martes, 14 de octubre de 2014

La democracia degradada en PR


  TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE

 

III Congreso Internacional de Estudios Caribeños: La democracia degradada en Puerto Rico según Javier Colón.

 

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 

sangbenmukien@gmail.com

mu-kiensang@pucmm.edu.do

@MuKienAdriana

 

Mi Plegaria de Manuel Jordan
 
Plegaria pidiendo al cielo
Una suprema amnistía
Que me deje patria mía
Pronto visitar tu suelo
Aunque mi real anhelo
Es estar siempre presente
Compartiendo con mi gente
Hasta el último suspiro
¡OH, mi terruño querido!
Viviendo en ti eternamente

Ver tus lúcidas pendientes
Las joyas que te iluminan
Disfrutar las aguas vivas
De tus ríos en sus corrientes
Las que fluyen como fuentes
Por toda la Cordillera
Desde allí los valles riegan
Sosteniendo flora y fauna
Produciendo gozo y calma
Al jíbaro en tus praderas
Plegaria pidiendo al cielo
Que no me deje exhalar
Tan lejos de mi amado lar
Do regresar es mi anhelo...
Cual maternal consuelo
Quisiera que mi oración
Como un arrullo de amor
Sea muy pronto contestada
Y Así cambiar mi morada
Aliviando mi hondo dolor…

Una de las ponencias que más llamó mi atención en el Congreso, fue la del buen amigo y colega Javier Colón Morera.  Bajo el sugestivo título “Puerto Rico: Los retos de una democracia degradada”, el autor expone de forma dramática, ofreciendo estadísticas demoledoras, los más  graves problemas socio-económicos de Puerto Rico. Una isla que se encuentra inmersa en los enormes retos que tiene la región,  pero con la limitación de un sistema político interno con “particularidades y paradojas propias de lo que denomino una democracia degradada…” Partiendo del concepto de “democracia sustantiva”,  en el que se plantea que debe existir la necesaria armonía entre gobernabilidad, desarrollo económico y equidad, Colón pasa a  establecer la conexión directa entre un cuadro socio-económico y demográfico lleno de desafíos extremos, y la existencia de profundos déficits democráticos. Estos últimos incluyen, pero no se atienen a su condición colonial y presentan la dificultad de que limitan la capacidad de acción de PR  para elevar la calidad de vida de la población.”

Plantea que para activar los tantos y variados déficits democráticos que actualmente existen en la sociedad puertorriqueña, se hace impostergable el establecimiento de políticas de estado efectivas y con amplio apoyo social. A su juicio, optimizar la calidad democrática implica, necesariamente, transformar la frágil y degradada democracia. Pero para lograrlo es imprescindible que el sistema político de PR cambie su política “a los movimientos sociales emergentes, y sus múltiples intersecciones,  que proponen una revitalización de la práctica social de los derechos humanos y una ampliación del marco limitado de acción que provee el espacio electoral de la clase política.”  

¿Qué se quiere con la democracia? Colón se responde afirmando que el objetivo final de toda democracia debería ser el mejoramiento de la calidad de vida de la población, para lo cual se necesita crear  las condiciones necesarias para el desarrollo pleno de la personalidad humana.

Pretendo exponer al lector a la complejidad del escenario político de PR de comienzos del siglo XXI intentando presentar una realidad más paradójica y contradictoria de la que en ocasiones se tiene. PR  no es un  territorio “complacido” con su relación colonial ni una nación que despliega una resistencia absoluta al régimen hegemónico imperante. En medio de esas descripciones maniqueas sobrevive un drama social y político no sujeto a ser encajonado en categorías binarias con poco o ningún poder explicativo o predictivo. En contraste, lo que intento desvelar es la existencia de múltiples formas de resistencia y de expresión autónoma junto a formas diversas de opresión.   De ahí la necesidad de una respuesta social plural.

Lo cierto es que los retos que enfrenta PR son extraordinarios. Sus problemas sociales se incrementan de forma exponencial y vertiginosa, mientras la capacidad real del gobierno interno para desarrollar políticas públicas efectivas y diferenciadas de las propiciadas o impuestas por la esfera del gobierno federal estadounidense es limitada, más que limitada. Se requiere, dice el autor, de forma urgente, un nuevo paradigma de acción política en PR que 

Supere el impasse político permanente y que asuma un programa realista y de largo alcance de renovación política y social, parece ser la mejor apuesta que puede hacer PR para aprovechar al máximo la crisis actual y convertirla en posibilidad. Es un reto grande,  muy grande, dice Colón, pues las deficiencias democráticas de PR, “rebasan los aspectos formales de la ausencia de la representación política y los argumentos del llamado debate del estatus”.

Independientemente de cualquier argumento sobre la calidad de la democracia en PR, nadie puede negar, afirma el autor, que existe la formalidad democrática, en la cual son celebradas las elecciones.  Sin embargo, es un hecho que la sociedad puertorriqueña ha vivido desde hace casi cincuenta años, la realidad del bipartidismo cerrado, y esta particularidad afecta directamente a la democracia puertorriqueña.  En efecto, desde 1968 hasta la fecha el Partido Popular Democrático (PPD) el Partido Nuevo Progresista (PNP), PR ha estado intercambiando administraciones partidistas. Esta realidad ha traído consigo altos niveles  de polarización en la administración pública, pero sobre todo un aumento significativo de la discriminación por ideas políticas. Asimismo, sigue diciendo Colón, el aumento de las prácticas de corrupción gubernamental  ha sido una consecuencia indirecta de esta polarización del proceso electoral de un bipartidismo cerrado.  En palabras del autor:

El balance general creado por la competencia bipartidista es decididamente mixto. Se llevan a cabo elecciones regulares con una participación relativamente alta de electores y las élites políticas se intercambian en el poder de forma regular y pacífica. Los intereses de los “inversionistas políticos”, personas y corporaciones que donan grandes sumas de dinero  a cambio de contratos y privilegios, sin embargo,  son muy activos alcanzando sus fines egoístas. Ello se refleja en altos niveles de recaudación de fondos privados para la ejecución de costosísimas campañas publicitarias. Por otro lado, las motivaciones del electorado son variadas. Cerca del 40% de la población recibe transferencias federales de diversos programas y ejercen el voto, en parte,  para proteger la vigencia de esos derechos adquiridos en el marco territorial.

La Constitución del ELA garantiza el derecho al voto en elecciones regulares como derecho fundamental y la Isla invierte, además de los fondos privados,  cuantiosos recursos en un sistema electoral controlado por los propios partidos. En términos generales la reglamentación interna de la competencia electoral es fijada internamente con una limitada participación de EEUU en la organización o logística local de estas elecciones periódicas.

Así, desde una perspectiva simple, PR parecería cumplir con los requisitos básicos de la formalidad democrática, pero está lejos de ser la democracia ideal y soñada: deliberativa y participativa, pero sobre todo “pendiente de atender los graves desequilibrios de una sociedad fragmentada de varios modos.

Aquí finalizo esta primera parte del interesante trabajo de Javier Colón, en el que se analiza el drama económico, político y social que vive la hermana isla de Puerto Rico, un drama que se refleja, como veremos en las entregas siguientes, en la salida casi despavorida de su gente en búsqueda de nuevos horizontes.

Hasta la próxima.

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