martes, 16 de abril de 2013

Hostos y la peregrinación de Bayoán


Pensamiento caribeño en el siglo XIX.

Hostos, 2. La peregrinación de Bayoán

Por: Mu-Kien Adriana Sang



@MuKienAdriana

Este libro, más que un libro, es un deseo; más que deseo, una intención; más que una intención, es sed. Sed de justicia y de verdad; Intención de probar que hay otra dicha mejor que la que el hombre busca: Deseo de que el ejemplo fructifique. Bayoán me lo dijo: “Feliz, amigo mío, quien tiene el valor del sufrimiento; porque ése, al concluir su peregrinación por este mundo, habrá encontrado su Jerusalén, su Dios”.

Vosotros, los que en vez de vivir, peregrináis, seguid con paso firme: la desdicha que os espera es tan gloriosa, que no la trocaréis o la inútil felicidad de los felices. Los que no peregrinan, que no lean. Al publicar este Diario, cometo una profanación que mi conciencia castigaría con sus ocultos torcedores, si lo viera profanado.Hojear un libro, es profanarlo. Los que buscan en la vida algo más que una dicha deleznable, estimulados por el libro, seguirán buscando.  Hostos,  La Peregrinación de Bayoán, prólogo a la primera edición

La peregrinación de Bayoán fue publicada cuando Hostos apenas contaba con 24 años. Fue su primera obra.  En sus páginas, Hostos expresa sus íntimos sentimientos acerca de sus preocupaciones sociales, pero sobre todo sobre el derrotero de su amado Puerto Rico, de las islas antillanas y del continente americano maltratado por las guerras y las ambiciones.  Está escrito con el alma, como bien lo expresa el autor: Temo que en ella se deslice mi personalidad, y los impersonales se han vengado en mí tan inicuamente de que no haya sido impersonal como son ellos, que vacilo. Pero la personalidad que es hija del combate y del dolor, tiene el derecho de hablar y ser oída, porque tiene la conciencia de ser desinteresada y ejemplar….El mundo me ha derrotado muchas veces, cuantas veces he intentado hacer un bien con mi pluma, con mi palabra, con mis actos, con mi vida. No me he desalentado jamás, y cada vez que mis principios han necesitado un sacrificio de amor propio, de afectos, de interés de porvenir personal, el primero en ofrecerse al sacrificio he sido yo.

Hostos expresa sus grandes preocupaciones existenciales en las páginas de este pequeño libro: la patria y  su libertad, la gloria y del amor, el ideal del matrimonio y de la familia, el ideal del progreso humano y del perfeccionamiento individual, la noción de la verdad y la justicia, la noción de la virtud personal y del bien universal, no eran para mí meros estímulos intelectuales o afectivos…

Con palabras desgarradoras se enfrenta a sus fantasmas y a los pensadores que influenciaron en su pensamiento. El desencanto porque su patria no era lo que había soñado, por el contrario tomaba un derrotero cuestionado, triste y desesperado, decide culpar a los que pensadores que le hicieron pensar en utopías: Y como mi vida no tenía conexiones estrechas con la realidad, solo perceptible para mí en los movimientos de la historia o de la sociedad que justificaban mi ideal o armonizaban con él, cada encuentro con las realidades brutales era un desencanto, una desilusión, un desengaño. Ellos, sin la crisis de carácter que llegó después, hubieran hecho de mí una de las innumerables víctimas que Goethe, Byron, Hugo, Lamartine, Fóscolo, Musset y otros vagabondos de la fantasía han hecho en este campo de batalla de la idealidad enferma y de la idealidad podrida que se llama siglo XIX. A Goethe y a Fóscolo, a Byron y a su imitador, Espronceda, únicos de esos corruptores de sensibilidad y entendimiento a quienes entonces conocía, opuso la casualidad todos los grandes moralistas; desde Manou, el chino, hasta Sócrates, el griego; desde Jesús, el nazareno, hasta Silvio Pellico, el lombardo; desde Marco Aurelio, el emperador, hasta Zimmermann, el pensador.

Hostos descarga su ira contra los hipócritas de la sociedad, principalmente los de arriba que utilizan todas las armas para dominar y controlar. Manifiesta su tristeza y desilusión de ver cómo el pueblo obedezca a aquellos corruptores de razón que a estos purificadores de conciencia.  El maestro, el filósofo pensador puertorriqueño y universal se resiste a aceptar como válido la mentira social, en especial de aquellos “falsificadores de sentimientos”, que se aprovechan de una “sociedad más ignorante que perversa”.  Y, a pesar de sentirse marginado y traicionado, tomó la firme decisión de seguir su conciencia y sus ideas: me dije que no debiendo la razón tener engaños, no debe tener tampoco desengaños, que solo se desilusiona el que se ilusiona, que sólo se desencanta el que se encanta, que la vida es esfuerzo físico, moral e intelectual, no encanto del deseo, no ilusión de los sentidos, no engaño de la razón, y convirtiendo al dolor, de obstáculo en palanca, y subordinando el problema de la felicidad al del deber, y prefiriendo el combate de la inteligencia al triunfo del corazón, me sumergí en el estudio de la historia.

Buscando explicaciones a la realidad que heredaba, decidió conocer el pasado. Estudió a Raynal, Robertson, de Pradt, Prescott, Irving, Chevalier, intelectuales que le  presentaron a la América de la conquista española y portuguesa. Y al saber las atrocidades cometidas, maldijo desde lo más profundo de su ser al conquistador. Un viaje a mi patria me la presentó dominada, y maldije al dominador. Otro viaje posterior me la presentó tiranizada, y sentí el deseo imperativo de combatir al tirano de mi patria.

El patriotismo lo llevó a la luchar por toda América. Decidió ser ciudadano del continente y luchador solidario de las causas de todos los pueblos americanos:  Pero si mi patria política era la Isla infortunada en que nací, mi patria geográfica estaba en todas las Antillas, sus hermanos ante la geología y la desgracia, y estaba también en la libertad, su redentora. España tiranizadora de Puerto Rico y Cuba, estaba también tiranizada. Si la metrópoli se libertaba de sus déspotas ¿no libertaría de su despotismo a las Antillas? Trabajar en España por la libertad ¿no era trabajar por la libertad de las Antillas? Y si la libertad no es más que la práctica de la razón y la razón es un instrumento, y nada más, de la verdad ¿no era trabajar por la libertad el emplear la razón para decir a España la verdad?

Escrito en forma de diario, Hostos narra sus más íntimas reflexiones y sentimientos a partir de su periplo y sus diálogos con diferentes actores de la vida social de su gran patria americana amada y desgarrada.  Creo que este libro tiene importancia porque marca el derrotero intelectual, personal y social del llamado peregrino de América, del errante culto que luchó haciendo uso de su única arma: la palabra.

La casualidad me ha dado la palabra. Nada: eso era Bayoán; la nada de un todo. Si los hombres nos acostumbramos a ver en el fondo de nuestros corazones, en las profundidades de nuestro espíritu, en los misterios de nuestra conciencia, el mundo exterior no nos asombraría. Todos sus fenómenos, todos sus arcanos, todas sus bellezas, todos sus prodigios, todas sus monstruosidades, las veríamos en ese rayo de luz de Dios que aspira a él eternamente. En cada espíritu, veríamos tinieblas; en algunos, el caos. Entonces, estudiando, comprenderíamos la existencia del todo en la nada; la existencia de la luz en las tinieblas, y Bayoán sería para el lector un objeto de estudio, y tal vez comprobación de que la felicidad más digna del hombre, es la desgracia…

 

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