sábado, 5 de marzo de 2016

Una mujer de mucha edad, 4


ENCUENTROS

Una mujer de mucha edad, 4

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 
Honrar la vida
No! Permanecer y transcurrir
No es es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida
Merecer la vida, no es callar y consentir
Tantas injusticias repetidas
Es una virtud, es dignidad
Y es la actitud de identidad
Más difinida!
Eso de durar y transcurrir
No nos dá derecho a presumir
Porque no es lo mismo que vivir
Honrar la vida!
No! Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida
Merecer la vida es erguirse vertical
Más allá del mal, de las caídas
Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad
La bienvenida!
Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir
Porque no es lo mismo que vivir
Honrar la vida!  Marlina Ross

Debemos brindar por haber vivido. Brindar por cada una de las vidas que a través de los años hemos podido vivir.  Cada día es un regalo. Cada año cumplido es una acumulación de experiencias maravillosas, las cuales dependiendo de la perspectivas existenciales que asumamos, nos convierten en mejores personas. Brindo por la vida y por los días que me quedan por vivir, sean muchos o pocos, estoy más que paga. Como dice la canción que popularizó la voz de Thalía:

Por esos días por venir
por este brindis para mí
por regalarle a la intuición el alma mía
porque los días se nos van
quiero cantar hasta el final
por otra noche como éstas, por mi vida

Por esos días por venir
por este brindis para mí
por regalarle a la intuición el alma mía
porque los días se nos van
quiero cantar hasta el final…

Estoy convencida de que debemos tener una actitud diferente ante la vida.  Esta maldita sociedad occidental quiere vendernos, a través de subterfugios diversos, el mito de la eterna juventud.  Envejecer se convierte en una verdadera maldición, en una realidad que debemos ocultar. Decir los años que tenemos es un estigma, cuando debería ser un orgullo, una bendición.

La juventud eterna, el mito imposible, falso y absurdo de la sociedad de consumo, ha convertido a la belleza construida en pura mercancía. Muchas jóvenes no piensan en cultivar sus almas, sino en fabricar sus cuerpos, su cara y su pelo para ser muñecas  ficticias.  Las más adultas se aferran a sus años de juventud, y luchan por el imposible.  Con esta afirmación no quiero decir que al llegar a los 60 me abandonaré a lo que mi cuerpo quiera, o me vestiré como la clásica anciana con su falda larga, su moño en la nuca y zapatos mocasines cerrados. No! No! No! Creo que lo importante es que nosotras las mujeres sesentonas seamos bellas asumiendo con estoicismo el paso del tiempo.  

Creo, como dice la letra de la canción que dio a conocer la inmensa voz de la inolvidable Mercedes Sosa, que necesitamos "honrar la vida", pues no solo es dejar transcurrir los días, siendo testigo del discurrir de las horas con actitud contemplativa y sin compromiso con el futuro.

Vivir es una gracia, una bendición, un regalo.  Yo me acepto como soy.  Acepto envejecer por el precio de vivir.  Exhibir mi pelo blanco, teñido por la vida, es un más que un orgullo. Es mi grito sin palabras de que estoy orgullosa de mi edad, de mi experiencia acumulada y de mi paso por la vida.  Caminar al lado de mi esposo, que también tiene plata en el pelo y las arrugas se han ido adueñando de su rostro, es una bendición del cielo. Juntos exhibiendo nuestros años hasta el final de nuestras existencias.

SOBRE LA VIDA

No es chacota la vida,

La tomarás en serio,

Como lo hace la ardilla, por ejemplo,

Sin esperar ayuda ni de aquí ni de allá.

Tu más serio quehacer será vivir

La tomarás en serio,

Pero a tal punto en serio,

Que a los setenta años, por ejemplo,

Plantarás olivares,

No para que les queden a tus hijos,

Sino porque, aunque temas a la muerte,

Ya no creerás en ella,

Puesto que en tu balanza

La vida habrá pesado mucho más.

Nazim Hikmet

“Antología Poética”

Ed. Quetzal 1984

Me doy cuenta que en cinco años, cuando alcance los 65 años de edad, según las Naciones Unidas, voy a formar parte del 9.1% de la población mundial, que se estima que para el 2050, alcanzará la cifra de casi 2 billones de personas. No tocaremos aquí el grave problema demográfico que significa.  Debe ser objeto de otras entregas

Volvamos al tema esencial de esta reflexión.  Al llegar a los 60, y de hecho lo he practicado desde hace cinco años, es que tengo la maravillosa ventaja de permitirme muchas cosas. Mejor dicho todavía ¡de liberarme de muchas cosas! Aprendí a decir NO.  Entendí que ya no tengo que doblegarme a nada ni a nadie. Creo en la verdadera libertad, en el más amplio y profundo sentido. Feliz de poder decir, sin ataduras, todo lo que pienso. Y sentirme libre, me hace feliz. Es el premio maravilloso de haber cumplido las seis décadas de existencia.  No sé cuánto tiempo más estaré en esta tierra y en este mundo.  Solo sé que viviré con intensidad todos y cada uno de los días que me quedan por vivir.  La pasión seguirá arropándome, pero con una gran diferencia. Tomaré el tiempo necesario para la soledad, para seguir descubriendo la belleza de lo nimio, para descubrir que la banalidad es a veces un buen escape. Y, por supuesto, seguiré junto a mi amada familia nuclear y ampliada, y junto a mis amigos, la familia elegida por el corazón. Inicio este nuevo trayecto vital caminando con bríos y con sueños y esperanzas renovadas. Y me siento feliz, más que feliz.

 

 

Una mujer de mucha edad, 3


ENCUENTROS

 

Una mujer de mucha edad, 3

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Como toda mujer tengo algo en común
Soy celosa del hombre que amo, soy tan amante
Impetuosa, rebelde y voraz, caprichosa, violenta y audaz
Como toda mujer, como todas.

Como toda mujer a menudo me da por callar
injusticias y luego llorar en silencio o explotar
por alguna idiotez verme mal de cabeza a los pies
Como toda mujer, somos la misma piel.

Como toda mujer yo me entrego al amor
Sin medida, sin tiempo, y con todo cuando alguien me quiere
Como toda mujer me emociona una flor, un te quiero, mil cosas.
Como toda mujer, como todas.

Como toda mujer soy la guerra y la paz
Se ocupar mi lugar no permito que nadie me engañe
A tropiezos me hice coraje, no soy fruta prohibida de nadie
Como toda mujer, como aquella y usted.

Como toda mujer desconfiada yo soy
Tan segura de si y otras veces un poco cambiante
Yo soy débil y fuerte a la vez, con virtudes y
defectos y que... Como toda mujer, como todas.

Como toda mujer yo me entrego al amor
Sin medida, sin tiempo, y con todo cuando alguien me quiere
Como toda mujer me emociona una flor, un te quiero, mil cosas.
Como toda mujer, como todas.

Como toda mujer soy la guerra y la paz
Se ocupar mi lugar no permito que nadie me engañe
A tropiezos me hice coraje no soy fruta prohibida de nadie
Como toda mujer, como aquella y usted.
Alejandro Vezzani

 

La canción que engalana este Encuentro de hoy ha sido asumido como un himno de las mujeres del mundo, porque nos retrata y describe  como somos y como sentimos.  Lo interesante es que esas letras tan bellas fueron escritas por un hombre, Alejandro Vessani. ¡Qué ironía!

Soy, como dice la canción, como todas las mujeres del mundo.  He vivido los mismos dramas a través de mi trayecto vital.  Cuando era una niña, no mayor de 5 años, me sentía la reina del mundo, el centro de  todo.  Crecí entonces en ese mundo de ilusiones falsas que el universo era mi casa, mis padres, mis hermanos y hermanas, los primos y algunos vecinos. Que las limitaciones económicas eran parte del existir. Y que los padres serían eternos.

Adolescente ya, hice conciencia de que el mundo era más amplio y ajeno. Que no era justo, que habían desigualdades en todos los niveles.  Vivía con la falsa contradicción existencial, ahora lo entiendo, de querer ser bella y tener compromiso social. Una situación, que sin duda alguna, marcó mi adolescencia.  En esta etapa comenzó la lucha por el peso, que a mis 60 continúa de forma insistente y que no terminará nunca.

A los 21 años terminé la universidad.  Salí por el mundo a estudiar, a conocer otras culturas. Pensaba que debía atragantarme con todo lo que conocía y aprendía. Mi avidez por conocer sobre el arte, la historia, la música y la literatura era insaciable. Entendí, después de mucho andar y de mucho luchar, que ningún cerebro humano es capaz de asimilar todo, que el aprendizaje es limitado. Entonces respiré y fui un poco más despacio.

A los 39 años ya estaba casada, divorciada y vuelta a casar con un doctorado a cuestas.  Llegué al país en 1985 creyendo que tenía a Dios bajo mi brazo.  Que todo estaba a mi favor. ¡Qué equivocada estaba! Tuve que labrar mi camino a base trabajo, con mi propio esfuerzo y reconociendo que otros, sin haber vivido la experiencia francesa, sabían tanto o más que yo.  En el mundo de la historia, tuve la dicha de encontrarme con el amigo-hermano José Chez Checo y Juan Daniel Balcácer, quienes me tendieron con cariño y desinterés sus manos.  Con el tiempo, ya no tengo problemas con los demás historiadores, participamos juntos en proyectos comunes. 

Como he dicho otras veces, decidí ser maestra desde siempre, desde que nací, desde que como alumna pisé por primera vez un aula escolar.  Durante mis años de estudiante de secundaria fui maestra en la escuela del barrio que auspiciaba el colegio.  En los años universitarios impartí clases en dos colegios.  Y, durante mi adultez he tenido dos casas de acogida.  La primera fue INTEC, entidad que me recibió con los brazos abiertos cuando llegué de París.  Y la PUCMM que ha sido no solo mi alma mater, sino mi casa por más de 25 años, pudiéndome desarrollar en todas mis facetas: funcionaria, maestra y escritora.

Llegué a los maravillosos 40 de la mano de Rafael, el verdadero compañero de mi travesía. A su lado he podido escribir y mucho, más de lo que hubiese imaginado. Nuestro hogar se convirtió en mi lugar favorito de producción intelectual.  En estos 21 años de vida en común he podido escribir cientos de artículos y más de una docena de libros.  En este país, en el que la mujer tiene muy definidas las funciones hogareñas, yo he podido desarrollarme en toda la extensión de la palabra, gracias a un compañero que ha sido no solo un apoyo, sino un aliciente en mis momentos de dificultad.

Celebré mis 50 años con una misa.  Tenía que dar gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de iniciar el segundo vuelo, después de haber vivido y superado serias dificultades de salud.  A partir de ese momento mi vida cambió.  Comencé a ver la vida de forma diferente, a valorar realmente las cosas importantes, a disfrutar cada día como si fuese el último y a gritar a los cuatro vientos que ser feliz es una decisión. 

En este trayecto vital perdí, perdimos, a mi padre, a nuestro padre, mi héroe, nuestro héroe, hace más de 25 años.  Su partida fue dura, pero el vacío se hizo mayor con la partida inesperada de mamá.  Aprendí, aprendimos, con lágrimas que sus enseñanzas siguen presentes, y que cada día de mi vida y la de mis hermanos, ellos nos siguen guiando, nos consuelan en los momentos de tristeza y comparten nuestras alegrías con el mismo entusiasmo de siempre.  He perdido, hemos perdido, otros seres queridos. Amigos que se fueron, como Eduardo Latorre.  Y pérdidas dolorosas e inexplicables como la de Julio César Mejía Sang, un joven maravilloso que nos dejó con apenas 21 años. 

Ahora que entro a la maravillosa edad de 60 años, tomé la decisión de disfrutar de todos y cada uno de los días que me quedan por vivir.  Ser feliz es, repito, una decisión.  Nada, ni las lágrimas ni el dolor físico o emocional cambiarán mi decisión. Ya no tengo nada que demostrar.  Ya no quiero llegar a ninguna parte. Solo quiero seguir escribiendo y aportando a la educación. Creo que me gané el mérito de no aceptar imposiciones de ningún tipo. Seré feliz al lado de mi compañero Rafael. Seré feliz amando a mis dos nietos cuyas vidas se han incrustado en mi existencia de forma inseparable; de los dos hijos maravillosos que me regaló el corazón; de mis hermanos sus hijos y los  hijos de sus hijos. En fin, seré feliz compartiendo con mis amigos de siempre.

Y seré feliz en esta maravillosa etapa de mi vida. Cuando no me guste algo, me pondré mi sombrero rojo para olvidarlo. Grito así, sin palabras que  a pesar de todo seguiré entonces adelante, adelante, hasta que me quede el último aliento, y deba partir al destino final.

 

 

Una mujer de mucha edad, 2


ENCUENTROS

 

UNA MUJER DE MUCHA EDAD, 1

 

Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben

 

La vejez, Alberto Cortez

Me llegará lentamente, y me hallara distraído
Probablemente dormido, sobre un colchón de laureles
Se instalara en el espejo, inevitable y serena
Y empezara su faena, por los primeros bosquejos

Con unas hebras de plata, me pintara los cabellos
Y alguna línea en el cuello, que tapara la corbata
Aumentara mi codicia, mis mañas y mis antojos
Y me dará un par de anteojos, para sufrir las noticias

La vejez, está a la vuelta de cualquier esquina,
Ahí donde uno, menos se imagina
Se nos presenta, por primera vez

La vejez, es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonia de clausura
De lo que fue la juventud, alguna vez

Con admirable destrezas, como el mejor artesano,
Le irá quitando a mis manos, toda su antigua firmeza
Y asesorando al galeno, me hará prohibir el cigarro
Porque dirán, que el catarro, viene ganando terreno

Me inventara un par de excusas,
Para menguar la impotencia,
Que vale más la experiencia,
Que pretensiones ilusas
Y llegar la bufanda, las zapatillas de paño
Y el reuma que año tras año, aumentara su demanda

La vejez, es la antesala de lo inevitable
El ultimo camino transitable
Ante la duda, que vendrá después

La vejez, es todo el equipaje de una vida
Dispuesto ante la puerta de salida
Por la que no se puede ya, volver

A lo mejor más que viejo, seré un anciano honorable
Tranquilo y lo más probable, gran decidor de consejos
Por celosa, me apartaré de la gente, y cortaré lentamente,
Mis pobres, últimas rosas…



Desde hace cuatro años he atesorada esperanzas, emociones y muchas incógnitas sobre la llegada de mis 60 años, la antesala inevitable de la vejez.   Cuando alcancé la añorada edad de las 15 primaveras, le pedí a mi padre que me hiciera una fiesta. Su negativa fue inmediata.  Tuve que conformarme con un encuentro de amigas en mi casa y un viaje a Puerto Rico de cinco días para acompañar a mi madre en la compra de enseres que nutrirían la tienda familiar llamada “La Pagoda”.

Dos años después, mi padre organizó una gran fiesta cuando su madre, una honorable anciana china que no sabía hablar español, cumplió sus ochenta años.  Tenía guardada mi frustración, por esta razón, con mi habitual energía inquisidora le pregunté el por qué.  Mi padre sonrió, y me dijo que en la cultura oriental se hacía un homenaje a la longevidad, porque nacer no es un mérito, sino el fruto del azar de un óvulo y un esperma que se unieron y crearon un ser.  Lo que merecía realmente el reconocimiento era la decisión y la voluntad de vivir con honorabilidad.  Mi abuela, dentro de su pobreza tuvo la visión de motivar a su hijo a la aventura marina para que no sucumbiese a los estragos de la miseria y el abandono.  Y ella, a pesar de que no podía expresarse era la columna que permitía a mi padre librar las mil batallas. Entendí la lección.  Y disfruté enormemente la fiesta de mi abuela, en la que se dieron cuenta todos sus amigos y familiares.  La comida abundante corría por las mesas, las voces de los chinos presentes hablando en cantonés constituían la clave de la alegría y la música estridente de China resonaba en el salón.  Era un maravilloso escándalo en el que primaba la alegría y el reconocimiento de una vida humana, que habiendo vivido en la pobreza había sido capaz de alcanzar esa edad en muy buenas condiciones físicas y mentales.

El 8 de septiembre de este año alcanzaré la honrosa edad de los 60 años.  El inicio de la honorabilidad de haber vivido.  Me gané el mérito de celebrar una fiesta.  A partir de las décadas siguientes, mientras más vida tenga, mayor será mi privilegio de celebrar.

A partir de hoy inicio una serie de Encuentros acerca de esta etapa que pronto iniciaré en mi vida.  Buscando información para hacer mi artículo, leí [1] que en China continental las autoridades  estaban sorprendidas por el hecho que la tradición ancestral de apoyo, reconocimiento y reverencia por los mayores, pero sobre el respeto a los padres, se estaba perdiendo. Y por esta razón, decidieron tomar medidas.

Fue promulgada la “Ley de Protección de los Derechos e Intereses del Anciano” que obligaba a los hijos adultos a visitar a sus padres ancianos.  Establecía que una de las mayores  responsabilidades de los hijos adultos era la de proveer satisfacción a “las necesidades espirituales de los ancianos”. Regulaba la forma, obligando a los hijos a visitar frecuentemente la casa de sus padres, y debían también asegurar el pago a los empleados cuando solicitasen permiso para visitar a sus padres.  Tan fuerte es la ley que incluso en el ejército, los oficiales no son promocionados a menos que estos muestren suficiente respeto hacia sus padres.

La ley ha traído reacciones en el mundo occidental.  Algunos especialistas han dicho que esta ley lesiona la libertad individual y el derecho a decidir. Otros, sin embargo, han reaccionado diciendo que por el contrario, el abandono es un fenómeno crítico especialmente en las sociedades occidentales:

Pero, sin embargo, hacen que nos cuestionemos un problemático aspecto de nuestra cultura contemporánea, el cual ha creado un clima de indiferencia, intolerancia y en ocasiones incluso de antipatía por los ancianos. Los sociólogos le han puesto incluso un nombre: edaísmo. Se refiere a la estereotipificación derogatoria de los ancianos, siendo la única forma de prejuicio con la cual los guardianes del buen comportamiento hacen la vista gorda a pesar de que es por lejos la más común de entre todos los tipos de discriminación.[2]

La cultura de la “juventud eterna” se ha convertido en una obsesión en estas sociedades, especialmente en las occidentales.  Las mujeres, y en algunos casos los hombres, quieren combatir los embates del tiempo, haciendo uso de cirugías estéticas y otros subterfugios, desarrollándose una verdadera adicción al botox.  A medidas que los años nos pasan, muchas mujeres quieren aferrarse a la juventud, convirtiéndose en esclavas de la belleza, y en verdaderos payasos que emulan y dejan pequeño con sus desfiguradas caras al Guazón de la tira cómica de Batman.

Estoy convencida que para vivir hay que cumplir años.  Sumar años a la vida es una virtud, quitárnoslos  es negar nuestra propia existencia.  Yo estoy feliz de cumplir seis décadas de vida, de aprendizajes, caídas para volver a levantarme, de llantos y risas.  Sobre este tema seguiremos en la próxima entrega.

 

 

 




[1] Benjamin Blech, La Vejez y la Ley China, http://www.aishlatino.com/a/s/La-Vejez-y-la-Ley-China.html
[2] Ibidem
[3]Concepción Sánchez Palacios, Estereotipos negativos hacia la vejez y su relación con variables  sociodemográficas, psicosociales y psicológicas, Tesis doctoral de la Universidad de Málaga, http://www.biblioteca.uma.es/bbldoc/tesisuma/16704046.pdf

Una mujer de mucha edad, 1


ENCUENTROS

 

UNA MUJER DE MUCHA EDAD, 1

 

Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben

 

La vejez, Alberto Cortez

Me llegará lentamente, y me hallara distraído
Probablemente dormido, sobre un colchón de laureles
Se instalara en el espejo, inevitable y serena
Y empezara su faena, por los primeros bosquejos

Con unas hebras de plata, me pintara los cabellos
Y alguna línea en el cuello, que tapara la corbata
Aumentara mi codicia, mis mañas y mis antojos
Y me dará un par de anteojos, para sufrir las noticias

La vejez, está a la vuelta de cualquier esquina,
Ahí donde uno, menos se imagina
Se nos presenta, por primera vez

La vejez, es la más dura de las dictaduras
La grave ceremonia de clausura
De lo que fue la juventud, alguna vez

Con admirable destrezas, como el mejor artesano,
Le irá quitando a mis manos, toda su antigua firmeza
Y asesorando al galeno, me hará prohibir el cigarro
Porque dirán, que el catarro, viene ganando terreno

Me inventara un par de excusas,
Para menguar la impotencia,
Que vale más la experiencia,
Que pretensiones ilusas
Y llegar la bufanda, las zapatillas de paño
Y el reuma que año tras año, aumentara su demanda

La vejez, es la antesala de lo inevitable
El ultimo camino transitable
Ante la duda, que vendrá después

La vejez, es todo el equipaje de una vida
Dispuesto ante la puerta de salida
Por la que no se puede ya, volver

A lo mejor más que viejo, seré un anciano honorable
Tranquilo y lo más probable, gran decidor de consejos
Por celosa, me apartaré de la gente, y cortaré lentamente,
Mis pobres, últimas rosas…



Desde hace cuatro años he atesorada esperanzas, emociones y muchas incógnitas sobre la llegada de mis 60 años, la antesala inevitable de la vejez.   Cuando alcancé la añorada edad de las 15 primaveras, le pedí a mi padre que me hiciera una fiesta. Su negativa fue inmediata.  Tuve que conformarme con un encuentro de amigas en mi casa y un viaje a Puerto Rico de cinco días para acompañar a mi madre en la compra de enseres que nutrirían la tienda familiar llamada “La Pagoda”.

Dos años después, mi padre organizó una gran fiesta cuando su madre, una honorable anciana china que no sabía hablar español, cumplió sus ochenta años.  Tenía guardada mi frustración, por esta razón, con mi habitual energía inquisidora le pregunté el por qué.  Mi padre sonrió, y me dijo que en la cultura oriental se hacía un homenaje a la longevidad, porque nacer no es un mérito, sino el fruto del azar de un óvulo y un esperma que se unieron y crearon un ser.  Lo que merecía realmente el reconocimiento era la decisión y la voluntad de vivir con honorabilidad.  Mi abuela, dentro de su pobreza tuvo la visión de motivar a su hijo a la aventura marina para que no sucumbiese a los estragos de la miseria y el abandono.  Y ella, a pesar de que no podía expresarse era la columna que permitía a mi padre librar las mil batallas. Entendí la lección.  Y disfruté enormemente la fiesta de mi abuela, en la que se dieron cuenta todos sus amigos y familiares.  La comida abundante corría por las mesas, las voces de los chinos presentes hablando en cantonés constituían la clave de la alegría y la música estridente de China resonaba en el salón.  Era un maravilloso escándalo en el que primaba la alegría y el reconocimiento de una vida humana, que habiendo vivido en la pobreza había sido capaz de alcanzar esa edad en muy buenas condiciones físicas y mentales.

El 8 de septiembre de este año alcanzaré la honrosa edad de los 60 años.  El inicio de la honorabilidad de haber vivido.  Me gané el mérito de celebrar una fiesta.  A partir de las décadas siguientes, mientras más vida tenga, mayor será mi privilegio de celebrar.

A partir de hoy inicio una serie de Encuentros acerca de esta etapa que pronto iniciaré en mi vida.  Buscando información para hacer mi artículo, leí [1] que en China continental las autoridades  estaban sorprendidas por el hecho que la tradición ancestral de apoyo, reconocimiento y reverencia por los mayores, pero sobre el respeto a los padres, se estaba perdiendo. Y por esta razón, decidieron tomar medidas.

Fue promulgada la “Ley de Protección de los Derechos e Intereses del Anciano” que obligaba a los hijos adultos a visitar a sus padres ancianos.  Establecía que una de las mayores  responsabilidades de los hijos adultos era la de proveer satisfacción a “las necesidades espirituales de los ancianos”. Regulaba la forma, obligando a los hijos a visitar frecuentemente la casa de sus padres, y debían también asegurar el pago a los empleados cuando solicitasen permiso para visitar a sus padres.  Tan fuerte es la ley que incluso en el ejército, los oficiales no son promocionados a menos que estos muestren suficiente respeto hacia sus padres.

La ley ha traído reacciones en el mundo occidental.  Algunos especialistas han dicho que esta ley lesiona la libertad individual y el derecho a decidir. Otros, sin embargo, han reaccionado diciendo que por el contrario, el abandono es un fenómeno crítico especialmente en las sociedades occidentales:

Pero, sin embargo, hacen que nos cuestionemos un problemático aspecto de nuestra cultura contemporánea, el cual ha creado un clima de indiferencia, intolerancia y en ocasiones incluso de antipatía por los ancianos. Los sociólogos le han puesto incluso un nombre: edaísmo. Se refiere a la estereotipificación derogatoria de los ancianos, siendo la única forma de prejuicio con la cual los guardianes del buen comportamiento hacen la vista gorda a pesar de que es por lejos la más común de entre todos los tipos de discriminación.[2]

La cultura de la “juventud eterna” se ha convertido en una obsesión en estas sociedades, especialmente en las occidentales.  Las mujeres, y en algunos casos los hombres, quieren combatir los embates del tiempo, haciendo uso de cirugías estéticas y otros subterfugios, desarrollándose una verdadera adicción al botox.  A medidas que los años nos pasan, muchas mujeres quieren aferrarse a la juventud, convirtiéndose en esclavas de la belleza, y en verdaderos payasos que emulan y dejan pequeño con sus desfiguradas caras al Guazón de la tira cómica de Batman.

Estoy convencida que para vivir hay que cumplir años.  Sumar años a la vida es una virtud, quitárnoslos  es negar nuestra propia existencia.  Yo estoy feliz de cumplir seis décadas de vida, de aprendizajes, caídas para volver a levantarme, de llantos y risas.  Sobre este tema seguiremos en la próxima entrega.

 

 

 




[1] Benjamin Blech, La Vejez y la Ley China, http://www.aishlatino.com/a/s/La-Vejez-y-la-Ley-China.html
[2] Ibidem
[3]Concepción Sánchez Palacios, Estereotipos negativos hacia la vejez y su relación con variables  sociodemográficas, psicosociales y psicológicas, Tesis doctoral de la Universidad de Málaga, http://www.biblioteca.uma.es/bbldoc/tesisuma/16704046.pdf

La formación docente 4


ENCUENTROS

LA FORMACIÓN DOCENTE.  Una reflexión, 4

Por Mu-Kien Adriana Sang

La formación docente se constituye en un proceso, necesario para garantizar la adecuada preparación de los profesionales en las universidades.  Esta demanda en los momentos actuales está condicionada por un auge creciente de la matrícula, el cambio de estrategias de formación ante las nuevas necesidades de sistematización del conocimiento, que cada vez se renueva con mayor velocidad y complejidad. Los cambios en el contexto social y universitario han connotado la necesidad de utilizar alternativas para cubrir la docencia con profesionales no capacitados para tal propósito, y además se exigen nuevos roles y tareas al profesor ante la complejidad del proceso formativo. Lezy Magyoly Vargas Flores

 

En la entrega de hoy vamos a trabajar con el ensayo del profesor venezolano, Lezy Magyoly Vargas Flores, de la universidad Bolivariana de Venezuela, que lleva por título “La Formación Docente”.[1]  Y como en la entrega anterior, este trabajo coincide en la necesidad de renovar los programas de formación de profesores en nuestras universidades.

Afirma que después de un enjundioso análisis y revisión de documentos y de evaluar la práctica docente, han constatado profundas debilidades en el proceso de preparación de docentes que están vinculados con sus capacidades intelectuales y los recursos profesionales, a saber:

·         Los profesores universitarios no cuentan con formación docente y la preparación metodológica que reciben tiene un carácter funcionalista que no satisface las demandas y necesidades formativas.

·         La gestión de la formación docente se realiza de forma administrativa, por tanto no se promueve el sistema de relación entre objetivos, acciones y estructura a fin de dinamizar y hacer más eficiente el proceso de formación docente en las universidades.

·         El nivel de especialización no siempre potencia ni favorece la formación docente de los profesores.

·         No existe una reflexión sistemática de la experiencia cotidiana de la práctica educativa.

Después de hacer una breve reseña histórica de la formación docente en su Venezuela natal, el profesor hace una apuesta a un modelo formativo del profesor universitario.  Parte de su concepción sobre lo que debe ser este proceso:

La formación docente se concibe como un proceso social y cultural que obedece al carácter de la integridad del desarrollo de la capacidad transformadora humana que se da en la dinámica de las relaciones entre los sujetos en la sociedad, en constante y sistemática relación, capaz de potenciar y transformar su comportamiento en el saber, hacer, ser y convivir.   Es proceso permite a cada sujeto la profundización del contenido socio-cultural, a la vez que se revela contradictoriamente en el propio proceso del desarrollo humano , ya sea en una totalidad, como en lo individualidad, en el sujeto y su pensamiento, el cual discurre sobre la base de la continuidad que permite dar saltos cualitativos en el desarrollo humano, a partir de la apropiación de la cultura. [2]

Asegura que la formación docente del profesor universitario debe ser concebida como un proceso de desarrollo personal y profesional, personal pero en interacción con los demás, desde una perspectiva dinámica y social que promueve lo personal para el desarrollo integral.  Defiende que este proceso debe ser continuo, auto crítico y propositivo.

La formación del profesor universitario debe estar institucionalizada, es decir, formar parte de la política institucional.  Podría tener un carácter formal, a través de programas pedagógicos estructurados y que finalicen en una titulación; o informal o No-formal, por medio de conferencias, cursos cortos, evaluaciones, acompañamiento individual, entre otras modalidades. La gestión de ese proceso es un verdadero reto para las universidades:

El proceso de gestión de la formación docente del profesor universitario es un proceso consciente que implica un nivel de concreción… capaz de caracterizarse por la interrelación de la planificación, la organización, la ejecución y el control, para lograr los objetivos formativos que corresponden con las condiciones objetivas en las cuales se lleva a cabo la educación universitaria, a la vez que se particulariza con una interpretación que alcance resultados sustentados en una posición teórica y metodológica…. [3]

Pero existen peligros en la formación de los docentes, entre los cuales se pueden citar:

1.      Fragmentación del contenido de la formación

2.      Ausencia de diagnóstico de las necesidades de formación

3.      No reconocimiento de la necesidad de concientizar qué aspectos concretos de la práctica educativa deben ser evaluados.

 

Propone el profesor una serie de sugerencias concretas para el diseño efectivo de los programas formativos que se realice un diagnóstico de las necesidades formativas, que permita la anticipación al cambio y favorezca la innovación.   El proceso de formación debe ser holístico, flexible, dinámico y proactivo:

 

La gestión de la formación continua, es un proceso consciente, holístico, dinámico que manifiesta el carácter de lo continuo como vía de interrelación dialéctica capaz de dar solución a los problemas de la práctica educativa desde la formación continua de los profesores lo que implica el diseño de propuestas formativas a ejecutar en el corto, mediano y largo plazo, propiciando acciones en estrecha relación, que favorecen y dinamizan el proceso de gestión de la formación docente.[4]

  

Todas estas reflexiones nos arrojan una verdad como un templo: Nosotros los que asumimos la docencia, en cualquier nivel (primaria, secundaria y universitaria) tenemos el reto, el mandato, de formarnos continuamente, de colocar nuestros conocimientos en el permanente juicio de la crítica, para superarnos, para estar a tono con la demanda de los tiempos.  Nosotros los maestros, debemos asumir que somos aprendices eternos, que nuestra formación no es estática, sino dinámica, que el saber es una actitud de búsqueda, de reconocimiento de nuestras propias debilidades y nuestras propias fortalezas.




[1] Lezy Magyoly Vargas Flores, La Formación Docente. Ponencia presentada en el Congreso Iberoamericano de Educación “Metas 2021”, realizado en Buenos Aires Argentina en septiembre del año 2010.
 
[2] ibídem
[3] Ibídem
 
 
[4] Ibídem