domingo, 4 de septiembre de 2016

Ortega y Gasset y su España Invertebrada, 2


ENCUENTROS



José Ortega y Gasset y seguimos con su España invertebrada,



Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben



Yo necesitaba para mi vida personal orientarme sobre los destinos de mi nación, a la que me sentía radicalmente adscrito. Hay quien sabe vivir como un sonámbulo; yo no he logrado aprender ese cómodo estilo de existencia. Necesito vivir de claridades y lo más despierto posible. Si yo hubiese encontrado libros que me orientasen con suficiente agudeza sobre los secretos que el camino que España lleva por la historia, me habría ahorrado el esfuerzo de tener que construirme malamente, con escasísimos conocimientos y materiales… un panorama esquemático de su evolución y de su anatomía… Pero el hombre no puede esperar… La vida es prisa. Yo necesitaba sin remisión ni demora aclararme un poco el rumbo de mi país a fin de evitar en mi conducta, por lo menos, las grandes estupideces… José Ortega y Gasset, Prólogo a la cuarta edición.[1]

Como hemos dicho en los dos artículos anteriores, he iniciado una serie sobre el pensamiento del gran intelectual español de principios del siglo XX: Don José Ortega y Gasset.  En el anterior, empezamos a hablar de una obra que impactó muchísimo en su época: La España Invertebrada, que fue publicada en 1922.

Comenzamos a resumir-presentar la primera parte del libro se titulada “Particularismo y Acción Directa”. Cuenta 9 apartados. Los dos primeros fueron abordados en la entrega anterior y llevaban por título “Incorporación y Desintegración”, “Potencia de Nacionalización”. En esta oportunidad trataremos de abordar los restantes: “¿Por qué hay separatismo?”, “Tanto Monta”, “Particularismo”, “Compartimentos Estancos”, “El Caso del Grupo Militar”, “Acción Directa”, y “Pronunciamientos”.

Se preguntaba el intelectual “¿Por qué hay separatismo?” su auto respuesta fue un largo e interesante artículo. Decía que uno de los grandes fenómenos y problemas de la vida política de España era la aparición desde los primeros años del siglo XX, de los regionalismos, separatismos y nacionalismos.  Se preguntaba también: ¿Son muchos los españoles que han llegado a hacerse cargo de cuál es la verdadera realidad de estos movimientos? Se respondía a sí mismo diciendo que no.

Enfrentó duramente a los nacionalismos de Cataluña y Vasconia. Decía que eran movimientos artificiosos, extraídos de la nada, y peor aún, sin causas ni motivos profundos.  Con estas posiciones han desvertebrado a España, que antes de sus apariciones era “una masa homogénea, sin discontinuidades cualitativas, sin confines interiores de unas partes con otras. Hablar ahora de regiones, de pueblos diferentes, de Cataluña, de Euzkadi, es cortar con un cuchillo una masa homogénea y tajar cuerpos distintos en lo que era un compacto volumen.”[2]

Afirma que estos separatismos surgieron por la codicia y la soberbia de unos cuantos hombres, y esta ambición, los ha llevado a una “faena de despedazamiento nacional que sin ellos y su caprichosa labor no existiría”[3]

El siguiente apartado se denomina “Tanto Monta”.  Admite como verdad la preeminencia de Castilla, pues “NO hay que ver más que la energía con que acierta a mandarse a sí misma, pues “ser emperador de sí mismo es la primera condición para imperar a los demás. Castilla se afana por superar en su propio corazón la tendencia al hermetismo aldeano, a la visión angosta de los intereses que reina en los demás pueblos ibéricos.”[4]

Ortega afirma que las naciones se construyen y fortalecen cuando existe una correcta y dinámica política internacional.   España, sigue diciendo, nació en la mente de Castilla, no como realidad, sino como un mañana imaginario “capaz de disciplinar el hoy y de orientarlo”.  Cuando Castilla se alió con Fernando de Aragón,  nació la unidad española, con el fin de lanzarla a los cuatros vientos, “para inundar el planeta, para crear un Imperio aún más amplio. La unidad de España se hace para esto y por esto…. “[5]  Así pues, Ortega apuesta por la unidad de España, y fustiga duramente los intentos separatistas de los vascos y catalanes, tal y como lo expresa en el párrafo que citamos a continuación:

Si Cataluña o Vasconia hubiesen sido las razas que ahora se imaginan ser, habrían dado un terrible tirón de Castilla cuando ésta comenzó a hacer particularista, es decir, a no contar debidamente con ellas. La sacudida en la periferia hubiese acaso despertado las antiguas virtudes del centro y no habrían por ventura, caído en la perdurable modorra de idiotez y egoísmo que ha sido durante tres siglos nuestra historia. [6]

No niega el gran intelectual, en el ensayo titulado  Compartimentos Estancos,  que en una nación, por muy unida que esté, existan pequeños grupos, pues el proceso de unificación de una sociedad tiene un contrapunteo de un proceso diferenciador que divide en clases, grupos profesionales, oficios y gremios. Pero nunca una división que implique separación.

En Acción Directa  Ortega sigue desarrollando su línea de pensamiento.  Defiende que una cosa es la diferencia natural en un grupo social y otra la escisión. Una sociedad, afirma, es el conjunto de individuos que pueden o no formar grupos. Y, sigue diciendo, cuando un grupo quiere algo en específico debe proceder a comunicarlo a los demás y negociar.  Así, la voluntad privada debe convertirse en una voluntad general.  Significa que la “acción directa” es la táctica que se deriva del particularismo de los intereses.

Ahí termina la primera parte de la obra.  En las próximas entregas hablaremos de la segunda parte, que él tituló como “La ausencia de los mejores”.  El espacio no nos permite seguir.  Finalizo con una reflexión de Ortega:

La insolidaridad actual produce un fenómeno muy característico de nuestra vida pública –que debemos meditar-: cualquiera tiene fuerza para deshacer –el militar, el obrero, esto o el otro político, éste o el grupo de periódicos-; pero nadie tiene fuerzas para hacer, ni siquiera para asegurar sus propios derechos.”[7]







[1] [1] Prólogo de la Cuarta Edición, José Ortega y Gasset, España invertebrada, hermanotemblon.com/.../Ortega%20y%20Gasset,%20Jose/Ortega%20y%20Gasset,%2, p. 21

[2] Ibidem, p. 31.
[3] Ibídem.
[4] Ibidem, p. 32
[5] Ibídem, p. 33
[6] Ibidem, p. 39
[7] Ibidem, p. 51

Ortega y Gasset y su España Invertebrada, 1


ENCUENTROS



José Ortega y Gasset y su España invertebrada



Por: Mu-Kien Adriana Sang Ben



Esta perspectiva histórica nos permite hacer una valoración de la vertebración o desvertebración de España hoy, preguntándonos si fue el de Ortega un diagnóstico acertado, si sigue siendo útil, qué se ha logrado y qué falta por hacer…

Este libro se presentaba como una “aplicación del método de la razón histórica, un estudio del proceso general de la integración y descomposición de las naciones, una teoría de la sociedad, como una ecuación de minoría ejemplar y una masa dócil a esa ejemplaridad, así como la explicación de fenómenos característicos de la Historia de España, como los pronunciamientos, los regionalismos y los separatismos, y la acción directa de determinados grupos sociales, en suma, los particularismos que disociaron nuestras clases y regiones.”

Todo esto se contiene en verdad en este libro, y lo convierte en un clásico del pensamiento español. Pero quizá su mayor atractivo resida hoy en el original y certero análisis del problema capital de España, derivado de los particularismos políticos y sociales, en especial de aquel que afecta a la unidad final de España: los llamados nacionalismos particularistas. Federico Trillo-Figueroa[1]



España está viviendo hoy día un proceso interesante de su desarrollo democrático e institucional. Por primera vez en su historia, los partidos tradicionales han tenido que pactar, sin quererlo, con los emergentes.  La crisis de la monarquía, obligó al hoy Rey emérito a renunciar a favor de su hijo Felipe que desde hace dos años es el Rey de España, una nación sumergida en crisis económica, política y sobre todo, de crisis de credibilidad de su principal institución cohesionadora: La Monarquía.  Gracias a un esfuerzo contundente del nuevo rey, se ha logrado detener la percepción sobre la institución que preside y le da sentido, a pesar de los escándalos familiares.

Los nacionalismos en España siguen vigentes. Un segmento de Cataluña lucha por alcanzar la independencia.  Los vascos están más tranquilos, pero en su tierra sigue latente el sentimiento conspirador del estatus quo del nacionalismo.

La “España Invertebrada” del gran Ortega y Gasset se escribió al calor de la realidad política, económica y social de su época.  Los artículos que recoge la pequeña obra fueron escritos en los convulsionados años de 1920-1922 en el diario El Sol.  España había colapsado como imperio, pues en el año de 1898 había perdido sus últimas posesiones ultramarinas.  Al mismo tiempo, la situación interna de la otrora gran nación imperial vivía momentos de ebullición política de los sectores sociales. Como afirma el prologuista de la obra, Trillo Figueroa, “A la pérdida de las últimas colonias sucedió la crisis de los partidos turnantes, incapaces, tanto de alcanzar liderazgos que sucedieran a los Canovas y Sagasta, manteniendo unidad de los partidos, cuando de abordar una auténtica regeneración del sistema que aquellos habían forjado en torno a la monarquía de Sagunto. Los movimientos obreros arraigaban al margen del sistema: los de carácter libertario en el medio rural, mientras que el sindicalismo socialista lo hacía en los núcleos urbanos e industriales.  La cuestión de Marruecos, pobre remedo de nuestro perdido carácter de potencia colonial, será la desencadenante de nuevas tensiones, que encontrarán respuesta en la movilización callejera y en una oposición asamblearia de carácter extra parlamentario.”[2]

Además de ese panorama bien descrito, los nacionalismos vasco y catalán habían iniciado la definición de sus respectivas características ideológicas, que se resumen, en una palabra: la separación.  En ese contexto se sitúa la reflexión de José Ortega y Gasset, en el que plantea la crisis histórica del proyecto que se había forjado en la nación española, de la unidad a la desarticulación.

La primera parte del libro se titula “Particularismo y Acción Directa”, que cuenta con varios apartados en los cuales resume sus reflexiones: “Incorporación y Desintegración”, “Potencia de Nacionalización”, “¿Por qué hay separatismo?”, “Tanto Monta”, “Particularismo”, “Compartimentos Estancos”, “El Caso del Grupo Militar”, “Acción Directa”, y “Pronunciamientos”.

Por razones de espacio, y sobre todo para no agotar a mis lectores, voy a hacer un resumen con las principales ideas.   Leer estos artículos constituyen un verdadero deleite para aquellos que amamos la historia, para quienes están, estamos, convencidos que el análisis histórico nos permite entender el presente. Pero, además, su prosa no es solo pulida, sino que demuestra en cada párrafo una erudición impresionante.

En la “Incorporación y Desintegración” plantea que la incorporación histórica no es la “dilatación de un núcleo inicial”, para justificar su posición habla del Imperio Romano como ejemplo de que la dilatación no siempre es positiva.  Asegura también que el sometimiento, la unificación por la fuerza y la incorporación compulsiva no implica, en modo alguno, la muerte de los grupos: “la fuerza de independencia que hay entre ellos perdura, bien que sometida; esto es, contenido su poder centrífugo por la energía central que los obliga a vivir como parte de un todo y no como todos aparte. Basta con que la fuerza central, escultora de la nación… amengüe, para que se vea automáticamente reaparecer la energía secesionista de los grupos adheridos.”[3]

En el segundo apartado, “Potencia de Nacionalización”, Ortega afirma que el poder creador de las naciones es una especie de “quid divinium”, es decir, un genio o talento tan especial y particular como lo son la poesía, la música y la religión.  Por esta razón, afirma, la historia ha evidenciado que existen pueblos cultos que carecen esa identidad cohesionadora, y sin embargo, hay otros, que sin ser muy cultos, tienen un alto grado de cohesionadora identidad.  En sus palabras: “En toda auténtica incorporación, la fuerza tiene un carácter adjetivo. La potencia verdaderamente sustantiva que impulsa y nutre el proceso es siempre un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común. Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente…No viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí… Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven para estar juntos, sino para hacer juntos algo…Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana….[4]

Lamentando enormemente que el espacio se agotó.  Me quedé con el deseo de seguir resumiendo este pensamiento profundo, agudo y culto del gran José Ortega y Gasset. Hasta la próxima.





[1] Prólogo de Federico Trillo-Figueroa, en José Ortega y Ga         sset, España invertebrada, hermanotemblon.com/.../Ortega%20y%20Gasset,%20Jose/Ortega%20y%20Gasset,%2
[2] Ibidem.
[3] Ibidem, p. 26
[4] Ibídem, pp. 28 y 29

Ortega y Gasset: el español visionario


ENCUENTROS

José Ortega Gasset, el español visionario, 1



La crítica ha de ser imparcial… ¿Qué es la imparcialidad? Serenidad, frialdad ante las cosas y ante los hechos. ¿Qué es la crítica? Clavar en la frente de las cosas y de los hechos un punzón o un punzón negro; arrastrarlos al lado de lo malo o al lado de lo bueno, siempre clavar, siempre arrastrar…

El crítico ha de luchar. La crítica es una lucha. ¿Cómo no se ha de descomponer el vestido? ¿Cómo puede flotar la serenidad sobre la lucha?

Pero mirando el trasluz la palabra imparcialidad, quiere decir impersonalidad. Ser impersonal es salirse fuera de sí mismo, hacer una escapada de la vida, sustraerse a la ley de la gravedad sentimental. De tal suerte…se podrá ser justo…José Ortega y Gasset, De la crítica personal[1]



Desde hace mucho tiempo he querido conocer a profundidad a José Ortega y Gasset, el español universal, quien con sus escritos revolucionó el mundo intelectual de inicios del siglo XX.  Ha estado en mi lista de pendientes por años.  Decidí iniciar, de una vez y por todas, una serie sobre el pensamiento de este hombre que a pesar de haber muerto hace 60 años, sigue vigente en el corazón y la mente de aquellos que se preocupan por el devenir de esta humanidad, que parece se apresura a auto destruirse, o por lo menos, a auto anularse.

José Ortega y Gasset nació en Madrid en 1883 en el seno de una acomodada familia madrileña, que por demás tenía una vida intelectual bastante activa.  Su abuelo materno fue el fundador del periótico El Imparcial; que años más tarde fue heredado por su padre en la dirección del periódico.  Tan arraigada era la vocación periodística que su hijo menor fundó el importante periódico El País.

La formación de Ortega y Gasset era envidiable. Obtuvo su doctorado en filosofía en el año 1904. Luego siguió su formación en Alemania, donde bebió de las obras de Kant y se afilió al neokantismo. Se casó con Rosa Spottorno, con quien procreó sus tres hijos: Miguel, Soledad y José.

Dos de sus primeras obras y quizás de la que mayor difusión tuvieron fueron “España Invertebrada” y “La rebelión de las masas”.  Activo intelectual, crítico mordaz y culto de su herencia, Ortega y Gasset no se amilanaba para expresar con valentía lo que pensaba.  Estaba siempre en algún proyecto intelectual.  Escribía en el Diario El Sol, fue el creador y el director de la Revista de Occidente.

Como hombre de las letras comprometido se sumó a la posición política que defendía la República, en desmedro de la monarquía en la España convulsionada de los años 30 del siglo XX. Fue incluso elegido como diputado por la provincia de León. Pero su pensamiento crítico lo hizo tomar distancia, renunciando al año de su elección, pues criticó duramente el curso que tomaba la República.  De ahí nació su discurso incendiario y conmovedor que tituló “Rectificación de la República”.  Como bien afirman los redactores del Diario El Seis Doble:

“En diciembre de 1931, Ortega pronunció una conferencia fundamental, esperada por todos y temida por muchos, que ha pasado a la historia como el momento en el que se escucharon las primeras voces de alarma de los desilusionados ante el rumbo equivocado que tomaba la República. Era una severa advertencia del peligro de disolución de España, a muy pocos meses de la llegada de un régimen que llegó acompañado de entusiasmo generalizado y oportunidades de grandeza política. El filósofo madrileño se había dirigido ya a las Cortes cuestionando las malas maneras, la intimidación del adversario, la cólera y la torpe identificación de las instituciones con los partidos gubernamentales.” El Seis Doble, lunes 8 de diciembre de 2014.

Localicé un fragmento del importante discurso en el Blog de Tácito en Plasencia.  Estos fragmentos son muy ejemplificadores de sus inquietudes y críticas:

“Nació esta República nuestra en forma tan ejemplar, que produjo la respetuosa sorpresa de todo el mundo. Caso insólito y envidiable. Acontecía un cambio de régimen, no por manejos ni golpes de manos, ni por subversiones parciales, sino de la manera inevitable, exuberante y sencilla que brota de la fruta en el frutal. Ese modo, diríamos espontáneo, de nacer la República, nos garantiza que el grave cambio no era una ligereza, no era un capricho, no era un ataque histérico, ni era una anécdota, sino que había sido una necesidad profunda de la nación española, que se sentía forzada a sacudir de sobre sí el cuerpo extraño de la monarquía.

Lo que no comprende es que habiendo sobrevenido la República con tanta plenitud y tan poca discordia, sin apenas herida, ni apenas dolores, hayan bastado siete meses para que empiece  a cundir por el país desazón, descontento, desánimo, en suma, tristeza. ¿Por qué no han hecho una vida agria y triste, bajo la joven constelación de la República naciente?

No voy a acusar a nadie, no solo porque repugno faena tal, sino porque, además sería injusto. Conozco a esos hombres que hoy dirigen la vida pública española –y me refiero, no solo a los Gobiernos, sino a muchos que militan próxima a ellos-, conozco a esos hombres y sé que la política peninsular no ha encontrado junto tesoro mayor de buena fe y de prontitud al sacrificio. Lo que pasa es que se han equivocado, que han cometido un amplio error en el modo de plantear la vida republicana…ese error cometido no le es imputable, sino que más bien son de él responsables las clases representantes del antiguo régimen, que ahora tan enconadamente combaten a esos hombres. ¿Pues qué? ¿Se quería que después de haberlos mantenido en permanente oposición, más aún, en virtual destierro de los negocios públicos, pudiesen esos hombres, de la noche a la mañana, improvisar la destreza, la soltura de mano y la óptica del gobernante? Publicado el 16 de febrero de 2012.

Es posible que no podamos entender el discurso fuera del contexto de la España convulsionada porque luchaba por el surgimiento y consolidación de una república. Existían contradicciones entre los grupos políticos republicanos.  Lo importante es rescatar el discurso para destacar la valentía de Ortega como intelectual comprometido con su tiempo.

Los artículos siguientes versarán sobre algunos de los trabajos escritos por este hombre inmortal. Reitero a mis lectores, que escribiendo estos ensayos leo y aprendo, mucho, mucho.  Siempre he dicho que la mejor manera de aprender es obligándote a escribir cosas nuevas.  En este viaje que emprendo hoy me adentraré en el pensamiento de esto hombre que he admirado mucho desde la distancia y la ignorancia. Hasta la próxima.





[1] José Ortega y Gasset, Obras completas, Tomo I (1902-1916), Madrid, Ediciones Castilla, Séptima edición, 1966, p.14.

Cuba y los indicios de sociedad civil


TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE



CUBA Y SUS LIBROS.  LA REINVENCIÓN COLONIAL. Indicios de la sociedad civil



Por: Mu-Kien Adriana Sang





@MuKienAdriana



Una de las nociones que con más fuerza ha irrumpida en la agenda de los historiadores en los dos últimas décadas ha sido esfera pública, sea en su versión original o en la adaptada de espacios públicos. A comienzos de los años 80 del siglo XX el concepto de esfera pública comenzó a interesar a las ciencias sociales que se ocupaban de las condiciones de la democracia a propósito de las transiciones desde las dictaduras de la Europa meridional, de América Latino poco después y, en particular, a partir de 1989, de la desaparición de los regímenes comunistas en el este de Europa.  [1]



José A. Piqueras es uno de los más importantes historiadores españoles de la España actual.  Es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Jaume, y desde hace muchos años tiene a Cuba como su objeto de investigación.  Ha publicado “Cuba, emporio y colonia” publicado en el año 2003 por el Fondo de Cultura Económica (FCE),  y, “Sociedad civil y poder en Cuba” publicado en 2006 por la editorial Siglo XXI, solo para mencionar algunos trabajos de su larga lista de publicaciones.



En la obra de compilación de interesantes ensayos sobre la historia de Cuba, Piqueras nos regala un trabajo sobre la sociedad civil de la Cuba de hoy.  Parte de las ideas de Habermas quien definía el concepto de lo público: 

Lo público había convivido durante siglos en relación dialéctica con lo privado, constreñido al máximo hasta que pudo ampliar su campo de acción y adquirió aplicación técnico-jurídica al surgir el Estado Moderno y separase de éste la sociedad civil; ese proceso, siguiendo a los autores clásicos, lo identifica históricamente con la emergencia y el asentimiento de la sociedad burguesa, precisamente, se institucionaliza a través de la esfera pública, de la publicidad de lo político.[2]



Después hace un repaso con los principales autores clásicos que han abordado el concepto de sociedad civil: Locke, Hegel y Gramsci.  Plantea que la posición gramsciana le resultaba la más práctica para referirse a la Cuba del siglo XIX.  Piqueras plantea dos momentos importantes, a saber:



1.       1878—1898 en el que se evidencia la emergencia de la clase media con conciencia de su papel. “Podemos ver a las… clases medias desplegar todo un repertorio de respuestas y actividades, en su mayor parte articuladas por abogados, médicos, técnicos y publicistas que en muchos casos se vinculan a la política que es posible realizar dentro del orden social establecido del sistema político vigente, aún cuando aspiren a modificarlo.”[3]

2.       El segundo período abarca las décadas iniciales de la República. En ese momento, dice el autor,  es que puede aplicarse la teoría de Gramsci. “Aquí, dice Piqueras, la hegemonía no se disputa a través de la cultura, o no lo hace esencialmente mediante la cultura, sino que es una consecuencia de la participación en la guerra de independencia y de las redes clientelares creadas durante la lucha en las regiones de procedencia.  Es por ello que los intelectuales-pensadores ceden protagonismo a otro tipo de intelectuales orgánicos, los llamados “generales y doctores”… La autoridad que despliegan les permite controlar en buena medida desde arriba el tejido asociativo que no cesa de crecer y desarrollarse después de 1899.”[4] 



En relación a la sociedad civil Piqueras plantea dos ideas fundamentales. En primer lugar sostiene que en el siglo XIX en Cuba no puede reconocerse la existencia de la sociedad civil, y cuando aparece es muy débil.  Esto se explica, sigue diciendo el autor, debido a la persistencia del régimen colonial. En segundo lugar, dice, es cuando se producen los cambios en el último cuarto del siglo XIX.  “La Revolución gloriosa de septiembre modificó el régimen político español; la insurrección mambí de 10 de octubre puso a prueba la voluntad de llevar las reformas a la colonia, entre ellas los nuevos derechos reconocidos en la metrópoli libertad de reunión, asociación y prensa, derecho a elegir a las autoridades locales y a los representantes en Cortes.”[5] En ese momento se puede hablar de un cierto auge de las organizaciones sociales y, por tanto, de la sociedad civil.



Este avance sin embargo, se vio retrasada, aletargada más bien, en el siglo XX, especialmente después de la revolución cubana que comenzó en enero de 1959. La desconfianza a la ciudadanía era el signo.  Con el tiempo, y los cambios que se produjeron en las sociedades comunistas en Europa hicieron que resurgiera en La Habana el sentimiento de asociación en pequeños grupos.  Después de un largo recorrido sobre la historia política de Cuba, Piqueras concluye:

Al observar el pasado de Cuba a menudo nos hemos dejado ganar por la imagen deslumbrante que los ideólogos de la cubanidad fijaron en el siglo XIX y comienzos del XX, muchos de ellos provenientes del autonomismo y todos convencidos de su patriotismo. Es más, el retraso del país en acceder a la independencia – y hasta en demandarla de manera colectiva- era suplido con una sublimación del número y la calidad de realizaciones culturales… A falta de una nación política, imaginaron con carácter retrospectivo una potente nación de tinta y papel que todavía pregna la historiografía más nacionalista y menos crítica de Cuba y sobre Cuba. [6]



Me encantó el artículo. Plantea, con una envidiable formación teórica, una crítica a la interpretación tradicional de la historia cubana. Una motivación para seguir leyendo a Piqueras, pues su visión desde la lejanía, ofrece una perspectiva diferente a lo que tradicionalmente hemos conocido en la historia cubana.



[1]José A. Piqueras, ”Fronteras y densidad de la sociedad civil en Cuba”, en  Imilcy Balboa (editora), La reinvención colonial de Cuba, Santa Cruz de Tenerife, España, Ediciones Idea, 2012,
[2] Jürgen Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, citado por Piqueras, op. cit. p. 421.
[3] Piqueras, op.cit., p.424
[4] Ibidem, p. 426.
[5] Ibidem, p. 432.
[6] Ibidem, p.444.

Cuba: espacios y transgresiones


TEMAS SOBRE HAITI, REPUBLICA DOMINICANA Y EL CARIBE



CUBA Y SUS LIBROS.  LA REINVENCIÓN COLONIAL. Espacios y transgresiones.



Por: Mu-Kien Adriana Sang





@MuKienAdriana

 
 La servicia cruel e inhumano trato que hacía tiempos experimentaba de su marido, en términos de haberla puesto en los últimos momentos de perder la vida, lo que había silenciado hasta entonces para que no trascendiera a otros, desesperanzada ya de remedio intentaba divorciarse perpetuamente, mediante a que ella no había dado causa o motivo para semejantes tratamientos, y le había guardado la lealtad y fidelidad a su matrimonio.  
[1]



La profesora Hernández Fox, profesora de la Universidad Externado de Colombia, escribió un artículo dramático sobre las condiciones de la mujer cubana a en los siglos XVIII y XIX. Inicia su artículo contando las peripecias Doña María Felicia Jáuregui contra su marido, Don Francisco Basabe en octubre de 1793. Cansada de vejámenes y castigos injustos, esta pobre mujer recurrió a la justicia para denunciarlo y solicitar el divorcio.  La demandante recibió el peso de una legislación que defendía a los esposos y sobre todo la condena moral y religiosa de la sociedad de su época y de la Iglesia Católica, por haber osado levantar la voz en contra de su marido:



El modelo de familia monogámica patriarcal…quedó reflejado en una serie de discursos normativos. La Iglesia ponderaba a la familia como el ámbito vital para el aprendizaje de los comportamientos virtuoso. En su seno, las mujeres debían hacer gala de castidad, suavidad, compasión, de sumisión al padre y esposo, guía del hogar. La literatura piadosa les persuadía de dedicarse con abnegación a su destino el matrimonio y la maternidad. Sus labores primordiales se encaminaban a velar por el buen funcionamiento de la casa, el cuidado de los ancianos o enfermos, la crianza y la educación religiosa de los niños. [2]



Destaca la autora que la familia no solo era un pilar de la Iglesia Católica, sino también de la Corona. En efecto, durante el siglo XVIII el Rey de España, Carlos III, promulgó varias cédulas reales que pretendían regular el entorno familiar y, oigan bien, también las prácticas sexuales.  Una de estas disposiciones fue la “Pragmática sanción sobre los matrimonios” promulgada en marzo de 1776.



En esta nueva legislación el padre gozaba de la patria potestad para decidir sobre el matrimonio de sus hijos menores de 25 años. Esta disposición no aplicaba, como era de esperarse, a las razas consideradas como menores, es decir, negros y mulatos.



El problema con esta disposición, dice la autora, es que con el crecimiento de las plantaciones azucareras, los matrimonios interraciales se hicieron cada vez más frecuentes. Tantos eran estas uniones que la Corona de España tuvo que dictaminar al respecto.  Así lo hizo.  En la Real Cédula del 15 de octubre de 1805 y el Auto Acordado del 22 de mayo de 1806, abordan el tema.  Mediante estas dos disposiciones se prohibía a los sacerdotes celebrar matrimonios sin contar con la autorización expresa del Capitán General.  ¿Consecuencia lógica? La propagación de la unión libre, que se convirtió en una estrategia para poder burlar las disposiciones y una práctica de adaptación social para también evitar los costos que significaban formalizar las uniones libres:



Un retrato de los hogares de los sectores más humildes, nos devuelve la imagen de parejas con hijos solteros, madres solas con sus niños o de una gran variedad de residentes que de algún modo se relacionaban entre sí.[3]



Con la llegada del siglo XIX, algunos intelectuales comenzaron a preocuparse por la situación social.  La condición de la mujer era dramática. La necesidad y la nueva apertura trajeron consigo la incorporación de la mujer blanca al trabajo, especificamos la raza porque las negras y mestizas, por sus propias circunstancias de exclusión, tenían que trabajar.  Dice la autora, que el censo de 1846 arrojó que el 41% de las mujeres libres de color trabajaba y el 19% de mujeres blancas también se habían incorporado al mercado laboral.  Este proceso fue muy interesante.  Muchas de las mujeres trabajaban en su vivienda. Con el tiempo, se convirtieron en talleres. Lamentablemente, a pesar de las cifras, estos cambios no llegaron a los hogares de las mujeres de las plantaciones de azúcar o café. 



A pesar de los avances en materia laboral, no se tradujeron en materia cultural e ideológica. La mujer siguió siendo dominada por el marido, quien era el propietario legal de su cuerpo, de sus ilusiones y de sus sueños.  Las esposas estaban destinadas a complacer al marido y criar a los hijos.  Lo más terrible era que las mujeres cuyos esposos consideraban que habían cometido falta, podían ser castigadas:



El castigo a las mujeres por parte de sus parejas era algo frecuente, un patrón de actuación que abarcaba a todas las clases sociales.  Estas agresiones alcanzaban ribetes más crueles cuando se hallaban asociadas a los adulterios, entonces podían ser privadas de los alimentos y sometidas a palizas y humillaciones de todo tipo. [4]

Como era de esperarse, el matrimonio no tenía disolución, no importa la gravedad del problema entre las parejas.  Sin embargo, las autoridades eclesiásticas, en casos muy excepcionales, concedieron divorcios o separaciones autorizadas, pues ninguno de los dos miembros de la pareja podría casarse de nuevo mientras uno de los dos estuviera vivo. 



Así pues, la familia constituyó el espacio fundamental para el control social, tanto de la Corona como de la Iglesia Católica. Por suerte, hubo mujeres como Doña María Felicia Jáuregui, por atreverse a denunciar los vejámenes cometidos por su esposo Francisco Basabe.  Mujeres como ellas sembraron para que hoy nosotras tengamos mayor libertad.



Con este artículo finalizo la serie sobre este interesantísimo libro “La reinvención colonial de Cuba” que coordinó la historiadora Imilcy Balboa Navarro.  Y finalizamos para no aburrir a los lectores, pues cuenta con otros interesantísimos ensayos, pero para muestra varios botones.

Hasta la próxima.



[1] Cuadernos de Audiencia de las diligencias por Doña María Felicia Jáuregui contra Don Francisco Basabe sobre divorcio, citado por Leonor A. Hernández Fox, ”Espacios y transgresiones. Familia y mujer en Cuba durante el siglo XIX, en  Imilcy Balboa (editora), La reinvención colonial de Cuba, Santa Cruz de Tenerife, España, Ediciones Idea, 2012, p.334.
[2]  Leonor A. Hernández Fox,”Espacios y transgresiones… op. cit. p.337. 
[3] Ibidem, p. 342.
[4] Ibidem, p. 350.