domingo, 14 de abril de 2013

La muerte realidad y temor


ENCUENTROS

LA MUERTE: REALIDAD Y TEMOR

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Si la muerte pisa mi huerto
¿quién firmará que he muerto
de muerte natural?
¿Quién lo voceará en mi pueblo?
¿quién pondrá un lazo negro
al entreabierto portal?
¿Quién será ese buen amigo
que morirá conmigo,
aunque sea un tanto así?...

¿Quién pondrá fin a mi diario
al caer
la última hoja en mi calendario?
¿Quién me hablará ente sollozos?
¿quién besará mis ojos
para darles la luz?...

¿Y quién será el nuevo dueño
de mi casa y mis sueños...?

¿Quién pondrá fin a mi diario
al caer
la última hoja en mi calendario? (
Joan Manuel Serrat)

La vida es un maravilloso viaje a través del tiempo, que se inicia cuando abrimos los ojos al mundo, y, con nuestro primer grito anunciamos nuestra llegada. Pasan los días, los meses y los años, crecemos, nos insertamos como podemos en la sociedad que nos presenta sus puertas. Finaliza cuando cerramos los ojos para siempre e iniciamos el viaje hacia la eternidad.

La muerte es un enigma. Todos los que tenemos la dicha de disfrutar el estar vivos, le tememos y por esa razón nos alejamos de ella. Sin embargo, en nuestras vidas cotidianas  hemos tenido que enfrentar la verdad con la partida de familiares queridos y amigos entrañables. Vida y muerte es parte del dilema vital de contrarios, como las lágrimas y las risas; el trabajo y la diversión; la amistad y la enemistad; el amor y la desilusión; porque el viaje de la vida oscila entre contrarios aparentemente antagónicos que se entrecruzan constantemente, convirtiendo la existencia en una deliciosa aventura.

La gran y constante pregunta que nos hacemos es ¿Hay vida después de la muerte física? Las respuestas son múltiples. Los que defienden la racionalidad a ultranza y asumen la vida como todo lo que puede verse y tocarse, niegan esa posibilidad. Los que creemos en la trascendencia de Dios aseguramos que después de la muerte física, se reinventa la existencia con una nueva forma de vida, que no tiene límites porque es eterna y trascendente.

El misterio de la muerte ha sido abordado por todas las culturas a través de los tiempos. Ha sido un tema recurrente en el cristianismo.  Los primeros cristianos buscaron explicaciones. En el Eclesiastés es abordado desde diferentes perspectivas.  Uno de los que más me impactó es el fragmento de un tiempo para cada cosa. Como dice el sabio escritor, que hay tiempo para cada cosa, y sobre todo, hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir.  En otro de sus capítulos aborda que la inminencia de la muerte no respeta a pobres, ni ricos, ni sabios ni necios, porque todos son, somos, iguales ante la muerte. 2:14 el sabio tiene los ojos bien puestos, mientras que el necio camina en tinieblas. Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte. 2:15 Y me dije a mí mismo: si la suerte del necio será también la mía, ¿para qué, entonces, me hice más sabio?...

Pero la inquietud expresada en ese fragmento es contestada por el mismo autor, cuando se refiere a la condición humana. Yo he visto algo más bajo el sol: en lugar del derecho, la maldad y en lugar de la justicia, la iniquidad. "3:17 Entonces me dije a mí mismo:
Dios juzgará al justo y al malvado,  porque allá hay un tiempo para cada cosa y para cada acción. 3:18 Yo pensé acerca de los hombres: si Dios los prueba, es para que vean que no se distinguen de los animales. 3:19 Porque los hombres y los animales
tienen todos la misma suerte: como mueren unos, mueren también los otros.
Todos tienen el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias,
porque todo es vanidad. 3:20 Todos van hacia el mismo lugar: todo viene del polvo y todo retorna al polvo... 3:22 Por eso, yo vi que lo único bueno para el hombre es alegrarse de sus obras, ya que esta es su parte: ¿Quién, en efecto, lo llevará a ver lo que habrá después de él?"

Esta reflexión convence a nosotros los creyentes, de que las buenas obras de hoy serán premiadas en el Cielo. Es la recompensa, el aliciente y la esperanza del cristiano. Saber que los malos, los depredadores, los necios, los malvados y deshonestos tendrán castigo en el cielo, reconforta y tranquiliza. Pero yo quiero más. Yo espero también que en la tierra sufran por los daños causados a mucha gente.

 Hurgando sobre el tema localicé un trabajo de Carolina Orozco titulado la concepción de la muerte en el judaísmo, hinduismo y la cultura indígena [i]  La autora señala que para los judíos sostienen que puede entenderse la muerte siempre y cuando se entiende la vida: "los judíos están claros que antes de morir tienen que seguir un ciclo natural de la vida aunado a un proceso de comprensión donde la muerte forma parte de este proceso natural al cual se deben adecuarse conociendo que Dios es el creador de la vida y la muerte; asimismo en el texto talmúdico se reseña que el fin del hombre se denomina con la muerte."  Un elemento interesante del judaísmo es que la muerte se concibe como la separación del alma y el cuerpo, "no ya como una de las consecuencias del pecado original, sino como el fin natural de la vida y el paso de este mundo a otro."[ii]

En el caso de los hindúes, dice la autora, la muerte es considerada una liberación porque la vida en la tierra es sólo sufrimiento, "es por ello que buscan alcanzar un estado óptimo de conciencia mediante el cual el alma no necesite reencarnar más en ningún cuerpo físico"


En las comunidades indígenas la muerte es el producto de fuerzas impredecibles e incompresibles.  Para los Warao, por ejemplo, como dice Carolina Orozco, "la muerte ocurría por causa de grandes fuerzas que ellos consideraban sobrenaturales o sagradas, que actuaban dirigidas por personas de la misma tribu que mayormente eran ancianos y que a su vez podrían tener cargos políticos dentro de la comunidad." [iii]


 

Eduardo Berti en su blog "Bertigo" hace una referencia sobre un trabajo muy interesante de un misionero y sinólogo jesuita y francés, Henri Doré (1859-1931), quien en 1926 publicó un fascinante « Manual de supersticiones chinas » que aborda con detalles las prácticas funerarias y las apariciones de espíritus. Dice Doré que en el momento en que el enfermo está a punto de expirar, se le quita la almohada porque es imperioso morir en paz, que  significa estar en posición horizontal. La almohada entonces pasa a ser considerada nefasta y se coloca sobre el techo de la casa para que se descomponga a la intemperie. Asimismo, en la China antigua se considera que el enfermo debe morir con atuendos nuevos, pero nunca de piel, porque corre el riesgo de reencarnar en el cuerpo de una bestia. El moribundo no debe ver sus propios pies o una maldición caerá sobre sus hijos. Sigue diciendo Doré que al morir los deudores esperan con rezos el séptimo día después de la muerte, para que el alma del difunto sea conducida a un estrado (wang-hiang) para que eche una última mirada a las cosas terrenales.[iv]

Recuerdo que en mi infancia tuve que despedir a mi único tío paterno. Nos hicieron vestir de blanco porque así el espiritu del difunto parte con tranquilidad. Nos prohibieron el uso de sombreros de papel y se llenó la casa de humo del incienso para protegerla de los espiritus.

Así pues, la muerte es parte integral de nuestras existencias.  Debemos amar la vida con pasión, como si fuera el último día, pero sin temor a morir, porque es y será siempre el estadio final de nuestra existencia en la tierra.

 

mu-kiensang@hotmail.com

mu-kiensang@pucmm.edu.do

@MuKienAdriana


 



[i] http://pairadeza.blogspot.com/2010/01/la-muerte-en-el-judaismo-hinduismo-y-la.html

 
[ii] Ibídem
 
[iii] Ibídem
[iv] http://eduardoberti.blogspot.com/2009/02/la-muerte-en-china.html

Hecha de palabras


ENCUENTROS

Estoy hecha de palabras

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 

La palabra pregunta y se contesta

tiene alas o se mete en los túneles

se desprende de la boca que habla

y se desliza en la oreja hasta el tímpano

la palabra es tan libre que da pánico

divulga los secretos sin aviso

e inventa la oración de los ateos

es el poder y no es el poder del alma

y el hueso de los himnos que hacen patria

la palabra es un callejón de suertes

y el registro de ausencias no queridas

puede sobrevivir al horizonte

y al que la armó cuando era pensamiento

puede ser como un perro o como un niño

y embadurnar de rojo la memoria

puede salir de caza en silencio

y regresar con el moral vacío

la palabra es correo del amor

pero también es arrabal del odio

golpea en las ventanas si diluvia

y el corazón le abre los postigos

y ya que la palabra besa y muerde

mejor la devolvemos al futuro, LA PALABRA,

Mario Bennedetti

 

En una entrevista que me hizo una periodista para un reportaje que salió publicado en la revista de CCN, Saber Vivir, le dije que mi vida había estaba hecha de las palabras.  Recuerdo su sorpresa. Me preguntó que por qué hacía una afirmación tan sorprendente y extraña. Le respondí: porque esa era mi verdad.

Sí, estoy hecha de palabras, porque fueron las palabras de mis padres las que me formaron en la tierna infancia. Fueron sus elogios, intervenciones oportunas  y sus reproches los que forjaron mi personalidad. Las palabras constituyeron el medio para interactuar con mis 8 hermanos. Los gritos de alegría cuando estábamos inmersos en los juegos infantiles; las palabras entrecortadas por el llanto enojado cuando se provocaba un altercado infantil. Los diálogos de confidencias en el mundo adulto, y los gestos y palabras de apoyo cuando alguno de nosotros sufre y padece una prueba difícil.

Sí, estoy hecha de palabras, porque siendo joven decidí ser maestra, decisión que trajo aparejada miles de frases, oraciones aprendidas y párrafos y páginas que les dictaba y  repetía una y otra vez. Hoy, después de más de cuatro décadas en las aulas, me doy cuenta de las miles de palabras inútiles que pronuncié porque no comprendía, quizás porque no podía hacerlo, que el aprendizaje es una avenida de doble vía. Entendí después  que los alumnos deben sentirse libres de decir lo que piensan a partir de sus propias experiencias. Aprendí, a fuerza del diálogo permanente con los jóvenes que, ni mis palabras ni las suyas constituyen verdades absolutas, que la verdad es relativa y se construye en la comunión crítica de las ideas.

Ay! sí, estoy hecha de palabras, pues cuando  decidí ser historiadora, tuve que aprender a interpretar los laberintos y entresijos de los discursos pronunciados por los actores de la historia, resguardados en los miles de documentos donde dejaron sus huellas. Leer con detenimiento las palabras escritas, sus sentidos profundos y sus contextos, para poder entender por qué, cómo y dónde fueron pronunciadas o escritas.  Aprender que lo que la lectura tiene sentido relativo y  va más allá de su acepción gramatical.

Ay! sí, estoy hecha de palabras, porque al intentar plasmar en estos Encuentros los laberintos de mi alma, he tenido que recurrir a ellas de forma constante, sin a veces encontrar las apropiadas para describir los múltiples colores que representan y expresan mis sentimientos.  A veces es difícil decir  lo que sentimos cuando algo o alguien nos hiere, o sencillamente cuando nuestro amor es tan profundo que no existe en el vocablo universal una palabra que lo interprete y defina.

Ay! sí, estoy hecha de palabras,  porque amo profundamente la poesía y su capacidad de dibujar los largos y difíciles laberintos del alma. Porque en la sensibilidad de los poetas y sus poemas logro comulgar  mis dilemas, mis angustias, mis alegrías y mis tristezas.

Ay! sí, estoy hecha de palabras, aunque confieso que en esa sociedad de hoy, la comunicación es inacabada, solitaria, porque el diálogo se ha convertido en monólogos colectivos en las redes sociales. Porque informar es más importante que comunicar, porque no nos interesa lo que el otro piensa o siente. Porque a través de las redes sociales decimos lo que sentimos y pensamos, sin detenernos  en el receptor; porque  ese monólogo solitario llena un vacío que la vida cotidiana es incapaz de suplir.

Ay! sí, estoy hecha de palabras, aunque a veces me convenzo que el silencio es más efectivo, que el lenguaje no verbal en ocasiones es más contundentes que mil discursos; porque los hechos dicen lo que pensamos y creemos, y a veces las declaraciones son solo poses hipócritas que no convencen a nadie.

Sí, estoy hecha de palabras, incluso de las que he pronunciado de forma inoportuna e inadecuada; de mis rabietas irracionales que sólo lastiman y no construyen. Como ser humano que soy, y por tanto me asumo finita y perfectible, quisiera recoger esas palabras, pero ya es tarde.  Y sí, aunque estoy hecha de palabras, el tiempo y los golpes, me han enseñado a callar, a observar, a sentir, a reflexionar y meditar, para poder ser más cuidadosa en lo que digo.  Y sí, estoy hecha de palabras, y cada día me convenzo más de que diré lo que pienso, aunque duela, aunque me duela. Lo prefiero así, porque no puedo seguir cosechando la hipocresía que se ha adueñado de esta sociedad, y sobre todo de sus palabras. Se dice lo que el otro quiere oír, no lo que pensamos. Alabamos al de arriba por pura conveniencia. Por eso digo y repito, sí, estoy hecha de palabras, y a través de ellas exclamaré lo que pienso y lo que siento.

mu-kiensang@hotmail.com

mu-kiensang@pucmm.edu.do

@MuKienAdriana


 

El tiempo y los calendarios


ENCUENTROS

EL TIEMPO Y LOS CALENDARIOS

Por: Mu-Kien Adriana Sang

 

EL Preciso tiempo necesita ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Mario Benedetti, Tiempo sin tiempo

 

 

La serpiente de agua, sabia, perspicaz y desconfiada,  hizo su aparición en el mundo, gracias a la vieja tradición del calendario lunar  chino.  Su vida será corta, pues habiendo nacido el pasado 10 de febrero, desaparecerá el 30 de enero de 2014.  El año Nuevo chino es conocido también como Festival de Primavera. Durante unas dos semanas los chinos del mundo y su descendencia celebraron por todo lo alto, junto a sus familiares y amigos. Se prepararon alimentos especiales. Los fuegos artificiales dieron el toque distintivo y especial .

En el caso de nuestra familia, la celebración no podía faltar. Nos juntamos las tres generaciones con el deseo de mantener la tradición y, sobre todo para que los más pequeños tengan la oportunidad de conocer la cultura de sus ancestros. Después de haber disfrutado y celebrado en familia la llegada de la serpiente, con abundante comida y sabrosa comida china, y de haber escuchado la estruendosa música que acompaña la danza de los leones, me puse a reflexionar sobre el tiempo.

El triunfo de la cultura occidental en todos los ámbitos, cultural, político y económico,  ha sido estremecedor para el resto del mundo. La Coca-Cola es más popular que el mate del cono sur, o que el café colombiano. Los códigos de vestimentas occidentales sustituyeron los kimonos japoneses, las hermosas faldas tejidas y bordadas de las indígenas latinoamericanas y los trajes exóticos de China o la India. Ya todos asumimos sus estándares en todos los sentidos. Y así no debe extrañarnos que occidente haya ganado también la batalla del tiempo. Una imposición donde las horas tienen valor económico y el reloj que marca irremediablemente el paso de los minutos y las horas nos obligan a llevar el ritmo y la prisa occidental, porque todo tiene precio y costo, hasta el descanso y el ocio. El calendario solar se apoderó de todos nosotros, de nuestras culturas y de nuestras vidas.

¿Fue siempre así? No, claro que no. Desde la antigüedad, el misterio del discurrir de los días ha estado presente. Las sociedades primitivas y antiguas, ante la incomprensión del fenómeno, buscaron explicaciones sobrehumanas y trascendentes.   Me puse a indagar. Quise saber sobre el signo de la serpiente. Y encontré que es un animal considerado sagrado en la astrología china. Pero lo más interesante es que en Mesoamérica la serpiente también era venerada por las más importantes culturas indígenas. Por ejemplo, el Dios Quetzalcoatl, es una Serpiente Emplumada. Era conocido como Kukulcan para los Mayas.

El calendario maya, que estuvo en la palestra hace unos días por la predicción mal interpretada de la llegada inminente del fin del mundo, establece la coexistencia de tres cuentas de tiempo: el calendario sagrado (tzolkin o bucxok, de 260 días), el civil (haab, de 365 días) y la cuenta larga. Según este calendario el tiempo es cíclico, porque se repite cada 52 años mayas. Los sacerdotes mayas, conocidos como ah kin, tenían obligación de tener conocimientos matemáticos y astronómicos que debían vincular a  la cosmovisión religiosa, que implicaba la predicción del futuro.

Los mayas no fueron los primeros. Hubo otras culturas mesoamericanas que crearon sus interpretaciones sobre el transcurso del tiempo, expresado en calendarios, como fue el caso de los olmecas. Lo interesante es que guardan muchas  similitudes, hecho que pone a los estudiosos del tema a concluir que en toda Mesoamérica se utilizó el mismo sistema calendárico.

También existió el calendario juliano, que es el antecesor del calendario gregoriano, que se basó en el movimiento del sol para medir el tiempo. Se aplicó en el 46 a. C. y fue adoptándose paulatinamente en Europa y sus colonias hasta que en 1582 se implantó la reforma gregoriana, del Papa Gregorio XIII.  Este boom no llegó a los países de religión ortodoxa, pues en Bulgaria, Rusia, Rumanía y Grecia, predominó el calendario juliano  hasta principios del siglo XX.  Un elemento interesante es que el calendario juliano sigue utilizándose en las liturgias de la Iglesia Ortodoxa. El calendario gregoriano nació en Europa. En la actualidad se utiliza de manera oficial en  todo el mundo.

Así pues, el calendario solar es el que domina en el mundo de hoy. Se diseñó en base a la posición de la Tierra en su revolución entorno al Sol. Un año tiene 365 días, pero cada cuatro años se le agrega un día, constituyendo los años bisiestos. Los entendidos en la materia afirman que el primer calendario solar nació en Egipto, después que se produjera una profunda reforma que sustituía al tradicional calendario lunar.

Para que entendamos la diferencia. El calendario lunar calcula los años según los ciclos de la luna. Cada lunación es un "mes lunar", o lo que es lo mismo entre los dos momentos en que la luna se encuentra exactamente en la misma fase. Cada mes lunar corresponde a 29 días solares. Se afirma que la mayoría de las culturas tuvieron calendario luni-solar. Estos  calendarios que no solo toman en cuenta los ciclos de la luna, sino también los del sol, que determinan las estaciones.  En general existen doce meses lunares por cada año solar, pero como los años lunares no coinciden con los años solares, cada cierto tiempo hay un año solar con trece lunas. El calendario judío, el chino y el hindú son lunisolares. En el caso de la cultura occidental cristiana, aunque el calendario utilizado es el solar, ciertas fechas (como la pascua) se fijan según un calendario lunisolar.

Lo cierto es que el tiempo ha sido un enigma, incluso para nosotros los hombres y mujeres de hoy.  La calendarización es tan solo un elemento más para pensar en su discurrir. El gran enigma es que hacer con él, cómo hacerlo productivo y cómo asumirlo como un paradigma inevitable del simple hecho de vivir.

 

mu-kiensang@hotmail.com

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@MuKienAdriana

El mundo de las abuelas


ENCUENTROS

El maravilloso mundo de las abuelas

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Dedicado a mi amigo/hermano José Chez Checo

Por los momentos más felices,
o por aquellos que han dejado cicatrices,
por el dolor acumulado o los errores cometidos,
por haber hecho hermano al enemigo
o por haber perdido al mejor amigo.


Sabiduría que brota en tus palabras,
en forma de consejos o regaños,
advertencias que deben ser tomadas en cuenta
y no a la ligera.....


Por eso abuelita y abuelito...

No te preocupes el ya no caminar aprisa,
así nos tardamos más en llegar a nuestro destino,
y podrás contarme más historias, de cuando eras niño,
de aquellos tiempos mejores que recuerdas con lágrimas...

No te preocupes, no estás solito,
tienes muchos nietos, aunque no conozcas sus nombres,
son todos aquellos que esperan que de allá arriba
les permitan llegar a esa bendita Tercera edad.
Henry Ricardo

Este artículo ha estado rondando en mi cabeza desde hace meses.  Lo había detenido para no darle la razón a mi amigo/hermano José Chez, quien en uno de nuestros encuentros cotidianos me dijo: "Mu-Kien, estoy esperando el artículo del nuevo nieto. Te conozco y se que estás pensando en escribir uno."  No le respondí. Sólo sonreí. Mucho me conoce el hermano y colega.  Para no darle la razón tan pronto, dejé descansar el artículo por unos meses, pero ya mi nuevo nieto, Andrés, tiene 8 meses y la vida de nuestra familia se ha llenado ¡otra vez! de ternura e inocencia. Entonces me dije: "Al diablo, le tendré que dar la razón al "plimo" Chez". 

Hoy decidí escribir el artículo porque al levantarme lo primero que vi al abrir los ojos fueron las sonrisas de mis dos nietos, los niños que han llenado de alegría todos los espacios de esta casa y alivian mi corazón angustiado por los problemas sociales de este país amado, tan lento para cambiar.

Fui abuela sin haber sido totalmente madre. ¡Qué gran ironía y que gran regalo me ha dado el Dios de la vida! Rafael Eduardo y Andrés Eduardo, llegaron después de que durante décadas había sido la tía "dulce", como me bautizó mi sobrino Julio  César, ido a destiempo. Las dos decenas de sobrinos y sobrinas que se sumaron al inmenso núcleo familiar, llenaron el vacío existencial.

Rafael Eduardo, mi nieto mayor, el que me enseñó a ser abuela, ya tiene 8 años.  Nuestra relación es de estrecha complicidad. A su lado he aprendido a disfrutar de lo pequeño y lo trivial. A su lado abandono mi traje de maestra, de historiadora, de escritora o funcionaria. A su lado soy solo una marioneta que él maneja a su antojo. Soy capaz de tirarme al piso aunque mi conjunto haya sido recientemente traído de la lavandería. A su lado, con sus preguntas acuciosas o sus historias escolares, olvido los problemas cotidianos o trascendentes y me refugio únicamente en la ternura. El tiempo se hace corto cuando inventamos cuentos o nos ponemos a hablar con la naturaleza, o sencillamente miramos al cielo y nos imaginamos las formas de las nubes.

Antes de nacer su hermanito Andrés me preguntó: "Abuela y cuando nazca él y nosotros dos? En su lenguaje infantil se preocupaba por la posible desatención. Le contesté con un abrazo grande y le dije al oído: "Tú vas a ser siempre mi primer nieto y mi niño favorito".  Entonces sonrió y siguió jugando.

Andrés Eduardo ya tiene 8 meses. Es un hermoso niño, muy parecido a su hermano, quien lo cuida y lo mima. Uno de mis mayores placeres es tener en mis brazos al bebé y al mismo tiempo jugar o conversar con el mayor. Me siento plena, abandonada a la mejor suerte del mundo. Antes de nacer me preguntaba si podría amarlo tanto como a Rafael Eduardo. La preocupación se disipó, porque el corazón es tan grande que anida mucho espacio de reserva para nuevos e intensos amores.

He reflexionado sobre mi condición de abuela, compartida con los otros múltiples roles que la vida elegida se empeñó en imponerme. Y al analizar este tejido complejo de roles, concluyo que he de agradecer a Rafael y a Andrés por el regalo de tenerlos en mi vida. La vida adulta, las responsabilidades laborales, los traumas existenciales que todos tenemos, los desengaños y desesperanzas nos endurecen el corazón. Pero tener de cerca la posibilidad de acariciar tu corazón con ternuras de llantos, de risas, de palabras repetidas, de abrazos, de miradas de complacencia, pero sobre todo, de inocencia pura, hace que necesariamente tengas que renovar la esperanza, el deseo de vivir, la decisión de seguir luchando para cambiar el mundo.

Pocas cosas son tan hermosas y gratificantes como los abrazos, los besos mojados, los tirones de pelos, las llamadas de atención que los niños nos ofrecen de forma gratuita y sincera. El haber podido vivir la niñez de mis decenas de sobrinos, y, muy especialmente de mis nietos, me obliga constantemente a redescubrir la vida. Entendí, a base de demandas de juegos, de preguntas inocentes y afirmaciones temerarias, que el mundo de los adultos es muy aburrido. Por eso, concluyo más que convencida que  es necesario, imprescindible más bien, guardar momentos para dar caricias a nuestros maltratados corazones,  pero sobre todo no dejar morir el niño o la niña que llevamos dentro.

Rafael Eduardo y Andrés son mis tesoros gratuitos, regalos de Dios, que me han permitido redescubrir el verdadero sentido de la ternura, del amor profundo y gratuito, de que las pequeñas cosas son tan importantes y verdaderas, como aquellas que definimos como las trascendentes e imprescindibles. Nada, nada, nada puede ser más importante que las sonrisas, los abrazos y los besos mojados y pegajosos de los niños que nos hacen redescubrir el amor sincero, sin traumas, trabas o interés de ningún tipo.

De nuevo doy gracias al Dios de la vida por la bendición de poder contar en mi vida con estos dos locos bajitos, como decía Joan Manuel Serrat, que me han hecho redescubrir una nueva dimensión del amor que es más grande que el propio universo. Soy feliz de sentir que soy un refugio más en sus vidas.

Cuando los abuelos entran por la puerta, la disciplina vuela por la ventana. (Ogden Nash)

Un abuelo es una persona con plata en el pelo y oro en su corazón. (Autor desconocido)

Todo el mundo debe tener acceso tanto a los abuelos como a los nietos, con el fin de ser un ser humano completo. (Margaret Mead)

La idea de que nadie es perfecto es un punto de vista más comúnmente llevado a cabo por personas que no tienen nietos. (Doug Larson)

Los abuelos son el mayor tesoro de la familia, los fundadores de un legado de amor, los mejores contadores de historias, los guardianes de las tradiciones que perduran en el recuerdo. Los abuelos son las bases solidas de la familia, su amor muy especial los diferencia. (Autor desconocido)

mu-kiensang@hotmail.com

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@MuKienAdriana

 

Carta a la mujer olvidada


ENCUENTROS

Canto a la mujer olvidada

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo, Gioconda Belli


Ayer el mundo celebró el Día Internacional de la Mujer. Hoy mi corazón y mis palabras se dirigen a las mujeres anónimas, ausentes y ajenas a esta celebración del triunfo de la voluntad y el decidido compromiso de seres nacidos bajo el sexo femenino que decidieron luchar contra la discriminación y la desigualdad.

Escribo hoy a las Anas, las Teresas, las Marías, las sin nombres conocidos ni sonoros, heroínas de la vida, quienes sin conocimiento alguno del movimiento feminista han roto cadenas, y que a pesar de las duras y múltiples adversidades, han logrado pequeñas-grandes victorias.

Escribo hoy a esas mujeres que nacieron en cunas donde el maltrato es el modus operandi. Maltrato físico, porque a bofetadas y palos les hacen aprender que los hombres son los que mandan, y que su cuerpo es solo una circunstancia, y que sus almas no tienen valor alguno.

Maltrato sexual, porque ellas abren sus piernas al sexo salvaje de los animales que las rodean sin hacer conciencia de que esa entrega ha de ser un acto de amor y placer. Maltrato sicológico porque la aceptación pasiva de la opresión es parte de la escala de valores aprendidos, que las hace asimilar que sentirse vejadas, incomprendidas y no tomadas en cuenta, es algo natural

Escribo hoy para esas mujeres, que sin conocer la palabra feminismo, han luchado duramente para romper el círculo de la pobreza y la marginación que les niega su humanidad. Ellas, las pocas que han podido hacer conciencia de su condición, han luchado y luchan por ganarse un espacio en las comunidades donde viven.

Escribo hoy para esas mujeres, madres solteras que luchan fervientemente para no caer en el camino fácil de la venta de sus cuerpos para sobrevivir. Escribo, y con estas palabras les tributo un homenaje sincero, porque a pesar de tener hambre y carencias de todo tipo saben que su cuerpo tiene valor intangible e inmaterial, por eso limpian las calles, venden sus jornadas laborales en las fábricas y las casas de familia.

Escribo hoy para las mujeres que a pesar de las carencias luchan porque sus hijos no caigan, presos de las necesidades, en el mundo de la delincuencia. Escribo para ellas, las que intentan educar a los suyos de que el peso bien ganado los dignifica.

Escribo hoy para las mujeres que en su lucha contra la adversidad, han logrado pequeños-grandes triunfos porque no vendieron su cuerpo cuando la desesperanza las arropaba; porque con su ejemplo enseñaron a sus hijos que el hambre y el frío pueden soportarse con estoicismo y dignidad.

Escribo para ellas, para esas valiosas mujeres, que enseñan con su ejemplo de lucha tenaz que el trabajo honrado, el que fuese, dignifica y las hace grandes.

Escribo para las mujeres que no tienen fotos en la prensa, porque son seres sin rostros. Porque sus labios largos, pequeños y grandes; porque sus cabellos rizos, lisos, cortos y largos; porque sus rostros angulados, redondos, cuadrados, arrugados; porque sus ojos negros, azules, verdes y marrones; porque sus cuerpos se entrecruzan y entremezclan en una apariencia singular de poder y rebeldía. Escribo para ellas porque sus ojos, sus rostros, sus labios, su pelo y su cuerpo unidos se convierten en uno: la mujer que ha logrado salvarse para dignificarnos.

A ustedes, las conocidas, las que no conozco ni conoceré, las que apenas entrecruzo una mirada o una sonrisa, a ustedes, las mujeres de la vida, las luchadoras eternas, van estas palabras para honrar sinceramente cada lágrima, cada sonrisa, cada caída y cada triunfo en el largo y abrupto camino de sus vidas.

Desde mi escritorio agradable, mi computadora de alta tecnología, mi ropa limpia y mi rostro maquillado, hago de sus llantos y desvelos los míos. Porque si bien doy gracias al Dios de la vida el haber nacido en cuna privilegiada; también me avergüenzo por no saber lo que se siente cuando el mañana es un enigma y el hoy es mera incertidumbre.

A ellas que no conocen la poesía feminista de Gioconda Belli, ni las poesías patrióticas de nuestra Salomé Ureña. A ellas, las que sin haber escuchado acerca de las luchas de las mujeres que como ellas rompieron cadenas, van estas palabras sinceras de reconocimiento humilde de esta mujer privilegiada que recibió el don de las palabras.




 

 

mu-kiensang@hotmail.com


@MuKienAdriana

Un solo Padre de la Patria


 

Solo un padre para esta patria

Por: Mu-Kien Adriana Sang



@MuKienAdriana

 

NAVEGANTE DE SUEÑOS

 

Duarte, eres héroe, navegante de sueños,

Honra y orgullo de nuestra nación:

con tu sangre pintaste el lienzo de la patria,

anhelo oprimido que buscaba esperanza.

Fuiste canto en el silencio de la noche,

fuego en el frío de nuestra necesidad,

ímpetu en la pasiva espera,

rayo y trueno, centella que asedia.

Con tu verbo ahuyentaste los temores mundanos,

promoviste en las masas complicidad y devoción;

Orquestaste la revuelta que estremeció los campos,

Liberaste a Quisqueya con himnos y disparos.

Mas la guerra no pudo manchar tus creencias,

Tu cuerpo era templo de culto al Creador;

Tu pensamiento perfume que perfumaba las sendas,

Tu empeño ejemplo de abnegación y entrega.

Por ello has sido y eres memoria,

Del ideal que redime al Estado y su honor,

la verdad que resalta entre las duras horas,

que nos llama a todos a entonar tu canción:

navegantes de sueños hemos de ser ahora,

hasta arribar al puerto de nuestra elección.

Cristian Román M.

 

Inicio esta columna con un poema escrito por  un joven soñador universitario, miembro activo del Club de Poesía de la PUCMM.  Lo escribió para una actividad que organizaron los jóvenes del  Club de Ideas Políticas y del Comité de Derecho, para conversar sobre los valores defendidos por Duarte durante su lucha política. Me invitaron a conversar con ellos, como expliqué en el Encuentro de la semana pasada. El acto contaba de dos partes. La primera era la lectura de dos poemas autoría de los propios jóvenes organizadores: una de Jeremy Jiménez, que engalanó el Encuentro de la semana pasada,  y la otra, la de Cristian Román, del Club de Poesía,  que engalana el de esta semana.

Durante la conversación con el centenar de jóvenes que fue a la actividad tuve que hacer un esfuerzo grande para responder a todas sus inquietudes.  Algunas preguntas fueron sobre aspectos puntuales de la vida del Patricio. Pero otras fueron de contenido. Me preguntaron, por ejemplo, porqué en nuestro país existían tres padres de la patria; sobre todo, porque dos de ellos, Mella y Sánchez se habían aliado a los sectores conservadores. El primero se alió a Santana y fue el responsable de la Comisión de alto nivel que fue a Europa a negociar ya sea la anexión o el reconocimiento. El otro, apoyó a Báez en un momento de su vida, pero se inmoló y limpió su nombre con su fusilamiento en El Cercado.  Otras preguntas versaron sobre el pensamiento de Duarte.  Al finalizar salí contenta y esperanzada.  A pesar de que existe una gran parte de la juventud que no tiene compromiso con el futuro de su patria, hay unos, muy pocos tal vez, que desean sinceramente contribuir en la transformación de su herencia.  Llenos de inquietudes y sueños, intentan comprometerse creando espacios de participación.

En el camino a la casa me quedé pensando sobre la trilogía patriótica.  ¿Debemos tener tres padres de la patria? ¿Cuáles son los criterios para designar a una persona como Padre de la Patria? La designación de la trilogía patriótica data del siglo XIX, específicamente durante la Dictadura de Ulises Heureaux, Lilís, quien en una ocurrencia muy típica suya, le dijo a uno de sus colaboradores que le inquirió sobre su decisión: "No muevas mucho el altar , que pueden caerse los santos".  Era su manera de no indagar demasiado sobre las vidas de los héroes designados como padres.

A mediados del siglo XX hubo en el país grandes polémicas entre los defensores de Sánchez y los de Mella.  Uno y otros se atacaban duramente.  Recuerdo en mis inicios como columnistas que el amigo Enriquillo Sánchez me dedicó un artículo cariñoso y duro contra mi posición crítica hacia la trilogía patriótica.  Quizás envuelta en los avatares de la vida, dejé pasar el tiempo sobre mi cuestionamiento hacia la trilogía patriótica.  Recuerdo una vez que mi buen amigo sacerdote Antonio, Tom, Lluberes, me decía que las sociedades necesitaban referentes y que a veces era preferible dejar algunos símbolos intactos.

Sin embargo, las preguntas críticas de los jóvenes y la celebración del bicentenario del nacimiento de Juan Pablo Duarte, han traído de nuevo mis viejas inquietudes y preocupaciones. Creo en justicia que EL PADRE DE LA PATRIA es sin lugar a dudas, Juan Pablo Duarte.  Este hombre entregó su vida, sus bienes, su juventud a la causa de una nación libre, independiente y soberana que se llamaría, y hoy llamamos con orgullo, República Dominicana.  Su trayectoria política fue limpia y honesta. 

Influenciado por el pensamiento liberal y romántico del siglo XIX que lo vio nacer, Juan Pablo Duarte se nutrió de las ideas de libertad.  Asumió el sentimiento de Patria como una guía para su vida. Influenciado, quizás, por el pensador francés, Fustel de Coulanges, quien afirmaba con convencimiento que patria es aquello que se ama. Duarte amó profundamente la tierra que lo vio nacer, y se forjó el sueño de hacerla libre e independiente de toda potencia extranjera. Fue coherente. Pero sobre todo, es el representante del ejercicio político limpio y ético.  Hizo de su accionar político un himno al thymos socrático, es decir, un canto a la acción política pura. 

Su estatura moral no necesita compañía, y mucho menos con dos seres que no supieron defender con firmeza los ideales de los trinitarios.  Estos hombres, Mella y Sánchez, envueltos por el calor  de los vaivenes políticos, hicieron alianzas y se doblegaron, escondieron y pisotearon principios e ideales.

Juan Pablo Duarte debe ser EL PADRE DE LA PATRIA.  Debe ser el inspirador para motorizar nuevos cambios y forjar nuevos ideales.  Debe ser el referente para seguir luchando por una democracia inclusiva, no excluyente;  por una democracia garante de las leyes; pero ante todo, el referente para medir la estatura moral y ética de los hombres y mujeres que asumieron la actividad política como su modo de vida.

Juan Pablo, Juan pueblo, Juan hombre, Juan inmortalizado por la historia sin manchas, Juan dolido y frustrado al ver que la República que forjó se desvanecía por los rencores y las ambiciones de los grupos.  Juan el paradigma de la acción política basada en ideales y no doblegada ni marcada por los intereses de dinero y poder.  Juan Pablo Duarte el verdadero y único Padre de la Patria.

Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin Honor.

Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.

Hay palabras que por las ideas que revelan llaman nuestra atención y atraen nuestras simpatías hacia los seres que las pronuncian. Juan Pablo Duarte