jueves, 24 de septiembre de 2015

Un paréntesis: EN DEFENSA DE LOS PRINCIPIOS


ENCUENTROS

 Un paréntesis: EN DEFENSA DE LOS PRINCIPIOS

Palabras, de Mario Benedetti

No me gaste las palabras

No cambie significado

Mire que lo que yo quiero

Lo tengo bastante claro.

Si usted habla de progreso

Nada más que por hablar

Mire que todos sabemos

Que adelante no es atrás.

Si está contra la violencia

Pero nos apunta bien

Si la violencia va y vuelve

No se me queje después.

Si usted pide garantías

Solo para su corral

Mire que el pueblo conoce

Lo que hay que garantizar.

No me gaste las palabras

No cambie el significado

Mire que yo lo que quiero

Lo tengo bastante claro….

No me gaste las palabras

No cambie el significado

Mire que lo que yo quiero

Lo tengo bastante claro….

 

Hago un paréntesis en la serie que casi termina sobre el pensamiento complejo del gran Edgar Morín. Pedí a mis amigos del periódico Hoy que detuvieran el artículo que correspondía para este sábado.  Después de lo acontecido el pasado domingo,  en el seno del Comité Político del PLD, no podía seguir callada.

Decidí hace mucho tiempo que no militaría en ningún partido político, porque defiendo el papel de la sociedad civil en el fortalecimiento de la democracia a través de una ciudadanía activa y comprometida, reconozco que en el juego democrático, esas organizaciones son las que tienen la responsabilidad de realizar la carrera hacia el poder.    Creo, sin embargo, que en nuestro país, los partidos políticos no han alcanzado el nivel que amerita nuestro desarrollo institucional.  Una prueba es que todavía no se ha podido aprobar la esperada y exigida Ley de Partidos.

El pasado domingo el Comité Político del PLD aprobó, por mayoría, no por consenso ni por acuerdo, que se propiciara una reforma a la Constitución de la República para permitir que el actual Presidente de la República pudiese presentarse en la contienda electoral. Está claro que esta medida busca poner un PARE a las aspiraciones y aprestos de Leonel Fernández de cara a las elecciones del año que viene. Está claro también que el Congreso se convertirá en los próximos días en un verdadero campo de batalla.  La oposición diciendo que no aprobará. Y los legisladores leonelistas, por su parte, seguirán diciendo que no podían contar con su voto. Será un duelo a muerte entre dos titanes. Interesante es destacar que Danilo Medina se abstuvo y ha mantenido silencio total sobre el asunto.

Mi reflexión de hoy no es hacer un análisis coyuntural sobre la decisión del Comité Político.  Mi posición es de principio: la República Dominicana debe caminar hacia institucionalidad democrática. Nuestra aspiración es a la creación y consolidación de un verdadero Estado de Derecho.  La Constitución, llamada por Ferdinand Lasalle como la Ley Fundamental de un país, debe ser sagrada:

¿En qué se distingue una Constitución de una simple ley? A esta pregunta se nos contestará en la inmensa mayoría de los casos: la Constitución no es una ley como otra cualquiera, sino la ley fundamental del país. Es posible, señores, que en esta contestación vaya implícita, aunque de un modo oscuro, la verdad que se investiga. Pero la respuesta, así formulada, de una manera tan confusa no puede satisfacernos.  Pues inmediatamente surge, sustituyendo a la otra, esta interrogación: ¿Y en qué se distingue una ley de la ley fundamental? [1]…

Para diferenciarlas Lasalle sostiene que deben existir tres condiciones esenciales:

1.       Que la ley fundamental sea una ley que ahonde más que las corrientes

2.       Que constituya el verdadero fundamento de las otras leyes. “La ley fundamental, para serlo, había, pues de actuar e irradiar a través de las leyes ordinarias del país.”[2]

3.       “La idea de fundamento lleva, pues, implícita la noción de una necesidad activa, de una fuerza eficaz que hace, por ley de necesidad, que lo que sobre ella se funda sea así y no de otro modo.” [3]

Nuestra ley fundamental ha sido maltratada desde su fundación. La primera, proclamada el 6 de noviembre de 1844, y la última el 26 de enero del año 2010.  En el siglo XIX, en 56 años, se promulgaron 17 Constituciones.  La única de esas constituciones que tuvo una relativa larga vida fue la primera con diez años de vigencia, pues fue modificada en 1854. La última del siglo XIX fue durante la dictadura de Lilís, promulgada en 1896.

En el siglo XX se realizaron 20 reformas. La Constitución que más tiempo estuvo en vigencia tuvo fue la de Joaquín Balaguer promulgada en 1966, que fue modificada en 1994.  En el actual siglo XXI se promulgó la nueva Constitución en el año 2010.  Y apenas tiene cinco años de vigencia y ya quieren modificarla.

¿Saben cuáles fueron las razones de esas modificaciones? En el siglo XIX los políticos modificaban la Constitución para ampliar o reducir el período constitucional, que osciló entre un año, dos años y cuatro años.  Y por supuesto, la prohibición o no de la reelección presidencial.  En el siglo XX lo único que varió fue la discusión sobre el período presidencial, pues después de las reformas de Ramón Cáceres se llegó al acuerdo de 4 años. 

La Constitución del año 2010, con sus limitaciones, fue una gran reforma, pues constituyó un intento de modernizar el Estado Dominicano y sus instituciones.  Esta posición es diferente a la  selección de los jueces de las altas cortes y las negociaciones de intereses que se produjeron.

Por el bien de la institucionalidad democrática, por el fortalecimiento del Estado de Derechos, por el bien del país, NO MODIFIQUEMOS LA CONSTITUCION.

Esta es mi reflexión.  Este es mi planteamiento.  No sé, y confieso, que ya no me importa, si con estas posiciones lesiono algunos intereses.  Estamos en la democracia, y la ciudadanía tiene derecho a expresar sus opiniones libremente.

Posiblemente estas palabras caigan en el vacío y sea objeto de ataques.  Lo más probable es que sean enviadas al cruel olvido. Pero no me importa.  Quiero vivir acorde a mis ideas y sobre todo, a los principios que siempre he defendido.

¿Soy opuesta a la reelección? En términos ideales, me gusta el modelo norteamericano.  El problema es que en este país que amo y se desangra en un mar de intereses, la reelección ha sido, es y será siempre el peor de todos los males de la política dominicana, si la ciudadanía sigue callando. Qué triste es constatar que no nos respetamos.  Y que 171 años después estemos repitiendo la misma historia, como si nada hubiese pasado.

 

 



[1] Ferdinand Lasalle, ¿Qué es una Constitución?, Editado por www.elaleph.com,1999, p. 34.
[2] Ibídem
[3] Ibídem, p. 35.

EDGAR MORIN Y PAULO FREIRE. y 2


ENCUENTROS

EDGAR MORIN Y PAULO FREIRE. y 2

Todo conocimiento opera mediante la selección de datos significativos y rechazo de datos no significativos: separa (distingue o desarticula) y une (asocia, identifica); jerarquiza (lo principal, lo secundario) y centraliza (en función de un núcleo de nociones maestras). Estas operaciones, que utilizan la lógica, son de hecho comandadas por principios "supralógicos" de organización del pensamiento o paradigmas, principios ocultos que gobiernan nuestra visión de las cosas y del mundo sin que tengamos conciencia de ello. Edgar Morín

El pensamiento no es sólo conocimiento / detección de las constancias, regularidades, "leyes", presentes y en acción en la naturaleza. Es también estrategia, y como toda estrategia no sólo debe utilizar al máximo su conocimiento del orden, sino también afrontar la incertidumbre, el alea, es decir, las zonas de indeterminación y de impredictibilidad que encuentra en lo real… Edgar Morín

 

En el artículo anterior exponíamos las ideas principales sobre un diálogo imaginario entre Edgar Morín y Paulo Freire. El primero, padre de la teoría de la complejidad, y el segundo  de la pedagogía de la libertad.  Este diálogo entre especialistas en ambos pensadores culminó, como señalamos en la entrega anterior, con un libro coordinado por Carlos Núñez Hurtado titulado "Diálogos Freire-Morín", publicado en el año 2007 por el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y El Caribe (CREFAL).  El libro, como dijimos, fue el producto de un evento realizado en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara en el año 2001. 

 

En esta segunda parte abordaremos las dos últimos aspectos: lo ético y los compromisos y las opciones políticas.   El moderador de la mesa tres, Carlos Garza, contó que fue testigo, de un diálogo enjundioso entre Morín y Octavio Paz, en el año 1998, y dice, "fue uno de los regalos que le da a uno la vida."  Acto seguida se pregunta el porqué Freire y Morín se preocuparon tanto por el tema de la ética. De inmediato comenzaron las reacciones:

1. Alípio Casali: "Para Paulo Freire el problema del conocimiento es implícitamente el problema de la ética, porque preguntarse por la validez y el sentido del conocimiento es al mismo tiempo preguntarse por el sentido de la vida humana…Paulo Freire es algo así como la figura que forman los perfiles y Morín es el fondo…Desde mi punto de vista, la construcción de la ética en Morín proviene de una experiencia personal muy fuerte que es la experiencia de la injusticia, de la incomprensión de la discriminación…El proceso de construcción de la ética de Paulo Freire es el inverso… el punto de partida es la vida, pero no la vida vivida de cualquier manera, sino la vida vivida con dignidad. La vida es potencialidad-acto, pero también es potencialidad-posibilidad; la vida…"

2. Ana María Araújo Freire: "La construcción de la ética en Paulo Freire comenzó a partir de su vivencia concreta con las clases populares..Fue así como comenzó una especie de mayéutica concreta…cuyo punto de partida eran los actores…Entonces…fue madurando…la ética que tiene como intención la producción y reproducción de la vida con dignidad y con respeto, independientemente de sexo, religión, clase, condición social o niveles del saber. El centro de las preocupaciones de Paulo era la corporeidad de cada persona…La ética no es neutra. Se da en un contexto y está ligada a un proyecto político".

3. Emilio Roger: "Yo no estoy seguro de que se pueda separa la ética de la política. Los problemas humanos obviamente son problemas éticos porque el estar-ahí en el mundo es un estar ético…El problema de la pobreza en el mundo obviamente es un problema ético, pero las soluciones son, a mi juicio, políticas…"

4. Emilio Roger: "Edgar Morín siempre ha dicho, desde sus primeros escritos, que a él lo que le importa es la política, porque toda su problemática epistemológica parte de ella…En este mundo en el que vivimos hasta qué punto podemos situarnos solamente en el problema de la moralidad sin bajar al terreno de la legalidad, que en resumidas cuentas es el de la lucha política: si quieres transformar el mundo has de cambiar las normas, las reglas y las leyes. Y esa lucha, insisto, es una lucha política…."

5. Cristina Cárdenas: "Yo quisiera resaltar ahora las nociones de compromiso y responsabilidad…Yo creo que toda la reflexión de Morín tiende justamente a que tomemos conciencia de los puntos de ceguera y no tanto a decirnos cuáles son esos puntos de ceguera… El problema es que nosotros, como seres sociales, tenemos que asumir los riesgos, las incertidumbres, las grandes posibilidades de error. Tal vez lo que cambia fundamentalmente es la conciencia con la que damos los pasos, la conciencia de que nos movemos en esta incertidumbre, de que la complejidad está ahí y de que a nosotros nos toca asumir nuestra parte…

 

Este diálogo entre seres que han tenido experiencia con Morín y Freire es apasionante. Los pensamientos de estos dos gigantes no son homogéneos, pero si semejantes, y, por supuesto, con sus diferencias. Ambos llegan a la misma conclusión: el compromiso ético para transformar el mundo en beneficio de todos.  Mientras Freire tomó el camino del trabajo solidario, Morín navega por el conocimiento histórico hasta llegar a darse cuenta que debemos reinventar este mundo que transita hacia su propia destrucción. 

 

La reacción de los participantes después de haber escuchado a los especialista es interesantísima y más que motivadora:

 

"Podríamos decir que la salud no es independiente de la enfermedad, que en todos estos desequilibrios hay una materia que desconocemos y que mueve la historia y nos mueve a nosotros. Y para terminar les regalo lo mejor: no crean nada de lo que les dije, nada más sospechen de ustedes mismos".

 

Como pueden ver, lo importante es la duda. No hubo conclusiones ni certezas. No dar nada por sentado, pero sobre todo, necesitamos un compromiso colectivo para cambiar esta sociedad que en medio de sus luces, lujos, dinero, poder, sexo fácil ha sido la responsable del temible cambio ambiental que deteriora nuestro planeta, de la pobreza injustificada, de las drogas, de los vicios…. una sociedad que se deslumbra con el tecnicismo sin objetivo…. Abogan estos dos colosos por el compromiso ético para poder ser actores del cambio que se pide a gritos en todos los rincones de la tierra, pero que los detentores de los poderes públicos se niegan a escuchar.

EDGAR MORIN Y PAULO FREIRE. 1


ENCUENTROS

 EDGAR MORIN Y PAULO FREIRE. 1

 

El amor es un acto de valentía, nunca de temor; el amor es compromiso con los hombres.

Quien instaura el odio no son los odiados sino los que odian primero.

La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor.

El diálogo no impone, no manipula, no domestica, no esloganiza.

No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza.

Los oprimidos han de ser el ejemplo de sí mismos, en la lucha por su redención.

No es en la resignación en la que nos afirmamos, sino en la rebeldía frente a las injusticias.

 

La confianza de las masas en el liderazgo, implica la confianza que éstas tengan en ellas.

 

Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes sin las cuales la escucha no se puede dar.

 

Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión.

 

Sería una contradicción si los opresores no sólo defendiesen sino practicasen una educación liberadora.

 

Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.  Paulo Freire

 

Mientras leía y escribía sobre Edgar Morín, especialmente sobre sus ideas pedagógicas y educativas,  concluía que había ideas y planteamientos que me recordaban mucho a Paulo Freire.  Comentando con la amiga Sara Guilamo sobre mi periplo acerca del pensamiento complejo, me decía que ambos se parecían en la duda como punto de partida para el conocimiento, pues Freire hablaba de la pedagogía de la pregunta como motivación y búsqueda. 

 

Me quedé con la inquietud. Comencé a buscar respuestas. En mi búsqueda tuve la suerte de encontrar un libro que llamó mi atención: "Diálogos Freire-Morín", publicación que fue coordinada por Carlos Núñez Hurtado publicado en el año 2007 por el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y El Caribe (CREFAL).  El libro fue el producto de un evento realizado en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara en el año 2001.  La actividad académica y su posterior publicación fue el producto de una simple pregunta que Núñez Hurtado se hizo e hizo a varias personas: ¿Hubo algún encuentro entre Morín y Freire? la respuesta fue siempre negativa. En el prefacio del libro Núñez Hurtado señala:

 

No se conocieron y nunca intercambiaron directamente sus ideas..Nos preguntamos entones el por qué de la gran afinidad de pensamiento, enfoques, temas y propuestas de estos dos grandes pensadores y humanistas…Es muy interesante constatar las conceptualizaciones y los énfasis que cada uno dio a los temas que para ellos…son estratégicos frente a la crisis civilizatoria que vivimos. La primera respuesta que me viene a la cabeza es sencilla y quizás hasta obvia. Y es que ambos son, y han sido, seres profundamente humanos, consecuentes, éticos, comprometidos vitalmente con el mundo, con la época histórica y con los hombres y mujeres concretos que pueblan nuestro convulsionado planeta. Y es desde esa posición ética, y desde ese honesto y libre compromiso intelectual, que han ofrecido su abrazo a las mejores causas de nuestro mundo, y en particular, desde y hacia los más débiles.

 

El evento se desarrolló en dos días. Se trabajaron cuatro temas predeterminados: Paradigma educativo, marco epistemológico, componente ético  y compromiso sociopolítico. Participaron especialistas en el pensamiento de Morín y en el de Freire, a saber: Ana María Araújo Freire, Emilio Roger, Enrique Luengo, Oscar Jara, Raúl Domingo Mota, Alfredo Gutiérrez, Alipio Casali, Pedro Pontual, Cristina Cárdenas, Raúl Magañay Carlos Núñez.

 

El diálogo comenzó con dos preguntas claves formuladas por el moderador Miguel Bazdresch: ¿Cuáles son, para ustedes, los ingredientes centrales que proponen nuestros inspiradores para construir el nuevo paradigma educativo? ¿Es posible identificar una articulación entre las ideas de estos dos pensadores? Las respuestas fueron muy interesantes

 

1. Ana María Araújo Freire: "Hablando del paradigma, cuestiones como la dialogicidad, la amoricidad y la politicidad son fundamentales en la teoría de Paulo… Si nosotros reunimos estos tres reunimos estos tres elementos tendremos una visión de complejidad, de totalidad, y por tanto, de dialecticidad….

2. Emilio Roger:  "Yo creo que un nuevo paradigma no se trata solo de ubicar a los individuos sino también de proporcionarles estrategias de pensamiento para que puedan negociar con las nuevas realidades sociohistóricas y para que puedan incluso resistir a la presión de los nuevos contextos sociales, históricos y políticos ejercen sobre ellos…Como profesor de universidad, yo pienso que los individuos que lanzamos a la calle…son individuos mentalmente escindidos… que…funcionan sobre la base de dicotomías excluyentes… salen entrenados en la capacidad de separar…se prima hoy en día la mentalidad de la eficacia de la técnica.

3. Oscar Jara: "Desde mi punto de vista los paradigmas generalmente se asumen como unas grandes formulaciones abstractas e ideales, y yo más bien diría lo contrario: el paradigma hace referencia a los fundamentos o a las bases fundantes a partir de las cuales uno se dirige a los demás…"

4. Enrique Luengo: "Este paradigma de la complejidad nos puede llevar a una mejor comprensión sobre el mundo, nos puede llevar a una mayor solidaridad, a una mayor responsabilidad, a una mayor compasión. Comprensión, solidaridad y compasión van unidas. El paradigma de la complejidad nos puede llevar a una nueva ética y a una nueva antropología."

 

Después de las intervenciones hubo participación de todo el mundo a través de reflexiones grupales que se dieron a conocer en una plenaria.  Acto seguido se pasó al debates sobre el conocimiento y sus aproximaciones epistemológicas.  El moderador de esta parte, Juan Manuel Delgado, inició la provocación partiendo del concepto de sujeto, analizado críticamente desde la perspectiva crítica del sujeto cartesiano o escindido. Veamos las respuestas:

1. Raúl Domingo Mota: "El sujeto tiene que reubicarse en la historia, pero al mismo tiempo tiene que recuperar su propio cuerpo reubicándose en la historia de la biología, de la física, de la química, en la historia del universo."

2. Pedro Pontual: "Ambos proponen objetos cognoscitivos y métodos para aproximar a los sujetos cognoscibles; así, la tarea de construcción del conocimiento no puede limitarse a la concepción tradicional de la relación enseñanza-aprendizaje, es decir, a la concepción bancaria."

3. Alípo Casali: "Para referirme a Paulo Freire voy a partir de una experiencia personal con él, una experiencia de trabajo académico y político…desde esa experiencia…pude ver cómo este hombre enfrentó con claridad su coraje todos los problemas y sometió todo su pensamiento y su fama a un reto práctico que podría no funcionar muy bien: en este reto su historia y su condición simbólica, casi mítica, estaban comprometidas."

4. Alfredo Gutiérrez:  Lo que cuestiona Morín acerca de la idea de la recuperación del sujeto es cómo vamos a hacer ciencia sin el que hace la ciencia, o, en otras palabras, hasta dónde puede llegar un conocimiento que prescinde de quien piensa, de quién reflexiona, de quien tiene la experiencia, el sentimiento la motivación y la misión de educar…Estamos experimentando una división modular del sujeto que nos hace más usables, como la harina que ha perdido la figura del pan original…

Una pena que el tiempo se agotó!  Solo pudimos ver sucintamente dos de las cuatro mesas de trabajo.  Seguimos en la próxima.

 

 

 

 

 

 

EDGAR MORIN: REFORMAR LA POLITICA PARA TRANSFORMAR EL MUNDO


ENCUENTROS

 EDGAR MORIN:  REFORMAR LA POLITICA PARA TRANSFORMAR EL MUNDO

Dedicado a mi hermana-amiga mexicana Patricia Gascón Muro

 

Morir soñando, sí, mas si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar; nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?, Miguel de Unamuno


Edgar Morín es una personalidad en el mundo, especialmente en su Francia natal.  En 1997 publicó su obra "Una política de la civilización", en la cual el autor profundiza su análisis sobre el estado del mundo, proponiendo una reforma de la política y del pensamiento a fin de superar la crisis de credibilidad existente e el mundo.

La periodista Anne Rapin, publicó en la revista francesa Label France, en su edición No. 28 07-87  una entrevista muy interesante a Edgar Morín, en la cual el autor plantea una severa crítica a los políticos del mundo, especialmente del occidental, su tecnicismo exagerado, pero sobre todo el individualismo que promueve el más cruel de todos los egoísmos:

Todo aquello que constituyó la faz luminosa de la civilización occidental presenta ahora un envés cada vez más negro.  Así, el individualismo, que es una de las grandes conquistas de la civilización occidental presenta ahora un envés cada vez más negro.  Así, el individualismo, que es una de las grandes conquistas de la civilización occidental, genera hoy cada vez más fenómenos de atomización, de soledad, de egocentrismo o de degradación de la solidaridad.  Otro producto ambivalente de nuestra civilización es la técnica, que ha a los hombres de enormes gastos energéticos confiándoselos a las máquinas, pero ha hecho que la sociedad sea esclava de la lógica cuantitativa de dichas máquinas.

El pensador francés es crítico con la economía capitalista mundial.  Los industriales, en su búsqueda de ganancias, producen masivamente bienes para que la gente los compre en los mercados.  Y esa es, dice el pensador, la causa de la contaminación y de la degradación que está amenazando la biósfera:

El automóvil es un perfecto ejemplo de los vicios y virtudes de nuestra civilización. Incluso la ciencia, de la que se pensaba que solo aportaba beneficios, conlleva aspectos preocupantes como son el peligro atómico o la manipulación genética.

Morín es crítico con la idea del progreso occidental.  Señala que se suponía que con el paso del tiempo viviríamos mejor, pero ha sucedido lo contario.  Critica el mito civilizador de occidente así como del marxismo:

Así podemos decir que el mito del progreso, fundamento de nuestra civilización que pretendía que el mañana sería indudablemente mejor que el presente, y que compartían el mundo del oeste y el mundo del este -puesto que el comunismo prometía un porvenir radiante- ha caído en cuento mito.

La lógica pregunta que provoca esa afirmación es la que le hizo el periodista: Esta crisis ¿concierne solamente a las sociedades occidentales?  La respuesta no se hizo esperar.  Su punto de partida es que occidente y su cultura de consumo se ha expandido por el mundo:

Es una situación general en la medida en que la civilización occidental se ha mundializado, al igual que es el ideal al que había llamado desarrollo… Sin embargo, nos damos cuenta de que el desarrollo, contemplado únicamente desde un punto de vista económico, no descarta ni mucho menos un subdesarrollo humano y moral… Esta degradación de la calidad respecto a la cantidad es síntoma de nuestra crisis de civilización, pues vivíamos en un mundo dominado por la lógica técnica, económica y científica…

Morín sostiene que la crisis actual del mundo debe asociarse a la saturación, ahogado por problemas que es incapaz de resolver.  Solo podría asociarse a la caída del Imperio Romano. Su ambición sin medida de conquista y poder exacerbó su capacidad, provocándose primero la división y posteriormente su derrota definitiva.

El periodista le preguntó sobre la diferencia entre la mundialización y globalización que impera en el mundo y la llamada "era planetaria" que aboga el intelectual:

La mundialización tiene evidentemente un aspecto muy destructor por propiciar el anonimato, la uniformación de culturas, la homogeneización de las identidades, pero representa también una oportunidad única para los hombres de las diferentes culturas del planeta comunicarse, comprenderse y favorecer los mestizajes.

Para Morín, una de las razones para que la situación se agrave es la política y los políticos, y sobre todo por su visión individualizada de los problemas colectivos y sociales.  Propone el diseño de políticas civilizadoras humanizadas y humanizantes.  Por esta razón, el periodista le pregunta: ¿En qué supone nuestro modo de pensar y aprehender la realidad un impedimento para superar nuestros problemas actuales?   Morín aboga entonces por la reforma del pensamiento diciendo:

La reforma del pensamiento enseña a afrontar la complejidad con ayuda de instrumentos, de conceptos capaces de relacionar los diferentes saberes que están a nuestra disposición en este fin del siglo XX. Se trata de algo vital para esta era planetaria en la que se ha hecho imposible, y artificial, aislar a escala nacional un problema importante.  Esta reforma de pensamiento, que precisa a su vez de una reforma de pensamiento, que precisa a su vez una reforma de la educación, no está en marcha en ningún sitio y sin embargo es necesaria.

Finaliza la entrevista entre su canto triste de canción desesperada por el mundo y su necesidad de anunciar la esperanza.  El mundo va por mal camino.  Es necesario, aseguraba y asegura, pensar en un futuro diferente, pensar que somos del planeta, no de una nación o continente:

Las razones que me hacen tener esperanza se fundan igualmente en el hecho de que estamos en la prehistoria del espíritu humano, lo que significa que las capacidades mentales están aún subexplotadas, especialmente en el plano de las relaciones con los demás. Somos bárbaros en las relaciones con los demás, no solamente entre religiones y pueblos diferentes sino en el seno de una misma familia, entre los padres donde falta comprensión. … el peligro nos ayudará tal vez a salvarnos, a condición de tomar conciencia de ello.

¡Qué hermosa conclusión!  Morín aboga por la unidad de la raza humana, sin importar el color, ni la religión… sin importar nada… solo el hecho de que formamos parte de la humanidad como un todo.

 

 

EDGAR MORIN Y LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO. ENFRENTAR LAS INCERTIDUMBRES PARA ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN


ENCUENTROS

 EDGAR MORIN Y  LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO. ENFRENTAR LAS INCERTIDUMBRES PARA ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN

Dedicado a mi hermana-amiga mexicana Patricia Gascón Muro

 

Crepúsculo marino,
en medio
de mi vida,
las olas como uvas,
la soledad del cielo,
me llenas
y desbordas,
todo el mar,
todo el cielo,
movimiento
y espacio,
los batallones blancos
de la espuma,
la tierra anaranjada,
la cintura
incendiada
del sol en agonía,
tantos
dones y dones,
aves
que acuden a sus sueños,
y el mar, el mar,
aroma
suspendido,
coro de sal sonora,
mientras tanto,
nosotros,
los hombres,
junto al agua,
luchando
y esperando
junto al mar,
esperando.

Poema: Pablo Neruda

 

Continuamos con la serie de artículo de la obra de Edgar Morín bajo el título “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”.  En  las entregas anteriores hablamos de los siguientes saberes: “Las cegueras del conocimiento”; “Los principios de un conocimiento pertinente”; “Enseñar la condición humana” y “Enseñar la identidad terrenal”.

Como podrá verse, estos 7 saberes constituyen una síntesis de lo que hemos venido planteando a lo largo de esta serie.  El saber 5, “Enfrentar las incertidumbres”, fue más o menos descritos en el artículo titulado “La educación como enseñanza de la incertidumbre” publicado en el mes de marzo pasado. En esta oportunidad, Morín inicia su reflexión partiendo de una serie de interesantes preguntas:

¿Quién hubiera pensado en la primavera de 1914 que un atentado cometido en Sarajevo desencadenaría una guerra mundial que duraría cuatro años y que provocaría millones de víctimas?

¿Quién hubiera pensado en 1916 que el ejército ruso se disgregaría y que un partido marxista marginal provocaría, contrario a su propia doctrina, una revolución comunista en octubre de 1917?...

Quien hubiera pensado que Hitler llegaría legalmente al poder en 1933?...

¿Quién hubiera pensado en 1943, en plena alianza entre soviéticos y occidentales, que sobrevendría la guerra fría entre estos mismos aliados tres años después?

¿Quién hubiera pensado en 1980, a parte de algunos iluminados, que el imperio Soviético implosionaría en 1989?

¿Quién hubiera imaginado que en 1989 la Guerra del Golfo y la guerra que desintegraría a Yugoslavia?...

Nadie puede responder a estas preguntas…. Y tal vez permanezcan sin respuestas aún en el siglo XXI… (p. 40)

Se responde Morín diciendo que la historia camina de forma inesperada, no linealmente como planteaban los marxistas, sino con desviaciones y creaciones internas, o también por accidentes externos, o sencillamente por el azar mismo. La historia es un complejo proceso de orden, de desorden y de organización. Concluye su planteamiento diciendo que toda evolución es el producto de la desviación que se desarrolla, provocando la transformación del sistema.  La desviación, dice, lleva en si misma el germen de la desorganización, pero luego las reorganiza.

 Así pues, la humanidad ha vivido la aventura de lo incierto y lo desconocido. La incertidumbre ha sido su signo al caminar.  Morín afirma que existen varios tipos de incertidumbres, a saber:

1.       La incertidumbre de lo real.  “Nuestra realidad no es otra que nuestra idea de la realidad”. (p. 42)

2.       La incertidumbre del conocimiento.  No hay dudas que el conocimiento avanza gracias a la aventura incierta de la duda.

3.       Las incertidumbres y la ecología de la acción. Es definida por Morín como la toma de conciencia de que la acción es decisión, elección y apuesta.  “La ecología de la acción es, en suma, tener en cuenta su propia complejidad, es decir, riesgo, azar, iniciativa, decisión, inesperado, imprevisto, conciencia de desviaciones y transformaciones.” (P. 43)

Concluye este apartado que el signo de la humanidad es la “impredicibilidad en el largo plazo”. Se pueden hacer cálculos sobre los efectos de una medida, pero es muy difícil.  Ninguna acción, afirma Morín, tiene la certeza de que obrar en el sentido de su intención. Pues aunque se tomen decisiones con plena conciencia, la incertidumbre se vuelve la “plena conciencia de una apuesta”.  Y es esa sensación de incertidumbre constante lo que ha permitido a la humanidad a caminar, a transitar en el tiempo y el espacio.

Enseñar la incertidumbre para desarrollar la comprensión, es la gran tarea de la educación del siglo XXI.  La comprensión se ha vuelto esencial para los seres humanos. Es importante diferenciarla de la información. Ninguna tecnología aporta comprensión: “la comprensión, dice Morín, no puede digitarse.”  Educar va más allá de la comprensión de las matemáticas, la geografía o la historia.  Educar para la comprensión humana es otra cosa.  Esa es la verdadera misión espiritual de la educación: debemos propiciar la comprensión entre las personas, como condición y garantía de la solidaridad y la ética.

Comunicarnos bien nos lleva a la comprensión.  Comprender no es almacenar información.  Comprender significa que intelectual y racionalmente podemos aprehender y explicar lo que hemos leído.  Pero la comprensión humana va más allá, sobrepasa la explicación, lo meramente intelectual y objetivo; pues comprender implica, necesariamente, un proceso de empatía, identificación y proyección. 

Educar para comprender requiere el abandono del egoísmo y la auto justificación, y sobre todo la auto-glorificación, y la tendencia a acusar a los demás, extraños o no, de ser la causa de todos los males. Propone entonces Morín la “ética de la comprensión”:

La ética de la comprensión es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada. Pide un gran esfuerzo ya que no puede esperar ninguna reciprocidad…La ética de la comprensión pide argumentar y refutar en vez de excomulgar… La comprensión  no excusa ni acusa: ella nos pide evitar la condena perentoria, irremediable, como si uno mismo no hubiera conocido nunca la flaqueza ni  hubiera cometido errores. Si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas. (p. 50)

 

Finalmente esta “ética de la comprensión” implica la interiorización profunda de la tolerancia, y la asunción de que la cultura debe ser plantearía, pues la comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana.  El planeta, finaliza el pensador, necesita urgentemente de comprensiones mutuas en todos los sentidos y en todos los planos.  Pero, ojo, el desarrollo de la comprensión requiere de una reforma urgente de las mentalidades.  En ese punto la educación juega un papel vital.   

 

 

 

EDGAR MORIN Y LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO. Enseñar la condición humana y la identidad terrenal.


ENCUENTROS

 EDGAR MORIN Y  LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO.  Enseñar la condición humana y la identidad terrenal.

Dedicado a mi hermana-amiga mexicana Patricia Gascón Muro

 

La educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana.  Estamos en la era planetaria; una aventura común se apodera de los seres humanos donde quiera que estén.  Estos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo cuanto es humano.  Conocer lo humano es, principalmente, situarlo en el universo y a la vez separarlo de él…. Edgar Morín, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. 

 

Seguimos trabajando con la obra de Edgar Morín bajo el título “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”.  En  las dos a entregas anteriores hablamos del primer saber: “Las cegueras del conocimiento”; y del segundo saber: “Los principios de un conocimiento pertinente”.  Hoy abordaremos los saberes tres y cuatro: “Enseñar la condición humana” y “Enseñar la identidad terrenal”.

Para enseñar la condición humana, tenemos que interrogarnos primero sobre nuestra situación en el mundo.  La educación del siglo XXI exige que vinculemos los conocimientos resultantes de las ciencias naturales con el fin de ubicar la condición humana en el mundo, de las resultantes de las ciencias humanas para poder aclarar las multi dimensionalidades y sobre todo, las complejidades de la propia humanidad. Pero es también aprender a integrar el aporte inconmensurable de las humanidades, no solo de la filosofía y la  historia, sino también de la literatura y las artes.

Comprender la condición humana es estar consciente de que pertenecemos al universo, que no es ordenado, ni perfecto y ni eterno; sino que es producto del devenir disperso, en el que actúan el orden, el desorden y la organización: “Esta época cósmica de la organización, sujeta sin cesar a las fuerzas de desorganización y de dispersión, es también la epopeya de la religazón que solo impidió al cosmos que se dispersara o desvaneciera tan pronto nación.  En el centro de la aventura cósmica, en lo más alto del desarrollo prodigioso de una rama singular de la auto-organización viviente, seguimos la aventura a nuestro modo...” (P. 22)-

En esta concepción el ser humano es a su vez plenamente biológico, plenamente cultural y plenamente universal.  Estamos integrados de mente y cuerpo, que no están divididos, sino que constituyen una unidad, unicidad, en las palabras de Morín.

En nuestra condición humana hay una triada integrada por el individuo-la sociedad y la especie. En esta perspectiva, los individuos son el producto del proceso reproductor de la especie humana, quienes a su vez producen la sociedad y ésta, certifica el surgimiento de la cultura. En esta perspectiva, dice Morín, “todo desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y del sentido de pertenencia de la especie humana.” (P.25)

El otro saber que según Morín debería ser tomado en cuenta en la educación del siglo XXI es: “Enseñar la identidad terrenal”.  Parte de una pregunta muy interesante: ¿Cómo podrían los ciudadanos del nuevo milenio pensar sus problemas y los problemas de su tiempo?  Se responde diciendo que es necesario que comprendamos que tanto la condición humana en el mundo, así como la condición del ser humano en la historia, hoy día debe verse como la de la era planetaria:

De allí, la esperanza de despejar un problema vital por excelencia que subordinaría todos los demás problemas vitales.  Pero este problema vital está constituido por el conjunto de los problemas vitales, es decir la intersolidaridad compleja de problemas, antagonismos, crisis, procesos incontrolados.  El problema planetario es un todo que se alimenta de ingredientes múltiples, conflictos, de crisis; los engloba, los aventaja y de regreso los alimenta. (p.29)

Sostiene Morín que la humanidad necesita concebir la complejidad del mundo intentando comprender que tanto la unidad como la diversidad del sistema planetario, así como sus complementariedades y sus antagonismos forman parte de un todo, que no es un sistema global, sino más bien un torbellino en movimiento que no posee un centro organizador.

Por esta razón, sigue diciendo el pensador, el planeta necesita un nuevo pensamiento policéntrico, que apueste al universalismo consciente de la unidad y de la diversidad de la condición humana; alimentado de todas las culturas.  Educar para este pensamiento es la finalidad de la educación del futuro que debe trabajar en la era planetaria para la identidad y la conciencia terrenal. (p. 30)

Y se justifica diciendo que el mundo se vuelve cada vez más un todo.  “Cada parte del mundo hace cada vez más partes del mundo, y el mundo como un todo está cada vez más presente en cada una de sus partes.” (PO. 30).

No hay dudas, plantea Morín, que la mundialización de hoy se ha convertido en una realidad unificadora y conflictiva a la vez.  ¿Por qué? Se preguntarán algunos, como me lo pregunté yo misma. A esta inquietud responde el pensador, que si bien el mundo se ha vuelta cada vez más UNO, al mismo tiempo se divide. Esta es la paradoja de la era planetaria,  es decir, la misma que une y desarticula al mismo tiempo:

La mundialización es realidad unificadora, pero hay que agregar inmediatamente que también es conflictiva en su esencia.  La unificación está cada vez más acompañada de su propio negativo, suscitado por su contra efecto: la balcanización….Los antagonismos entre naciones, entre religiones, entre laicismo y religión, entre modernidad y tradición, entre democracia y dictadura, entre ricos y pobres, mezclan los intereses estratégicos y económicos antagónicos de las grandes potencias y de las multinacionales dedicadas a la obtención de beneficios. (P. 32)

A partir de entonces Morín hace un balance sobre el legado del siglo XX, que no es nada halagüeño. Afirma que el siglo pasado fue el fruto de la alianza de dos barbaries:  la primera llega desde el “fondo de la noche de los tiempos y trae consigo guerra, masacre, deportación, fanatismo.” Y la segunda es la híper racionalización que olvida al ser humano, sobre todo su alma, ya que lo ha sometido a la esclavitud técnica e industrial.

El triste y contradictorio legado del siglo XX  puede resumirse en uno: la herencia de la muerte a través de sus armas y la destrucción del ambiente.  Somos responsables de la muerte ecológica.  Hemos provocado enfermedades que se han convertido en epidemias, como ha sido el caso del SIDA.  El desarrollo de la ciencia ha sido letal: bomba atómicas y armas biológicos, misiles…. “Si la modernidad se define como fe incondicional en el progreso de la técnica, en la ciencia, en el desarrollo económico, entonces esta modernidad está muerta.” (p. 34)

Todo no está perdido. Siempre queda la esperanza.  Gracias a esa inconformidad intrínseca de las seres humanos, se han desarrollado las contracorrientes que  han marcado la diferencia y han renovado los sueños de un mundo distinto en el que se asuma la solidaridad y la responsabilidad como el norte de la acción humana.

 

EDGAR MORIN Y LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO. ENFRENTAR LAS INCERTIDUMBRES PARA ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN


ENCUENTROS

 EDGAR MORIN Y  LOS SIETE SABERES NECESARIOS PARA LA EDUCACION DEL FUTURO. ENFRENTAR LAS INCERTIDUMBRES PARA ENSEÑAR LA COMPRENSIÓN

Dedicado a mi hermana-amiga mexicana Patricia Gascón Muro

 

Crepúsculo marino,
en medio
de mi vida,
las olas como uvas,
la soledad del cielo,
me llenas
y desbordas,
todo el mar,
todo el cielo,
movimiento
y espacio,
los batallones blancos
de la espuma,
la tierra anaranjada,
la cintura
incendiada
del sol en agonía,
tantos
dones y dones,
aves
que acuden a sus sueños,
y el mar, el mar,
aroma
suspendido,
coro de sal sonora,
mientras tanto,
nosotros,
los hombres,
junto al agua,
luchando
y esperando
junto al mar,
esperando.

Poema: Pablo Neruda

 

Continuamos con la serie de artículo de la obra de Edgar Morín bajo el título “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”.  En  las entregas anteriores hablamos de los siguientes saberes: “Las cegueras del conocimiento”; “Los principios de un conocimiento pertinente”; “Enseñar la condición humana” y “Enseñar la identidad terrenal”.

Como podrá verse, estos 7 saberes constituyen una síntesis de lo que hemos venido planteando a lo largo de esta serie.  El saber 5, “Enfrentar las incertidumbres”, fue más o menos descritos en el artículo titulado “La educación como enseñanza de la incertidumbre” publicado en el mes de marzo pasado. En esta oportunidad, Morín inicia su reflexión partiendo de una serie de interesantes preguntas:

¿Quién hubiera pensado en la primavera de 1914 que un atentado cometido en Sarajevo desencadenaría una guerra mundial que duraría cuatro años y que provocaría millones de víctimas?

¿Quién hubiera pensado en 1916 que el ejército ruso se disgregaría y que un partido marxista marginal provocaría, contrario a su propia doctrina, una revolución comunista en octubre de 1917?...

Quien hubiera pensado que Hitler llegaría legalmente al poder en 1933?...

¿Quién hubiera pensado en 1943, en plena alianza entre soviéticos y occidentales, que sobrevendría la guerra fría entre estos mismos aliados tres años después?

¿Quién hubiera pensado en 1980, a parte de algunos iluminados, que el imperio Soviético implosionaría en 1989?

¿Quién hubiera imaginado que en 1989 la Guerra del Golfo y la guerra que desintegraría a Yugoslavia?...

Nadie puede responder a estas preguntas…. Y tal vez permanezcan sin respuestas aún en el siglo XXI… (p. 40)

Se responde Morín diciendo que la historia camina de forma inesperada, no linealmente como planteaban los marxistas, sino con desviaciones y creaciones internas, o también por accidentes externos, o sencillamente por el azar mismo. La historia es un complejo proceso de orden, de desorden y de organización. Concluye su planteamiento diciendo que toda evolución es el producto de la desviación que se desarrolla, provocando la transformación del sistema.  La desviación, dice, lleva en si misma el germen de la desorganización, pero luego las reorganiza.

 Así pues, la humanidad ha vivido la aventura de lo incierto y lo desconocido. La incertidumbre ha sido su signo al caminar.  Morín afirma que existen varios tipos de incertidumbres, a saber:

1.       La incertidumbre de lo real.  “Nuestra realidad no es otra que nuestra idea de la realidad”. (p. 42)

2.       La incertidumbre del conocimiento.  No hay dudas que el conocimiento avanza gracias a la aventura incierta de la duda.

3.       Las incertidumbres y la ecología de la acción. Es definida por Morín como la toma de conciencia de que la acción es decisión, elección y apuesta.  “La ecología de la acción es, en suma, tener en cuenta su propia complejidad, es decir, riesgo, azar, iniciativa, decisión, inesperado, imprevisto, conciencia de desviaciones y transformaciones.” (P. 43)

Concluye este apartado que el signo de la humanidad es la “impredicibilidad en el largo plazo”. Se pueden hacer cálculos sobre los efectos de una medida, pero es muy difícil.  Ninguna acción, afirma Morín, tiene la certeza de que obrar en el sentido de su intención. Pues aunque se tomen decisiones con plena conciencia, la incertidumbre se vuelve la “plena conciencia de una apuesta”.  Y es esa sensación de incertidumbre constante lo que ha permitido a la humanidad a caminar, a transitar en el tiempo y el espacio.

Enseñar la incertidumbre para desarrollar la comprensión, es la gran tarea de la educación del siglo XXI.  La comprensión se ha vuelto esencial para los seres humanos. Es importante diferenciarla de la información. Ninguna tecnología aporta comprensión: “la comprensión, dice Morín, no puede digitarse.”  Educar va más allá de la comprensión de las matemáticas, la geografía o la historia.  Educar para la comprensión humana es otra cosa.  Esa es la verdadera misión espiritual de la educación: debemos propiciar la comprensión entre las personas, como condición y garantía de la solidaridad y la ética.

Comunicarnos bien nos lleva a la comprensión.  Comprender no es almacenar información.  Comprender significa que intelectual y racionalmente podemos aprehender y explicar lo que hemos leído.  Pero la comprensión humana va más allá, sobrepasa la explicación, lo meramente intelectual y objetivo; pues comprender implica, necesariamente, un proceso de empatía, identificación y proyección. 

Educar para comprender requiere el abandono del egoísmo y la auto justificación, y sobre todo la auto-glorificación, y la tendencia a acusar a los demás, extraños o no, de ser la causa de todos los males. Propone entonces Morín la “ética de la comprensión”:

La ética de la comprensión es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada. Pide un gran esfuerzo ya que no puede esperar ninguna reciprocidad…La ética de la comprensión pide argumentar y refutar en vez de excomulgar… La comprensión  no excusa ni acusa: ella nos pide evitar la condena perentoria, irremediable, como si uno mismo no hubiera conocido nunca la flaqueza ni  hubiera cometido errores. Si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas. (p. 50)

 

Finalmente esta “ética de la comprensión” implica la interiorización profunda de la tolerancia, y la asunción de que la cultura debe ser plantearía, pues la comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana.  El planeta, finaliza el pensador, necesita urgentemente de comprensiones mutuas en todos los sentidos y en todos los planos.  Pero, ojo, el desarrollo de la comprensión requiere de una reforma urgente de las mentalidades.  En ese punto la educación juega un papel vital.