domingo, 14 de abril de 2013

Carta a la mujer olvidada


ENCUENTROS

Canto a la mujer olvidada

Por: Mu-Kien Adriana Sang

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo, Gioconda Belli


Ayer el mundo celebró el Día Internacional de la Mujer. Hoy mi corazón y mis palabras se dirigen a las mujeres anónimas, ausentes y ajenas a esta celebración del triunfo de la voluntad y el decidido compromiso de seres nacidos bajo el sexo femenino que decidieron luchar contra la discriminación y la desigualdad.

Escribo hoy a las Anas, las Teresas, las Marías, las sin nombres conocidos ni sonoros, heroínas de la vida, quienes sin conocimiento alguno del movimiento feminista han roto cadenas, y que a pesar de las duras y múltiples adversidades, han logrado pequeñas-grandes victorias.

Escribo hoy a esas mujeres que nacieron en cunas donde el maltrato es el modus operandi. Maltrato físico, porque a bofetadas y palos les hacen aprender que los hombres son los que mandan, y que su cuerpo es solo una circunstancia, y que sus almas no tienen valor alguno.

Maltrato sexual, porque ellas abren sus piernas al sexo salvaje de los animales que las rodean sin hacer conciencia de que esa entrega ha de ser un acto de amor y placer. Maltrato sicológico porque la aceptación pasiva de la opresión es parte de la escala de valores aprendidos, que las hace asimilar que sentirse vejadas, incomprendidas y no tomadas en cuenta, es algo natural

Escribo hoy para esas mujeres, que sin conocer la palabra feminismo, han luchado duramente para romper el círculo de la pobreza y la marginación que les niega su humanidad. Ellas, las pocas que han podido hacer conciencia de su condición, han luchado y luchan por ganarse un espacio en las comunidades donde viven.

Escribo hoy para esas mujeres, madres solteras que luchan fervientemente para no caer en el camino fácil de la venta de sus cuerpos para sobrevivir. Escribo, y con estas palabras les tributo un homenaje sincero, porque a pesar de tener hambre y carencias de todo tipo saben que su cuerpo tiene valor intangible e inmaterial, por eso limpian las calles, venden sus jornadas laborales en las fábricas y las casas de familia.

Escribo hoy para las mujeres que a pesar de las carencias luchan porque sus hijos no caigan, presos de las necesidades, en el mundo de la delincuencia. Escribo para ellas, las que intentan educar a los suyos de que el peso bien ganado los dignifica.

Escribo hoy para las mujeres que en su lucha contra la adversidad, han logrado pequeños-grandes triunfos porque no vendieron su cuerpo cuando la desesperanza las arropaba; porque con su ejemplo enseñaron a sus hijos que el hambre y el frío pueden soportarse con estoicismo y dignidad.

Escribo para ellas, para esas valiosas mujeres, que enseñan con su ejemplo de lucha tenaz que el trabajo honrado, el que fuese, dignifica y las hace grandes.

Escribo para las mujeres que no tienen fotos en la prensa, porque son seres sin rostros. Porque sus labios largos, pequeños y grandes; porque sus cabellos rizos, lisos, cortos y largos; porque sus rostros angulados, redondos, cuadrados, arrugados; porque sus ojos negros, azules, verdes y marrones; porque sus cuerpos se entrecruzan y entremezclan en una apariencia singular de poder y rebeldía. Escribo para ellas porque sus ojos, sus rostros, sus labios, su pelo y su cuerpo unidos se convierten en uno: la mujer que ha logrado salvarse para dignificarnos.

A ustedes, las conocidas, las que no conozco ni conoceré, las que apenas entrecruzo una mirada o una sonrisa, a ustedes, las mujeres de la vida, las luchadoras eternas, van estas palabras para honrar sinceramente cada lágrima, cada sonrisa, cada caída y cada triunfo en el largo y abrupto camino de sus vidas.

Desde mi escritorio agradable, mi computadora de alta tecnología, mi ropa limpia y mi rostro maquillado, hago de sus llantos y desvelos los míos. Porque si bien doy gracias al Dios de la vida el haber nacido en cuna privilegiada; también me avergüenzo por no saber lo que se siente cuando el mañana es un enigma y el hoy es mera incertidumbre.

A ellas que no conocen la poesía feminista de Gioconda Belli, ni las poesías patrióticas de nuestra Salomé Ureña. A ellas, las que sin haber escuchado acerca de las luchas de las mujeres que como ellas rompieron cadenas, van estas palabras sinceras de reconocimiento humilde de esta mujer privilegiada que recibió el don de las palabras.




 

 

mu-kiensang@hotmail.com


@MuKienAdriana

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