lunes, 4 de marzo de 2013


PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA MADRE Y MAESTRA

 

DISCURSO DE MU-KIEN ADRIANA SANG

Vicerrectora Académica del Recinto Santo Tomás de Aquino en la graduación ordinaria del 15 de marzo del 2008

Santiago, República Dominicana

 

 

Monseñor

Ramón de La Rosa y Carpio, Presidente de la Junta de Directores de esta PUCMM

Monseñor Agripino Núñez Collado, Rector de esta alta casa de Estudio

Señores y señoras miembros de la Junta de Directores de esta Universidad

Señores y señoras miembros del Consejo Académico

Señores y señoras invitados e invitadas internacionales

Graduandos y graduandas que inician en el día de hoy una nueva etapa en sus vidas

Padres y madres de los graduandos, para quienes también hoy es un día sumamente especial

Público en general

Damas y caballeros

Buenos días

 

Agradezco profundamente la distinción y oportunidad que me ha brindado nuestro Rector, Monseñor Agripino Núñez Collado de dirigirme a esta audiencia tan especial.  Como maestra que he sido durante toda mi vida, siento el orgullo de haber colaborado, desde mi propio y limitado espacio, en la formación de ustedes. Hoy más que nunca siento el orgullo de haber hecho esta opción de vida; de haber defendido con profunda convicción, que es la educación el único y más firme camino hacia el verdadero desarrollo económico, social y cultural. He compartido con algunos de ustedes en las aulas universitarias. Y me siento feliz de ser testigo activo de este momento tan especial. ¡No hay mejor recompensa para el educador, que ver a sus hijos crecer y volar con sus propias alas!

 

¿Qué puedo decirles hoy en medio de tantas ansiedades, tantas angustias y tantas alegrías juntas en un maravilloso estado de expectación? ¿Qué comunicarles cuando sus mentes están ocupadas en múltiples cosas? ¿Qué contar que pudiese despertar el interés de una audiencia que ansía a toda costa el final de la formalidad para compartir la alegría con los amigos y familiares en suculentos encuentros gastronómicos? ¿Qué decirles a esos jóvenes que ansían el momento en que pronuncien su nombre para salir presurosos a recoger el fruto de sus desvelos?  

 

Confieso que hurgué por doquier para organizar este discurso. Busqué respuestas a estas preguntas. Y en el proceso recordé una linda historia que leí hace unos meses, y me ha inspirado mucho en estos últimos días:

 

Érase una vez un escultor que trabajaba con un martillo y un cincel un gran bloque de mármol.  Un niño que estaba mirándole no veía más que trozos de mármol pequeños y grandes cayendo de derecha e izquierda.  No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando el niño volvió al estudio unas semanas después, se encontró con la sorpresa de un  imponente y enorme león sentado en el lugar en que había estado el bloque de mármol.  Con gran excitación, el niño corrió hacia el escultor y le dijo: “Por favor, dígame cómo sabía usted que había un león dentro del mármol”[1]

 

La pregunta del niño es quizás la más importante. ¿Cuál sería esta la respuesta a esta pregunta aparentemente ingenua de ese curioso niño? Cuenta la historia que el escultor le respondió con profunda paz: “Yo sabía que había un león dentro del mármol porque antes de verlo ahí, lo había visto en mi corazón.  El secreto consiste en que fue el león de mi corazón el que reconoció al león del mármol”. Pero ¿qué significa esto? Que para  esculpir nuestras propias vidas necesitamos ante todo, ver lo que deseamos hacer; significa que debemos soñar. Pero los sueños nunca serán posibles si no trabajamos, si no recurrimos a la disciplina para hacer visible lo que hemos visto en nuestros propios corazones. [2]     Supone pues que debemos  imaginar una y otra vez para saber lo que deseamos hacer en nuestras vidas. Pero necesitamos trabajar, duro, como lo hacía el escultor, a fin de hacer realidad nuestros sueños. 

 

Pero esos sueños y esperanzas deben concebirse y materializarse en el mundo real, en el aquí y el ahora. Soñar lo que queremos formando parte de una sociedad caracterizada por la banalidad, donde la apariencia es lo esencial. Una sociedad que valora más lo que poseemos, obligados a olvidar lo que somos y deseamos ser.  Se han cambiado los verbos y las prioridades. TENER es más importante que SER. Soñar es una acción individual y egoísta. Lo colectivo es visto como un pecado, como una ridícula realidad del pasado. Nuestra sociedad ha privilegiado la superficialidad, arrinconando las reflexiones profundas del SER y del VIVIR. Una sociedad que ha olvidado el proyecto colectivo, para vanagloriar las hazañas personales y unilaterales.  Recurro ahora a una reflexión muy interesante escrita por Monseñor Arnaiz en una obra publicada hace poco. Con su humor característico definió a la sociedad de hoy:

 

“El Ser Humano light se caracteriza por su apariencia de normalidad humana (no siempre) y profunda deshumanización interior. Pensamientos “lights”, razonamientos “lights”, convicciones “lights”, sentimientos “lights”, criterios “lights”, curiosidades “lights”, expectativas “lights”, relaciones “lights”, y actitudes “lights”.

 

¿Qué decirle a los jóvenes que se abren camino en sus vidas? ¿Qué busquen el triunfo individual a toda costa sin importar a quien pisotear, a quien calumniar, a quien vituperar?  ¿Qué aconsejar a los jóvenes cuando nosotros los adultos les hemos enseñado a olvidarse de las normas establecidas porque hay que llegar a toda costa? ¿Qué exigirle a los jóvenes si nosotros los adultos no somos capaces de dar el ejemplo, peor aún, que hemos sido contra ejemplos? ¿Qué exigir si somos pasivos y tolerantes de la corrupción, la grande y la pequeña? ¿Qué decirles a los jóvenes si nosotros los adultos no le hemos enseñado a respetar la ley?  ¿Qué decirle a los jóvenes si hemos construido esa realidad que ellos han heredado? Muchas preguntas más, estoy segura, han surgido en las mentes de todos ustedes; especialmente en este período pre electoral, en el cual se han multiplicado por mil las promesas que a todas luces nunca podrán ser cumplidas. En un período en el cual se evidencia con creces el uso abusivo de recursos privados y estatales en las campañas proselitistas. En definitiva estamos hablando de la necesidad de rescatar la ética y la moral, en una sociedad que la pisotea inmisericordiamente.

 

Fernando Savater en su libro “Ética como amor propio”  señala que la ética es una toma de postura voluntaria que apuesta a la inmortalidad vitalista de la humanidad, socios milenarios de una empresa comunitaria de auto perpetuación cuyo fruto más elaborado es el ser humano autónomo y responsable, capaz de reconocimiento y participación con sus iguales.

 

Esto significa que en la ética todo es y debe ser humanismo. El problema para hoy y para mañana de la ética es cómo no caer en la intrascendencia, en la banalidad. En contra de lo que suponen los moralistas de urgencia, la dificultad ética actual no es el cinismo, sino la banalidad, lo instrumental o caprichosamente intrascendente.

           

La ética trata de la intervención oportuna en el momento crítico (kairós). Trata de la elección que calibra y decide entre las propuestas del presente, no para ganar el mañana sino para dar sentido al hoy: lo que ahora se quiere.  El sujeto libre no busca en el ejercicio moral nada distinto y posterior a sí mismo, sino seguir mereciendo la confianza y el amor propio racional que se profesa. (Fernando Savater, Ética como amor propio, p. 325.)

 

Desde todos los tiempos se ha generado el eterno debate de lo correcto y lo incorrecto. Del bien y del mal.  Antes de que el pensamiento clásico griego saliera al horizonte, la filosofía china planteaba múltiples caminos para una vida honorable. El taoísmo llama a seguir el camino del bien: Al establecerte en la sociedad, si no tienes nobleza de carácter ¿cómo puedes ser libre?; si no eres respetuoso ¿cómo podrás estar en paz?  Confucio por su parte hablaba de la virtud y de la nobleza: Si amamos a nuestros semejantes y somos humildes, lograremos la perfección máxima y obtendremos la virtud...

 

En la Grecia antigua, Sócrates afirmaba que el poder debía ser utilizado para el bien común, el Timos, como él denominaba el ejercicio ético del poder.  Platón, por su lado, desde lo más profundo de sus convicciones, fue crítico de la democracia y la tiranía, y abogó por un gobierno de los que saben.  La estructura del Estado Occidental, dividido en poderes,  fue  producto de las brillantes mentes de Locke, Rousseau y Monstesqieu, que apostaron a la bondad humana y sugirieron formas de ejercer el poder desde esa perspectiva. La historia está plagada de ejemplos.  Intelectuales que se han unido a movimientos revolucionarios para impulsarlos y darles coherencia, como fue el caso de Enmanuel Sieyes, uno de los grandes pensadores de la Revolución Francesa, quien después de haber arengado a las masas hasta obtener la victoria, el nuevo poder político lo echó a un lado y lo envió al más cruel de los olvidos. O Arthur Koestler, que por ser crítico con el poder establecido bolchevique, el mismo que él ayudó a levantar, fue enviado a la cárcel y a la tortura.

El cristianismo también ha expresado enfáticamente su opción por el bien en todas sus dimensiones. El Humanismo Cristiano defiende una plena realización del ser humano en el marco de principios cristianos. Uno de sus principales exponentes, Jacques Maritain, planteaba:

La filosofía política no sólo es práctica, en el sentido que trata de las acciones humanas y de sus fines, normas y condiciones de existencia; sino que es, a pesar de los sarcasmos de los llamados hombres prácticos, eficaz y eficaz en grado sumo, porque la esperanza tiene que ver con el deber ser de las cosas, no con lo que las cosas son, y el hombre no puede vivir y actuar sin esperanza. La filosofía política es eficaz y eficaz en grado sumo, porque tiene que ver con las esperanzas terrestres de la comunidad humana. [1] Jacques Maritain

Pero es el concepto de humanismo integral el que ha servido de doctrina a la Iglesia Católica, sustentada en la Encíclica Populorum Progressio de 1967 de Paulo VI, en la cual afirmaba que el humanismo integral era el único y verdadero humanismo que debíamos  promover. Años más tardes, Juan Pablo II no solo ratificó esa declaración en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis de 1987, a propósito de los veinte años de la Populorum Progressio, sino que hizo del humanismo integral una parte esencial de sus preocupaciones y de su discurso.  Rescató el sentido ético de la acción cristiana en el plano social. Como dijo una vez Maritain:   

El hombre del humanismo cristiano – dice Maritain – sabe que la vida política aspira a un bien común superior a una mera colección de bienes individuales... que la obra común debe tender, sobre todo, a mejorar la vida humana misma, a hacer posible que todos vivan en la tierra como hombres libres y gocen de los frutos de la cultura y del espíritu... aprecia la libertad como algo que hay que ser merecedor; comprende la igualdad esencial que hay entre él y los otros hombres y la manifiesta en el respeto y en la fraternidad; y ve en la justicia la fuerza de conservación de la comunidad política y el requisito previo que llevando a los no iguales a la igualdad, "hace posible que nazca la fraternidad cívica..."

 

 

Escribo estas palabras sin saber exactamente dónde me llevarán. He defendido otras veces que la vida ofrece muchas alternativas para que la gente haga productivos sus días.  Unos nacieron con la habilidad de trabajar con las manos, otros con las palabras.  En mi caso particular elegí el camino de las palabras.  La utilizo para escribir y para conversar con mis alumnos en las aulas universitarias y trabajar con ellos en el redescubrimiento de su propia historia.  ¿A dónde llegarán estas palabras que les pronuncio en esta mañana?  A veces siento que mi agotada voz y mis reclamos claman en el desierto. A veces pienso que mis gritos implorando por una sociedad con mayor sentido de justicia y ética se pierden en el turbulento mal de los intereses egoístas.  Pero como maestra que soy y he sido siempre, apuesto a la esperanza, sigo confiando en la juventud y en el futuro, aunque a veces las lágrimas me impidan ver con claridad el horizonte de esperanzas.

 

Lo que cuestiono y cuestionaré siempre es el uso del conocimiento y del poder económico solo para el beneficio personal o de un pequeño grupo. Aquí asumo la posición de Max Weber, el gran intelectual alemán, quien afirmaba que la ética de la convicción y ética de la responsabilidad deberían guiar nuestro accionar cotidiano. La primera, la ética de la convicción, establece que el comportamiento público de un individuo, y ya no sólo el privado, debe ser consecuente a las sus convicciones morales. Por su parte, afirmaba Weber, la ética de la responsabilidad establece que el comportamiento debe ponderar las consecuencias de las acciones.

 

Libertad y responsabilidad son, necesariamente, dos caras de una misma moneda.  Asumir la ética de la responsabilidad, es ser capaz de responder libremente a los factores y condicionamientos externos.

 

Al escribir todo esto me asaltan de nuevo muchas interrogantes. Me pregunto cómo es posible que hombres de ciencia hayan podido crear la atrocidad de la guerra atómica. O que otros seres llamados también científicos hayan podido diseñar las armas químicas. Es decir, utilizamos lo mejor de la creación humana para auto destruirnos. Investigamos para matar y dominar.  Me cuestiono constantemente. ¿Cómo la humanidad ha permitido, hemos permitido, que habiendo tantos conocimientos y siendo nuestro mundo tan rico no hayamos sido capaces de resolver el problema del hambre?  ¿Cómo es posible la existencia de diferencias tan abismales entre los que tienen todo y los que no tienen nada?

 

Al hablar de todo esto pienso en Azorín, el intelectual español nacido en las postrimerías del siglo XIX (1873 –1967). José Martínez Ruiz, mejor conocido por su seudónimo Azorín, fue uno de esos hombres de pensamiento  que marcó su época. Su sagacidad y verbo explícitamente crítico lo hizo constituirse en un referente obligado, tanto de sus partidarios como de sus adversarios en su España natal.  Fue también el creador del movimiento literario conocido como la “Generación del 98” que permitió la renovación de la literatura española de su tiempo. El Político, su obra mas conocida, fue escrita en 1908 y es uno de sus grandes legados. Un pequeño libro lleno de verdades y reflexiones, escrito en un estilo “breve, preciso y claro”, como él mismo lo definió. La pequeña obra termina con un “Epílogo Futurista”, que resume la conversación entre un alumno y su maestro. El maestro le dijo a su discípulo que hablar de la historia y los grandes problemas de la humanidad es mucho más fácil que hablar del honor. “Le he explicado a usted, decía el Maestro, lo que eran las ciudades, los pobres, las fábricas, el jornal, las monedas, la cárcel y los fusiles, pero no puedo explicarle a usted lo que era el honor”.  El alumno escuchó con atención y luego dijo: “Tal vez ésta era la cosa que más locuras y disparates hacía cometer a los hombres”.  Es posible respondió el maestro.  

 

Las verdades de El político de Azorín, tienen vigencia, 100 años después de haber salido a la luz. Como antes, la fuerza, y no la razón ni el amor a la humanidad, es lo que  se ha impuesto al mundo.  El Honor continúa siendo un espejismo, quizás también una mentira, una gran mentira, en medio de esta sociedad concentrada en el cúmulo de cosas.

 

Debemos cuestionarnos profundamente y asumir críticamente nuestras acciones. Normalmente somos críticos con los demás. Buscamos culpables, en ellos, los otros…   Acusamos siempre y señalamos con el índice; librándonos de nuestras propias culpas. Pero y mi Yo, y el NOSOTROS ¿soy agente de cambio? ¿Somos agentes de cambio? ¿Asumimos una conducta ética ante la vida, en las pequeñas y en las grandes acciones? Criticamos a los políticos que usan fondos públicos, pero aceptamos y acogemos el tráfico de influencias si nos conviene. Los estudiantes no piensan que la pequeña corrupción también toca sus puertas. ¿Copiaron los trabajos de sus compañeros? ¿Falsificaron trabajos, robaron ideas de otros, utilizaron el famoso “copy page” sin el debido respeto al trabajo intelectual de otras personas? ¿Por alcanzar una posición, humillo y atropello a mi prójimo más próximo?  

 

Creo que ha llegado el momento de ASUMIR una postura distinta ante la vida.  Tenemos el reto de ser portavoces de una Buena Nueva: ser ejemplo del contravalor actual del SER, de la ETICA como norma de vida, de la crítica constructiva contra aquellos que se burlan y nos acusan por abogar por la utopía y las ideas ilusas. Finalizo estas palabras con otra hermosa historia que estoy segura, nos hará pensar. La conseguí a través de una amiga querida. Se llama “Pesca para toda una vida”.

 

Tenía once anos e iba a pescar cada vez que podía, desde el muelle de la cabaña de su familia ubicada en una isla en medio de un lago… Un día antes de que se abriera la temporada del róbalo, él y su padre fueron a pescar al caer la noche, atrapando molas y perchas con gusanos.  Luego puso una pequeña mosca plateada y practicó el lanzamiento. El anzuelo golpeaba el agua hacia pequeñas olas de colores bajo el sol del crepúsculo, luego olitas plateadas cuando la luna se elevó sobre el lago. Cuando su canda se dobló, supo que había algo enorme en el otro extremo.  El padre observaba con admiración cómo el niño se arrastraba con habilidad al pez a lo largo del muelle. Por fin, rápidamente levantó del agua al agotado pez.  Era el más grande que jamás había   visto, pero era un róbalo. El niño y su padre miraron el hermoso pez, con las agallas moviéndose a la luz de la luna.  El padre encendió un fósforo y miró su reloj. y miró su reloj. Eran las 10 de la noche, dos horas antes de que se abriera la temporada. Miró al pez y luego al niño. 

-Tendrás que devolverlo, hijo, dijo.

-¡Papá! Gritó el chico

-Habrá otros peces, dijo su padre

-No tan grandes como este, gritó el chico.

Miró el lago. No se veía ningún pescador ni botes bajo la luna. Volvió a mirar a su padre. Aunque nadie los había visto, ni nadie podía saber a qué hora había pescado el pez, el chico advirtió por la firmeza de su padre que la decisión no era negociable.  Lentamente sacó el anzuelo de la boca del enorme róbalo y lo devolvió a las negras aguas.  El pez movió su poderoso cuerpo y desapareció. El niño sospechaba que nunca volvería a ver un pez tan grande.  Eso ocurrió hace treinta y cuatro anos. En la actualidad el niño es un exitoso arquitecto… La cabaña de su padre está siempre lista en la mitad del lago. Lleva a su propio hijo y a sus hijas a pescar desde el mismo muelle. Y tenía razón. Nunca volvió a pescar un pez tan magnífico como el que atrapó esa noche de tantos anos atrás. Pero ve ese mismo pez cada vez que se enfrenta al tema de la ética. Pues, como su padre, se lo enseño, la ética es un simple asunto de bien o mal. Solo la práctica de la ética es lo difícil.

 

¡Qué enseñanza tan hermosa!  ¡Cuánto podemos aprender de las cosas sencillas!

 

Jóvenes graduandos que asumen una responsabilidad ante la sociedad que los vio crecer,  tienen la honrosa y gran tarea de transformarla.  A partir de ahora encontraran muchos róbalos, que les colocarán en el eterno dilema ético entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto. Ustedes y solo ustedes harán la gran diferencia. Nosotros adultos que seguimos transitando el sendero de la vida sin la preocupación de qué vamos a ser mañana, ayudemos a los jóvenes a hacer realidad los leones de sus corazones, acompañándolos en sus ensayos cotidianos de tomar el cincel que les hará esculpir el león en el duro mármol de la vida.  Compañeros maestros que hemos asumido la hermosa tarea de educar,  ayudemos a que nuestros jóvenes encuentren el silencio para definir sus propios sueños, para que puedan escuchar el sonido del primer campanazo, ellos se encargarán del resto.  La sociedad espera por ustedes, por nosotros. Hay que empezar a producir los cambios aquí y ahora.

 

Muchas Gracias



[1] Henri J.M. Nouwen, Dirección espiritual. Sabiduría para la larga andadura de la fe, Santander, Espana, Editorial Sal Térrea, 2007.
[2] Ibidem.

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