Este documento estipuló que en caso de peligro de un cambio de soberanía en un territorio europeo se establecería una administración provisional por un comité de emergencia compuesto por un representante de cada estado americano hasta la eventual independencia o retorno a la metrópoli original, aunque también facultaba a Estados Unidos para actuar unilateralmente en caso de emergencia.

 

El cambio de coyuntura hizo que se asumieran posiciones más agresivas. Por ejemplo, dice el autor, se le asignó a los militares, especialmente a la Marina de Guerra, un papel más importante con respecto a los territorios caribeños, aunque, claro está, en estrecha colaboración con el Departamento de Estado. Este fue el caso, como concluye Rodríguez Beruff, del manejo de la situación de Martinica y los territorios franceses.

 

Como afirma el amigo historiador, se desarrollaron no solo iniciativas diplomáticas para ver cómo se redimensionaba la crisis internacional, sino también por diversos preparativos militares que colocaron en una nueva dimensión la importancia estratégica del Caribe y América Latina.

 

El Caribe se había convertido en una posición crítica para la seguridad de Estados Unidos, especialmente porque era vital para la defensa del Canal de Panamá y todo lo que significaba el importante acceso marítimo, por donde cruzaban recursos minerales y energéticos de valor estratégico vitales para un esfuerzo bélico. Y como afirma el autor, el nuevo poder aéreo y la amenaza de los submarinos magnificaba el valor militar de la zona.

 

Esta preocupación, sigue diciendo el amigo historiador, se reflejó en las instrucciones que Roosevelt le impartió a su colaborador naval el almirante William D. Leahy al nombrarle al puesto de gobernador de Puerto Rico. El presidente americano había decidido salir del problemático general Blanton Winship, para colocar a un experimentado oficial naval de su entera confianza en la gobernación de Puerto Rico, fue, de por sí, una acción de Roosevelt que tenía el lógico interés de impulsar los planes de defensa no solo de la isla, sino de toda la región.  Le correspondería a Leahy, como gobernador primero y luego como embajador a la Francia de Vichy atender, entre otros asuntos, la situación de las colonias francesas en el Caribe.  

 

Pero ese tema será el objeto del próximo artículo porque el espacio se agotó.  Seguiremos con este interesantísimo trabajo del buen amigo y colega Jorge Rodríguez Beruff.

 

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