lunes, 29 de abril de 2013

Reelección en el siglo XIX, RD


ENCUENTROS            


 

Historia y reelección.

El siglo XIX: el espejo de hoy

 

Por Mu -Kien Adriana Sang

 

 

“Debemos reformar el sistema electoral y para completar nuestra obra establecer la reelección....” Carta de Ulises Heureaux a Objío el 4 de junio de 1887.

 

“La Constitución reformada y promulgada el 17 de noviembre último (1887-MAS) ha sido aceptada por los pueblos con muestras de beneplácito... Hay pues que convenir en que la reforma obedeció a una idea elevada buscando un sistema eleccionario armónico con la democracia moderna, puesto que es el adoptado por la Gran República Americana.”  Discurso de Ulises Heureaux ante la Asamblea Nacional en 1888.

 

En 1887 el Dictador Ulises Heureaux ejercía su segundo mandato.  Sus aspiraciones de seguir al mando de la cosa pública, estaban limitadas por un precepto constitucional. ¿Pero cómo podía Lilís auspiciar la reforma a la Carta Magna? ¿Qué argumentos utilizar?  ¿La solución? Promover un “reclamo popular”.  La modificación se presentó a la opinión pública como una necesidad, porque el sistema de elección lo que provocaba era inestabilidad.  Así, en pos de la seguridad, se necesitaba un gobierno y un gobernante fuerte; pero sobre todo, porque para fortalecer nuestra democracia necesitábamos imitar a las grandes naciones, especialmente la “Gran Nación Americana”, los Estados Unidos, que permitía una reelección inmediatamente después. Ojo, estoy hablando de los argumentos de Lilís, no de los políticos de hoy.  El clamor de los pueblos fue escuchado por los sensibles políticos. El período presidencia se amplió de 2 a 4 años, y el tema de la reelección quedó resuelto así:  El Presidente de la República...podrá ser reelecto para el período inmediato, pero quedará inhábil enseguida para ocupar la presidencia por nueva elección, a no ser que hubieren transcurrido cuatro años contados desde el día en que cesó en el ejercicio de sus funciones...”

 

Pero las apetencias de poder de Lilís no quedaron resueltas.  Quería seguir gobernando, pero la Constitución era de nuevo un impedimento.  En 1996 volvió a promover otra reforma a la Constitución.  Sin rubor ni temor el artículo 44 se redujo de la siguiente manera:  El Presidente de la República durará en sus funciones cuatro años, a contar del día que tome posesión de su cargo y podrá ser reelecto...”  ¿Fácil, no?

 

Pero lamentablemente el episodio lilisista no fue el único en el siglo XIX.  Antes que él se iniciara ya habían sucedido otras experiencias reeleccionistas.  El primero de la serie fue Pedro Santana, quien fue a su vez el Primer Presidente Constitucional del país.  Elegido formalmente en 1844, permaneció en esa oportunidad hasta 1848. Luego ostentó el poder en cuatro ocasiones más (1849; 1853-1856; 1858-1861; 1861-1862, período de la anexión a España), ninguna de las cuales puede decirse cumplieron con los estrictos procedimientos constitucionales. 

 

Le siguió Buenaventura Báez, quien en competencia eterna con Santana, fue su sustituto obligado.  Algunos de sus ascensos contaron con el apoyo popular, otros fueron maniobras suyas. Ostentó el cargo de Presidente en 5 oportunidades (1849-1853; 1856-1858; 1865-1866; 1868-1874; 1876-1878).

 

Un competidor fracasado en la carrera del poder fue Ignacio María González, el llamado rojo desteñido Pudo sentarse cinco veces en la silla de alfileres, pero por poco tiempo. Si sumamos los días que estuvo en el poder no alcanzan los tres años (1873-1874; vuelve en 1874 hasta febrero de 1876; en noviembre de 1876 sube por unos días; espera hasta 1878 por unos días en marzo para ser derrocado y volver por última vez en julio de ese año).

 

Veamos ahora rápidamente cómo fue maltratada, perdón, modificada la Constitución  en lo relativo a la reelección en el siglo XIX.  La primera, promulgada en 1844 , fue modificada en 16 oportunidades: 1854 (febrero), 1854 (diciembre), 1858, 1865, 1866, 1868, 1872, 1874, 1875, 1876, 1877,1878, 1879, 1880, 1881, 1887, 1896.

 

La reelección, prohibirla o permitirla,  fue la principal causa de tantas modificaciones. Hubo modalidades, veamos

 

1.      Posible con un intervalo de un período presidencial (1844, 1854 febrero y diciembre. 1858, 1865, 1866, 1868, 1874, 1875, 1876, 1878, 1881)

2.      Reelecto de forma indefinida (1872, 1896)

3.      Reelecto en el período inmediato (1877,  1879, 1887)

 

Como puede verse, la historia política dominicana ha demostrado que los intereses políticos han socavado la institucionalidad.  En la próxima entrega hablaremos de la reelección en el siglo XX. Nos veremos

 

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

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