lunes, 29 de abril de 2013

Reencuentro, 4


 

ENCUENTRO


 

 

REENCUENTRO (EL ÚLTIMO)

 

“La visita por los lares de papá”

 

 

“Últimamente comprendí el significado de la tranquilidad. Día tras día me mantuve apartado de la multitud. Limpié mi cabaña y la preparé para la visita de un monje, que llegó a visitarme desde las montañas lejanas. Vino bajando desde los picos ocultos por las nubes. Para verme en mi casa de techo de paja. Sentados en el pasto compartimos la resina del pino...Al terminar el día encendimos nuestra lámpara. Las campanas del templo anuncian el comienzo de la noche. Repentinamente advertí que la Tranquilidad es realmente la FELICIDAD, y sentí que mi vida tiene abundante ocio...” Wang Wei.

 

 

Antes de llegar a Guangzhou (Cantón), pasamos por el “New York asiático”, la ciudad de Sanghai  El poder económico mundial ha invertido en esa ciudad.  Su posición estratégica es fundamental para la zona del sudeste asiático:  Singapur, Korea, Taipei.  Las edificaciones así lo demostraban.  Shangai ha sido el centro tecnológico, cultural y financiero de China.  El capitalismo corre por las calles. El contraste con la zona céntrica es inmenso. 

 

En Shanghai visitamos el Palacio de la Seda. Fue impresionante ver el proceso en que un capullo de gusano se convierte en hilos de seda. Nos cuentan que el proceso dura 5 semanas desde el huevo hasta que finalmente es seda. Cada capullo aporta más o menos unos 1,200 metros de hilo. Para sacar el hilo de los gusanos se requiere una temperatura muy alta. Me impresionó las condiciones laborales tan terribles de las obreras chinas.  Un calor inmenso y un olor muy fuerte se desprende.  ¡Pobres mujeres! ¡Manos expertas a cambio de míseros salarios! La tienda de ropa de seda es por el contrario moderna y completa.

 

Finalizada la visita al modernismo capitalista oriental, volamos a Cantón, la tierra donde papá fue concebido y abrió sus ojos al mundo. Al llegar comprobamos que dejó de ser la aldea pobre que expulsaba a sus hijos a la aventura marina, como hizo mi padre y millones de chinos que zarparon en busca de mejor vida. Hoy es una ciudad importante que tiene más de 10 millones de habitantes. Sin llegar a competir con Shanghai, Cantón es célebre por su actividad económica y el alto número de inversionistas extranjeros.

 

La visita por las calles de Cantón tomó una característica muy especial. A pesar de la terrible humedad y alta temperatura, ninguno del grupo, y muy especialmente  de los siete hermanos se amedrentó. Intentamos abrazar en pocas horas sus calles y rincones. Percibimos como las magnolias de Cantón, su flor distintiva, está presente en todos sus parques. El contraste entre la zona moderna y tradicional es muy grande. Los callejones están repletos de personas y mercados. Se vende cualquier cosa. La alimentación es lo más impactante: culebras criadas para comer, cucarachas de agua, sapos, lombrices, gusanitos....cualquier cosa se vende, se cría y por supuesto, ¡se come! 

 

Visitamos el templo de SUN YAT SEN, el gran líder chino, padre de la República, y el principal responsable de terminar con el injusto régimen feudal e imperial. Sun Yat Sen es el orgullo del pueblo cantonés, pues era oriundo de Cantón. Este fue, sin duda, el momento más emocionante, especial, importante y único de toda nuestra visita a la gran China. 

 

El templo de Sun Yat Sen era el lugar favorito de papá. En nuestra historia familiar lo  inmortalizó en imágenes con fotos del 1947 y muchos años después durante su último viaje en 1979, una vez se eliminó la prohibición de viajar a China de parte de Gobierno de Antonio Guzmán. Recuerdo perfectamente la escalera que lleva a la estatua del liberador de China.  En mis recuerdos infantiles, Cantón era esa escalera.  Todavía guardo en mi memoria la foto de mamá joven y hermosa, con su primogénito sentado en uno de sus escalones.  Al ver este monumento el corazón me latió aceleradamente.  Vi el monumento y los recuerdos familiares se me atropellaron uno tras otro.  Después tomamos fotos bajo un sol candente.  Bajo la sombra de un gran árbol,  la emoción nos embargaba a todos y comenzamos a llorar y a abrazarnos.  Papá y mamá, estoy segura, nos observaban felices desde el cielo.  En mis pensamientos estaban Ping Jan y Ping-Sien, los dos hermanos que no pudieron acompañarnos.  Caminamos luego por las calles Cantón y en cada anciano chino veía el rostro de papá. Doy gracias a Dios y a la vida por haberme dado la oportunidad de haber vivido esta experiencia. Partimos luego a Hong Kong, el centro asiático del desarrollo del capital. ¡impresionante y costosa!

 

Al finalizar la visita de casi un mes por China me hice muchas preguntas. ¿Se puede llamar comunista a un régimen autocrático, que proclama abiertamente una economía de marcado? ¿Fracasó el socialismo? La grandeza de China es indiscutible.  Su capacidad de adecuarse a los nuevos tiempos es impresionante, pero la grandeza del imperio, de la China comunista se ha hecho sobre la base del trabajo injusto del pueblo chino. ¿Será que sólo puede conocerse la grandeza cuando hay explotación? El pueblo chino es un pueblo trabajador.  Todo desde su artesanía hasta las obras monumentales son el producto de la paciencia, la constancia y la dedicación. Todo China es un mercado.  Se vende todo a cualquier precio. ¿Se convertirá China en una potencia? ¿Cuál será la posición de Estados Unidos y Europa? ¿Y Japón, país que no sale de su crisis, qué hará ante el avance de China? ¿Podrá Taiwán sumarse a la China continental guardando su identidad?

 

El retorno fue tan largo y agotador como la ida.  La diferencia era que en la partida teníamos la ilusión de los desconocido, en el regreso la felicidad de lo descubierto. Creo que el viaje cumplió con su misión.  Los Sang Ben, ratificamos la riqueza plural de nuestras raíces, y regresamos a República Dominicana, nuestra patria chica amada, con la alegría de que formamos parte de una simbiosis cultural, donde se entremezcla el té oriental, el café caribeño, la alegría dominicana y la búsqueda de la tranquilidad, camino seguro, según las creencias chinas, hacia la felicidad.

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