sábado, 18 de enero de 2014

Carta al niño Jesús


ENCUENTROS

Carta al pequeño niño Jesús

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 

Carta del Niño Jesús en Navidad

Como sabrás nos acercamos nuevamente

a la fecha de mi cumpleaños,

todos los años

se hace una gran fiesta en mi honor

y creo que este año sucederá lo mismo.

En estos días la gente hace muchas compras,

hay anuncios en el radio,

en la televisión y por todas partes no se habla de otra cosa,

sino de lo poco que falta para que llegue el día.

La verdad, es agradable saber,

que al menos,

un día al año algunas personas

piensan un poco en mí.

Como tú sabes hace muchos años

que comenzaron a festejar mi cumpleaños,

al principio no parecían comprender

y agradecer lo mucho que hice por ellos,

pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran...

Recuerdo el año pasado

al llegar el día de mi cumpleaños,

hicieron una gran fiesta en mi honor;

pero sabes una cosa, ni siquiera me invitaron.

Yo era el invitado de honor y ni siquiera

se acordaron de invitarme,

la fiesta era para mí y cuando llego el gran día

me dejaron afuera,

me cerraron la puerta.

¡Y yo quería compartir la mesa con ellos! 

La verdad no me sorprendió,

porque en los últimos años

todos me cierran las puertas. Carta del Niño Jesús en Navidad al Mundo, publicado por Martina en diciembre 2012.

 

 

Querido Niño Jesús:

Faltan pocos días, tres exactamente, para celebrar un nuevo nacimiento tuyo. En 72 horas, Tú, que fuiste concebido por obra y gracia divina,  abrirás otra vez tus ojos al mundo,  con la esperanza de que tu legado haya sido comprendido, más aún, imitado.

Tal vez ya no recuerdas que cada año, cuando era una niña, te dejaba una cartita junto al árbol, acompañada por un vaso de agua fría, por sí tenías sed cuando entraras a  mi casa. Mi corazón infantil sólo alcanzaba a escribirte un larga lista de deseos, que se resumían en regalos que esperaba recibir. Me complacías a veces; otras no. Me enojaba porque trabajaba todo el año para hacerme meritoria de tus recompensas.  Adolescente comprendí que mis padres no podían complacer siempre las peticiones porque éramos muchos. Entonces te pedí perdón, porque te hacía culpable de mi frustración infantil.

¿Sabes? buscando materiales para escribirte esta carta, encontré que el Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, también hizo uso de su imaginación infantil y en su niñez supo escribirte muchas cartas: “Querido Niño Jesús, pronto descenderás sobre la tierra. Traerás alegría a los niños. También a mí me traerás alegría. Quisiera el Volks-Schott, una vestimenta verde para la Misa y un Corazón de Jesús. Seré siempre bueno. Saludos, de Joseph Ratzinger”.  Esta carta está fechada de 1934. ¡Cuánta inocencia! (http://infocatolica.com/blog/buhardilla.php/1212180240-querido-nino-jesus-una-carta)

En su corazón de niño, el Papa retirado, escribía, como lo hice yo y todos los niños de mi generación y de generaciones anteriores, la típica cartita de Navidad, en la que te solicitábamos nuestros regalos más ansiados.

Pero ¿sabes? querido niño Jesús, tengo miedo de que despiertes, pues te encontrarás un mundo muy diferente al que soñaste y luchaste. Peor aún, te hemos olvidado. El pesebre y su simbolismo de redención y esperanza no existe en el imaginario colectivo de esta humanidad que pisotea constantemente tu nombre.

Te escribo esta carta y se me retuerce el corazón al rememorar el esmero que ponía para escribirte y hacerte mi larga lista de peticiones. Ya no soy una niña. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Y tanto ha cambiado el mundo, que casi he olvidado escribir a mano. ¡Mis dedos sólo saben transcribir mis pensamientos y sentimientos cuando estoy sentada en un teclado de computadora!

¡Qué diferente es este mundo que abandonaste tan joven! La tierra donde tu Madre te alumbró es ahora zona de conflictos, de guerra y muerte. Tus hermanos de raza y sangre no se comprenden. Luchan hasta la muerte por sus ideas, por sus creencias y por un trozo de tierra que dicen les pertenece.  Allí nadie profesa tu fe.  La de ellos es distinta. No tienen el mismo Dios, y para ellos no eres el Mecías.

Querido Jesús mío. Estás muy solo.  Aquí en las tierras que aceptamos el misterio de tu concepción y nacimiento, que aceptamos la existencia tuya como hijo de Dios, también te hemos olvidado. Tu padre es a veces recordado sólo cuando algunos nos encontramos en apuro. Mientras la vida sigue como torbellino se olvidan, nos olvidamos, de ustedes. Las celebraciones de tu nacimiento no son más que fiestas; en las cuales tu nombre ni siquiera es mencionado.

Así como estás solo, yo también a veces me siento sola y extraña en este terruño que amo profundamente, pero cuyo derrotero me golpea y lastima. Es más, querido niño, el curso que ha seguido el mundo entero me hace daño, porque poco a poco hemos perdido no solo la espiritualidad por la que abogaste, sino la simple humanidad. ¿Te imaginas? ¡Qué dolor tan grande debes sentir!

La vida que defendiste ha perdido el sentido. Ahora  y siempre se desarrollan guerras de dominio y control, por el simple placer del poder y dinero. Como quiso hacer Herodes quien sintiéndose amenazado hizo lo imposible para impedir que crecieras.  Ahora es lo mismo. El Mesías es una simple idea del pasado. Los bárbaros de hoy no toleran la disidencia ni a quienes lo enfrentan. Vivimos ahora la decadencia romana del Imperio. Sólo la voluntad del Emperador y sus secuaces tiene validez; el placer y el desenfreno quieren sustituir los sentimientos. Desean borrar, a fuerza de dinero, la profundidad del alma.

Querido niño Jesús, mi petición de hoy es simple: derrama a esta humanidad un poco de tu bondad, de tu gracia, de tu sabiduría y tu perdón. Vuelve a enseñarnos como lo hiciste en sus escasos 33 años de vida, cómo fuiste capaz de atraer a tu redil a ladrones y prostitutas. Ven, enséñanos a perdonar. Ven, ven ayúdanos a rescatar la humanidad sepultada en el corazón de la tierra.

No pido más nada buen niño, Mesías de la esperanza. Mis deseos y aspiraciones personales, que las tengo como humana que soy, te prometo que procuraré con esfuerzo y trabajo diligenciarlas.  Sólo quiero que esta humanidad abandone su ceguera, su banalidad y su sinrazón. Prometo que haré el mayor de mis esfuerzos de portarme bien durante los próximos 12 meses del año que viene. Mientras, espero que puedas complacer estas simples, pero grandes, peticiones.

sangbenmukien@gmail.com

@MuKienAdriana

mu-kiensang@hotmail.com

mu-kiensang@pucmm.edu.do

 

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