lunes, 29 de abril de 2013

Diario íntimo, 3


ENCUENTROS


 


“Diario íntimo. Tres. Aguja en un pajar”


Por: Mu-Kien Adriana Sang


 

El ser humano es prisionero de las ideas y los prejuicios, es nuestra mente quien construye una jaula y nosotros creemos que esta jaula es el universo.  Hay una continua restricción del horizonte, casi caminamos como si encima de nosotros hubiera un techo bajísimo. En cambio, este techo no existe, nos lo hemos inventado nosotros por miedo a mirar arriba y descubrir que somos libres.  Poseemos la libertad de la elección y esta es la grandeza del hombre, Susana Tamaro, Respiro Quieto

 

 

Mientras permanecía en cama, primero en la clínica, y luego en el proceso de recuperación en mi hogar, fui testigo silente de los cambios sociales y políticos.  Me vi obligada a aislarme el 28 de julio, faltando apenas 17 días para el cambio de mando.  Presencié, sin alarmarme (¿para qué?), las últimas declaraciones estridentes del Presidente saliente, quien afirmó que había cumplido con el 99% de sus promesas electorales.  ¡No sé cómo pudo perder las elecciones! ¡Qué maravillosa es la demagogia! Dormitaba, leía, y observaba el panorama nacional. Entre una cosa y otra, vi a todos los funcionarios de la anterior administración decir lo bien que habían desempeñado sus funciones. Las rendiciones de cuenta y presentación de memorias se presentaba al por mayor y detalle, parecían especiales de artículos de los grandes almacenes de ropa un 4 de julio en los Estados Unidos. Observé también, en mi exilio obligatorio, cómo cambiaba la atención hacia los nuevos dueños de la situación.   Me percaté, y de hecho la prensa así lo ha destacado, que al grupo de Jaime David lo han dejado a un lado.  ¿Por qué hacer esto? ¿No debemos dar ejemplo, desde la casa misma, de que queremos unidad?  El disgusto de los peledeístas que no han encontrado lugar en la administración pública ¿podrán lograr un puesto cuando el presidente ha dicho que se reducirá la nómina pública en más de un 30%?

 

Mientras estaba recluida en el hogar, escuché con pena la muerte de Jacinto Peynado, quien desde hacía largo tiempo batallaba por su vida.  Entendí sus razones para que el funeral se realizara después del 16 de agosto.  Me sentí indignada con las declaraciones de algunos políticos, sus adversarios y enemigos ayer, que expresaban su admiración y destacaban el gran aporte que este líder había hecho a la democracia dominicana. ¡Oh Dios, cuánta hipocresía! Observé desde mi refugio personal, los actos que se hicieron en memoria del ex vicepresidente, así como la notable ausencia de los dirigentes reformistas.  ¡Qué triste! ¡Ni la muerte pudo acercar a ese grupo de seres! ¿Acaso para ellos el perdón no es una posibilidad? ¿Cómo pretenden entonces unirse? ¿Cómo pretenden darnos lecciones de cómo van a ser solucionados los problemas nacionales?

 

Escuché sentada junto a los míos el primer discurso del presidente Fernández. Puse especial atención a los gestos que hacían los anteriores responsables, sus muecas de desagrado, cuando hablaba de la crisis económica y social del país.  Puse atención a las medidas que anunció y la soluciones.  Quedé bastante satisfecha del discurso.  Esperé ansiosa los nombramientos.  Celebré algunas designaciones que me parecieron atinadas, pero me preocupé con otras tantas, que ejemplificaban con hechos, exactamente lo contrario a lo que dijo en el discurso.

 

Después escuché las medidas sobre los militares. Me pareció bien que mandara al retiro a un buen grupo, pero me quedé perpleja con el ascenso de diez más. ¿Cómo entender esa contradictoria señal?

 

Por mi pequeño mundo laboral, las cosas siguieron marchando a pesar de mi ausencia. Y mientras el mundo seguía su curso, yo permanecía recluida en mi hogar, llevando al pie de la letra las prescripciones médicas. Tratando de llenar mis días con pequeñas cosas. Evaluando, reflexionando, analizando y llegando a conclusiones.

 

A veces pensamos que somos imprescindibles para el mundo. ¡Qué falsa percepción! ¡Cuánta vanidad acumulamos!  Y me doy cuenta que no somos más que una pequeña partícula del universo.  Desde nuestra posición contribuimos al cambio del mundo, si esa ha sido nuestra opción, pero nuestros esfuerzos, por grandes que parezcan sólo serán pequeños aportes.  Nuestro nicho en la vida es importante para cada uno de nosotros de manera individual, para los que te aman, para algunas personas que eres importante, pero ahí queda todo.

 

A veces nuestra propia vanidad nos hace pensar que somos imprescindibles y que sin nuestra participación, las cosas se detienen.  ¡Qué error tan grande!  Soy de las que piensa que hay que hacer de la vida algo productivamente bueno, útil y necesario... Pero no debemos confundir las cosas, y sentirnos el centro del universo, y pensar que sin nuestra presencia todo estará perdido.  La conciencia de nuestra fragilidad, de nuestras limitaciones, de nuestros pequeños aportes a la causa que creemos, nos hará descubrir la real dimensión de nuestro papel en la tierra; más aún, con este convencimiento de que somos necesarios pero no imprescindibles, podremos entonces disfrutar más y mejor de las pequeñas cosas. Permitirnos el regalo de descubrir el encanto de lo cotidiano, será sin lugar a dudas una de las mejores hazañas diarias de vivir.

 

¿Cuántas personas sordas, cuántas personas ciegas viven a nuestro alrededor? ¿Cuántas personas representan un papel en vez de vivir? ¿Por qué lo hacen, en vista de que los primeros en vivir mal son precisamente ellos? Tal vez porque la aceptación de la plenitud de la vida pasa por la aceptación del misterio en que esta se ha originado.  El miedo nace de la ignorancia: de la ignorancia del sentido nace la ignorancia de la dirección a emprender. Querida Matilda

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