lunes, 29 de abril de 2013

La maestra Dominga


 

ENCUENTROS


La maestra Dominga. A propósito del día del maestro.


Por Mu -Kien Adriana Sang


La importancia del sistema educativo no radica solamente en la formación de los recursos humanos de un país, sino también en la calidad de esos recursos y, sobre  todo, en su capacidad de desempeñarse como persona humana frente a los demás y frente a la naturaleza. Así las cosas, junto a  la capacitación que proporciona la instrucción, vía la escolaridad, el sistema debe ofrecer al individuo su formación como persona y como ciudadano. Como diría, Ortega y Gasset, el sistema educativo debe entregar a la sociedad ciudadanos instruidos y educados. Instruidos porque disponen de capacidad técnica y profesional, y educados porque saben “estar entre los hombres y entre las cosas”.  Rafael Toribio

 

Hace unas dos semanas presenté en este Encuentro las propuestas de la sociedad civil en materia educativa.  Este pequeño, pero profundo y completo documento fue el producto de una seria reflexión entre un significativo grupo de personas e instituciones que acudieron al llamado de Foro Ciudadano.  Esta instancia de coordinación convocó para que se elaborara la agenda de la sociedad civil de cara al proceso electoral. Se organizaron varios grupos, de acuerdo a los principales temas: salud,  cultura, comercio, política fiscal, educación, entre otros.

 

Participé en el grupo de educación, que fue coordinado por el Centro Poveda.  Allí estábamos muchas personas que jugamos diferentes roles en el sistema. Habíamos profesores universitarios, funcionarios de la Secretaría de Educación, investigadores, promotores educativos, directores de escuela... y una maestra, llamada Dominga. 

 

El proceso de discusión fue muy interesante.  Se planteó en la necesidad de seguir dando apoyo al nuevo plan decenal, en exigir el cumplimiento de la ley de educación, de manera tal que el Estado haga realidad lo que dice el marco legal en materia de financiamiento de la educación.  Otros plantearon en la necesidad de exigir al Estado una verdadera política de formación de los recursos humanos, principalmente el área docente.  Y así siguió la discusión que culminó en un excelente documento que publicamos en este espacio.

 

Me llamó mucho la atención Dominga.  Una profesora de una escuela pública, activa en el sindicalismo adepeísta, docente por convicción y necesidad...y sobre todo muy realista. Había participado con ella en una mesa de trabajo, cuando el Foro Socioeducativo, a la sazón coordinado por POVEDA, organizó varios encuentros a propósito del libro “Reinventar la escuela”.  En aquella oportunidad me llamó la atención, porque sus comentarios no solo eran pertinentes, sino también directos, sin medias tintas. La volví a encontrar en la sesión organizada por Foro Ciudadano. Mientras cada quien proponía sus fórmulas, ella observaba y anotaba. Yo la observaba en silencio.  En el momento en que nos referíamos directamente a los docentes, y especialmente, la formación de los docentes, Dominga hizo una pregunta: ¿Quién va a pagar la formación de la que ustedes hablan?  ¿Se acuerdan ustedes cuánto gana un maestro? ¿Cómo pagar estudios de grado y post grado en universidades privadas, comprar libros para completar la formación, si seguimos ganando muy poco?  Yo por ejemplo, proseguía la maestra Dominga, terminé  una maestría porque mi esposo me ayudó a pagarla.  No podía dejar de dar clases, porque no quería perder mi empleo.  Tampoco podía abandonar mis obligaciones en la casa, pues era y es mi deber atender a mi esposo y mis hijos.  Volvió a preguntar al grupo. ¿Creen que en esas condiciones se puede “especializar al sector docente”?  Me quedé observándola y me dije ¡tienes razón Dominga, pero hay que hacer algo con los maestros!

 

Tengo varias semanas planteando con cifras, con llanto, con humor, con tristeza, con encono, con todos los pocos recursos que tengo a mi alcance, que la educación, como dijo una vez Don Gustavo Tavares, debe ser una obsesión nacional.  Las promesas electorales estuvieron enarbolando el tema educativo como una de sus prioridades.  Sin embargo, la inversión en educación sigue siendo baja, tristemente baja. Las necesidades del sector son tan grandes que a veces uno se pregunta por dónde podemos comenzar.

 

La formación de maestros es uno de los grandes retos que tenemos por delante.  El caso de Dominga no es el único.  He tenido la suerte, para decirlo de alguna manera, de trabajar con profesores en servicios.  Y la verdad es que cuando veo su bajo nivel de rendimiento académico, me pregunto ¿cómo puede andar la educación con profesores tan mal preparados?  Lo peor del caso es que todos somos responsables.  El Estado por un lado que cada cuatro años establece sus propias prioridades, desconociendo a veces lo que otras administraciones han hecho.  Los propios gremios magisteriales, porque han  reducido sus luchas única y exclusivamente a la reivindicación salarial, pero más aún, hunden más el sistema con largas huelgas, en detrimento de los mismos estudiantes (saben ustedes que a veces el año escolar en el sector público no cumple ni siquiera el 50% de las horas de docencia reglamentaria?)  Pero somos responsables también las instancias que tenemos la obligación de formar a los que se dedicarán a la docencia. Los programas de formación, limitados y diseñados para dotar de un título, han demostrado, que aún con la titulación, el sistema sigue siendo mediocre. La mediocridad se expande. La irresponsabilidad también. Con profesores mal preparados, con bajos salarios y con escuelas en mal estado.  ¿A dónde podemos llegar?  Ayúdenme a encontrar una solución.

 


 

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